La semana pasada, dos noticias relacionadas con explotación y abuso sexual de menores de edad pusieron al Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU) otra vez en el centro de la atención pública. Una mirada más allá de los titulares permite ver que los casos no son una excepción. A la vez, aunque no es posible establecer a priori una relación directa entre ellos, cuando se los analizan por separado se encuentran patrones comunes. Algo similar había ocurrido con la Operación Océano, en la que se constató que un grupo de hombres se puso de acuerdo para abusar y explotar sexualmente a niñas y adolescentes (véase «Se dice abusador», Brecha, 2-V-25). Pero a diferencia de aquella, en estos casos –que actualmente se investigan por separado– todas las víctimas son menores de edad que se en...
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