Todo bien

“La caja fantástica”, de Francisco Astorga.

El nombre me suena parecido a “la linterna mágica” con que Ingmar Bergman definió al cine. Supongo que aquí se podría referir a una caja de música, o a un equipo de audio con forma de prisma, o a la caja de un CD. Sin embargo, en este caso, la caja fantástica no tiene “caja”, sino un sobre de cartón muy bonito (diseñado, como todo lo visual, por el artista plástico Rodolfo Torres), de esos que se abren como tríptico y contienen un disco y el clásico librillo. Una sola crítica, que les suelo hacer a todos los diseñadores: las letras de las canciones (como todos los textos informativos que hay) están en un tipo que, en ese tamaño, dificulta un poco la lectura. Además, no están en el orden en que aparecen en el disco.

Francisco Astorga es un músico de Canelones, con cierta trayectoria, que en este caso presenta una serie de canciones propias, en las que toca su guitarra española acompañado por un montón de músicos renombrados: Jorge Trasante (que, además, se encargó de la producción artística y los arreglos en general), Nicolás Ibarburu, Gustavo Montemurro, Federico Navarro y Checo Anselmi.

Según escuché por ahí, las canciones pertenecen a un período de más de veinte años (suele pasar con los primeros discos, libros de poemas o de cuentos, etcétera). Esto podría crear un disco falto de unidad; sin embargo, no es así. Por el contrario, no se nota en absoluto que pasó tanto tiempo entre la primera y la última composición.

Trato de oír la música de dos maneras: como está y como estaría si hubiera sido grabada por músicos menos enjundiosos. Porque no tiene gracia descubrir a esta altura lo que tocan Trasante, Ibarburu y todos los nombrados. Cualquier disco en que se junte esta barra va a estar bien en lo técnico: el asunto, para conocer un poco al autor, es extraer qué queda una vez que logramos eliminar ese factor. Y el resultado es sumamente agradable. Astorga posee una voz no estridente, melódica, sin empalagos ni engoles. Las composiciones y la forma de cantar podrían evocar alguna cosa de Jorge Galemire, por ejemplo; pero esto no lo digo con ánimo de comparación, sino exclusivamente para completar la descripción. Hay algunas candombeces (suaves y moderadas) y otros ritmos menos definidos pero con el mismo aire.

Los textos son funcionales a la música, en el sentido de que van por el mismo lado: no encontré ninguna letra que me hiciera pensar ¡pah, qué letrún!, pero tampoco nada que esté fuera de lugar o forzado. Eso sí, me cuesta decir de qué habla una canción una vez que terminó, porque son sucesiones de imágenes o porque no tienen una temática clara que salte a la vista (o, más bien, al oído), al menos en una primera escucha. No es un tema de calidad, sino de estilo.

Tengo una sola crítica para hacer: está todo demasiado justo, perfecto y en su lugar. Eso no parece ser algo criticable; sin embargo, a veces, la búsqueda de la comunicación exige transitar caminos menos pavimentados.

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