Un maestro - Semanario Brecha

Un maestro

Fans de la Música, 6857-2, 2017. (Con apoyo del FONAM.)

Memorias Nuevas de Dino.

En un país que tuviera una relación sana con su propia cultura, un disco de Dino debería ser asunto de todos los medios de comunicación, grandes o chicos, y de comentarios en redes sociales y conversaciones. Dino es un personaje enorme en la historia de la música uruguaya: uno de los mayores cantantes que ha dado el país, inventor de la milonga-beat, figura central del rock predictadura, referencia para el Canto Popular, tremendo melodista, un letrista que abrió caminos en el abordaje de lo político, lo social y lo erótico, un artista que se jugó la camiseta y que siempre tuvo una actitud tremendamente solidaria y generosa.

Luego, claro, nadie espera que el trabajo de un músico de 72 años vaya a disputar el éxito con los grupos más masivos del momento, ni que proponga una estética novedosa. Pero tenemos, en cambio, la refrescante respiración nueva de un espíritu portador de una verdad intensa, de un estilo entrañable, de una manera de encarar, que son imposibles de reproducir por alguien que no lleve el recuerdo personal de su intransferible acumulación de vivencias. El título no podría ser más adecuado: Memorias nuevas.1

El disco es breve: diez canciones en poco más de 30 minutos. Dino presenta seis composiciones nuevas: dos solo, dos que tienen letras, respectivamente, de Pablo Dobrinin e Ignacio Suárez, y dos coautorías con Walter Bordoni –no se especifica si colaboró en letra o música o ambas, pero sea como sea, se mimetizó totalmente con el colega mayor, porque las canciones son totalmente dinianas, incluida una imaginería de otros tiempos (como “pobre reloj, ya sin cuerda” o “ya están pasando las lentas”).

El repertorio se complementa con canciones ajenas oriundas del ámbito folclorístico: hay un par de temas de repercusión localizada en el folclorismo uruguayo más o menos reciente (del “Heber” Rodríguez y del dúo sanducero Tantomán) que ganan un espesor especial en la voz del maestro. Pero aun versionando clásicos rioplatenses archiconocidos, como “A José Artigas”, de Zitarrosa, y “Las golondrinas”, de Dávalos y Falú, y aun sin hacer nada especialmente raro, la voz y la interpretación de Dino aportan algo muy personal. Es que nadie canta como él: esos graves profundos, esos agudos ásperos, esos derretimientos en la altura de algunas notas, esa afinación indefinida casi hablada en algunos momentos, la tensión, la melancolía, la dignidad altiva y combativa, la calidez.

La formación instrumental es beat clásico: dos guitarras, bajo y batería (o percusión). Pero el sonido (a cargo del capo Daniel Blanco) mantiene el bajo poco definido y la percusión bastante atrás. El énfasis está en las guitarras, lo que contribuye al aire milonguero, aunque son pocas las milongas explícitas. Predomina esa especie de casi milonga sacudida, milonga potencial desviada hacia el folk o el country, como “La palabra como el agua” y “Memorias nuevas”. Son ritmos simples, armonías simples, melodías simples, versos simples, formas simples, un todo casi naif, que sin embargo exhibe una sabiduría compositiva y una sensibilidad fuera de lo común. Y hay una canción bastante extraña: “Pan”, que describe en un valsecito un ambiente tranquilo, amigable y casero, de pronto interrumpido por “la noche”, que viene como el momento de rock más pesado del disco y a los pocos segundos pone fin a la pieza sin resolución armónica, dejando al oyente colgado. Entiendo el tema como una referencia a la muerte de ese ser querido que fue Pablo Estramín, pero quizá se refiera a otra cosa. Esa “noche” sorpresiva y fuerte, como que prepara y alimenta la canción siguiente, el corazón del disco, que es “15/04/16”, crónica del tornado que devastó Dolores (incluso la casa del propio Dino). Es una balada narrativa en cuatro episodios, los dos primeros sobre la destrucción, los otros dos sobre la bienvenida solidaridad y la reconstrucción. La mirada siempre está en los más desvalidos (el refrán es “Dolores/ cómo sufrieron los pobres…”), y el final, sin dejar de ser la crónica de una situación puntual, no carece de resonancias más amplias: “Cuando un pueblo se organiza/ deja paso a la esperanza”.

Dino es un grande. El disco es una belleza, es intenso, remueve sombras, pero también ilumina y abraza. No se lo pierdan.

Artículos relacionados

Cultura Suscriptores
Nick Cave en negro sobre blanco

Frágil y precioso y elevado

Cultura Suscriptores
Pavement, por primera vez en Uruguay

En las ligas mayores