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Con Andrea Treszczan, Analía Kalinec y Verónica Estay

Todos dañados

Con dos hermanas mellizas que se contactaron hace algunas semanas con los desobedientes argentinos, va creciendo, de a poquito, el número de hijos y familiares de represores uruguayos que toman distancia de sus padres implicados en delitos de lesa humanidad y están dispuestos a, algún día, hacerlo público.

Integrantes de Historias Desobedientes en la marcha Ni Una Menos, el 3 de junio de 2017, en Buenos Aires Afp, Emiliano Lasalvia

Ya no es solo uno. Son tres. Por ahora no se conocen sus nombres ni sus historias, «pero así comienza esto: cuando se produce un quiebre colectivo o individual, sobre todo individual», dice a Brecha desde Buenos Aires Analía Kalinec, quien en 2017 fundó el colectivo Historias Desobedientes, que hoy agrupa a decenas de familiares rupturistas de genocidas.1 Fue con Kalinec que se contactaron desde Montevideo las dos hermanas hijas de militares uruguayos. «Dar ese primer paso de querer vincularse con otros en la misma situación es lo fundamental», dice la argentina. Y piensa –lo supone desde lejos– que el hecho de que este tema haya trascendido a la esfera de lo cultural es un signo de que en Uruguay se está iniciando un proceso que, aunque no desemboque en un estallido a la argentina, sí pu...

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