Un mundo difícil

Tres obras en cartel: “Las amargas lágrimas de Petra von Kant”, “Ho capito che ti amo” y “El abrazo de mi madre".

Las amargas lágrimas de Petra von Kant

El amor y el desamor, los encuentros y los desencuentros, la relación con quienes nos rodean y la influencia de los demás se entrecruzan en tres espectáculos muy diferentes pero que, de alguna manera, otorgan pautas a la platea para mejor reconocerse.

Las amargas lágrimas de Petra von Kant (El Galpón, sala Atahualpa), del alemán Rainer Werner Fassbinder con dirección de Graciela Escuder, entrega una descarnada visión de la mujer en un presente tan pleno de oportunidades y reconocimientos como de complicaciones familiares, laborales y sociales, que el fallecido autor y realizador describe mediante agudísimas pinceladas a través de personajes que define y mezcla con la celeridad del tiempo que corre. La Petra del título es una destacada profesional en el ámbito de la moda, tiene una hija y una madre con las cuales se comunica con dificultad en momentos en los que su vida sentimental se halla al borde de un desconcierto que al espectador le corresponde calificar, teniendo en cuenta no sólo los desesperados manoteos de la protagonista por encontrar su cauce sino también el empuje de un espíritu autodestructivo que, de a ratos, la conduce a echar por la borda buena parte de lo que ha conquistado. La versión de Nicolás Costa de un texto que aquí se conociera a través de la pantalla le abre camino a Escuder para inmiscuirse en un controvertido universo femenino donde la igualdad ha cedido ante la desconsideración, la impaciencia y, en verdad, el egoísmo que desfiguran los pasos de Petra y otras cinco mujeres que, pese a todo, buscan seguir adelante. Una estupenda Alicia Alfonso refleja las contradicciones de esta Petra con impecable manejo de los cambios de talante que Escuder le marca con el endiablado ritmo de un entorno implacable, en el que asimismo se perfilan con rasgos apreciables la figura de la amante joven que interpreta Victoria González Uriarte, la hija adolescente confiada a Eliana Recchia, la amiga o casi que encarna Serrana Ibarra Alemañy, la asistente que Maruja Fernández compone con la debida distancia y la sobreviviente madre a quien Julia Möller otorga inteligente toque de elegante resistencia en una cuidada puesta que incluye el aporte de la escenografía y el vestuario de Ana Arrospide, las luces de Leonardo Hualde y la música de Fernando Ulivi.

Ho capito che ti amo (Verdi), dirigida por Renzo Sicco, itálico espectáculo incluido en el reciente Fidae, dispone de Edoardo Cerea en voz y armónica, Davide Cignatta en guitarra y mandolina, Salvatore Chillemi en acordeón y Gisella Bein en actuación, de modo de brindar un homenaje al recordado –y malogrado– Luigi Tenco. Esto se da a través de un desfile de sus canciones –“Mi sono innamorato di te”, “Tu non hai capito niente”, “Angela” y “Ciao, amore, ciao”, así como la del título– y algunos sentidos textos de tono inconformista, uno de los cuales gira en torno al relato de un italiano que emigra a América en uno de los prolongados viajes marítimos de más de un siglo atrás. La equilibrada integración de música, vivencias y reflexiones propuestas da lugar a una emotiva, romántica y contagiosa puesta que, por medio del bien entrenado cuarteto, revive el sensible espíritu del desaparecido artista.

El abrazo de mi madre (La Gringa), escrita y dirigida por Adrián Ureta, propone la figura de una hija que recuerda a la progenitora a través de pasajes de su vida que, quizás, precedan a un ansiado reencuentro. La historia incluye también a otros personajes que se integran al asunto y proveen algunos cambios de tono y un par de interrogantes que la platea se encargará de dilucidar a lo largo de un texto sensible que el propio autor conduce con los correspondientes toques de emoción. Lorena Ocampo, Carol Sosa, Gastón Rostagnol, Ana Guillén y Aracely Ojeda integran el elenco con el compromiso del caso en un espectáculo que quizás reclamaría un par de salidas de escena para algún personaje clave y cierto énfasis para un final demasiado asordinado.

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