El presidente Daniel Noboa vende esto en lo interno del país no como una subordinación, sino como una coincidencia casi milagrosa de diagnósticos, prioridades y soluciones. Una sincronía política tan perfecta que debería hacer pensar que la geopolítica, en realidad, funciona mejor cuando alguien se encarga de escribir el guion y los demás de interpretarlo. En todo caso, y más allá de lo irónico, la fórmula es elegante: Washington define el problema –narcoterrorismo, crimen transnacional, seguridad hemisférica y narcopolítica progresista– y Quito aporta el territorio, los puertos, las cárceles, su aparato de seguridad del Estado y, ¿cómo no?, el relato político interno que explique por qué la solución pasa por una cooperación cada vez más estrecha con el mismo actor que diseña el diagnóstic...
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