Tantas patrias como espectadores

Nadie es la patria Difusión

Esta pieza, dirigida por Gustavo Kreiman, se pregunta acerca de la identidad: ¿qué es ser uruguayo?, ¿qué es la patria? En 1966, Jorge Luis Borges escribió el poema «Oda», un canto patriótico que dejaba en claro la dimensión fronteriza de estos conceptos, difíciles de definir: «Nadie es la patria, pero todos lo somos», versaba. Para acercarse a esas preguntas iniciales, el equipo compuesto por los actores Iván Solarich y Micaela Larrocca, junto con el director, trabajó en improvisaciones durante un año. Así, lograron una dramaturgia colectiva que se sintetiza en siete microescenas que rondan en torno a la uruguayez.

Es interesante apreciar que Kreiman es argentino, nacido en Córdoba, pero que desde hace un par de años vive en Montevideo. Dado su acercamiento y buen recibimiento por parte del medio teatral, pronto se sintió como en casa. De todas formas, su mirada aporta a este trabajo la visión de quien nos mira con cierta distancia. El resultado se aleja de lo trascendente para transitar por un humor que contagia mientras muestra nuestros costados oscuros.

Los actores Larrocca y Solarich conforman una dupla con mucha química. Las diferencias generacionales aportan miradas que pueden ser dispares, pero que, en el escenario, demuestran una unidad cómplice. El juego se hace presente como guiño constante al público; en los intervalos de las siete escenas, los actores rompen la cuarta pared para mirar a la gente, buscando esa conexión de ida y vuelta mientras hacen cambios de vestuario. En la dificultad que plantea hacer y deshacer estas siete escenas, Larrocca deslumbra con su capacidad de transformación. Tanto ella como Solarich interpretan personajes diversos: un padre con su hija, una pareja, dos compañeros de trabajo, un par de amigos que pescan, una tía y un sobrino, etcétera. En cada una de estas duplas aparecen temáticas que tienen que ver con aquello que nos define, si es que lo uruguayo se puede definir. Afloran los discursos construidos a lo largo de la historia acerca de la idiosincrasia de nuestra sociedad, como la aparente solidaridad y tolerancia del pueblo uruguayo, la sencillez, la pereza, la depresión o la chatura.

Las preguntas sobre lo patriótico tienen que ver con aquello que nos une y nos emparenta. ¿Será la torta frita, el mate, la grisura, nuestros modismos en el lenguaje? Tal vez se trata de algo que va más allá de todo eso y que es difícil de asir. En un ritmo que se torna versátil, las escenas buscan cuestionar verdades impuestas, apelando siempre a la risa como distanciamiento, pero trayendo a cuenta varios de nuestros fantasmas. En definitiva, aquellas preguntas quedan rondando en cada espectador, y la patria y la identidad serán una para cada uno. Habrá tantas patrias como espectadores. Hecha la invitación, no queda más que acercarse al teatro Victoria sábados y domingos para disfrutar del trabajo de este equipo y reencontrarse con esta hermosa sala que ha vuelto al ruedo.  

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