Un periodista de base - Semanario Brecha
Carlos Amorín (1954-2026)

Un periodista de base

El lunes 6 de julio falleció Carlos Amorín, periodista que logró, tempranamente, ensayar un periodismo comprometido, de investigación y de denuncia ante los abusos del poder económico sobre el ambiente y sus poblaciones. Su estilo –como el de su generación, jóvenes periodistas que se integraron a este semanario al volver del exilio– dio forma a algo que ya significa una tradición para los periodistas de Brecha que vinieron después. El mejor homenaje, ahora, es reconocer el estilo Amorín y continuar su trabajo.

Carlos Amorín. Gentileza, Rel Uita.

Carlos Amorín estuvo entre quienes se pusieron al hombro el primer recambio generacional en Brecha. Tal vez el más difícil, porque suponía en muchos sentidos hacer frente a la camada inicial de popes del semanario. Se había incorporado tempranamente a la redacción, en 1986, proveniente de una de las tres vertientes que unos meses antes iniciaron el proyecto: la del exilio (Carlos venía de Francia y había vivido también en Chile, Argentina y Suecia). Por años fue un periodista «de base», como le gustaba definirse, hasta que en el marco del recambio fue asumiendo responsabilidades: como jefe de redacción durante cinco años, impuesto por los jóvenes de entonces cuando la dirección no era electa, o como integrante de una «mesa chica», de síntesis entre distintas posturas.

La presencia del Gordo se imponía, no solo por evidentes razones físicas, en los corredores de la poblada redacción de mediados y fines de los noventa y en las a menudo tumultuosas asambleas. Era un tipo jugado y lo menos que se puede decir de él es que sabía contagiar: el entusiasmo cuando estaba enchufado, el desánimo cuando ya no creía en algo. Quizás lo que más le hubiera gustado que se le reconociese es que había un estilo Amorín de hacer notas y de encararlas. Puede que no seamos muchos los que recordemos con cariño unas raras y largas investigaciones que construyó a partir de personajes de ficción. No fueron las más marcantes de su alrededor de 15 años brechianos, repartidos en dos períodos. Sí marcaron, y cómo, sus investigaciones ambientales, un tema en el que hizo punta no solo en Brecha: también en Tierra Amiga, la revista ecologista que en los noventa editó la Comunidad del Sur, y desde las publicaciones de la regional latinoamericana de la Unión Internacional de Trabajadores de la Alimentación (Rel UITA). Carlos fue nexo entre esas dos instituciones y Brecha para una colaboración que se plasmó, por ejemplo, en plena crisis de 2001-2002, en una guía para el cultivo de huertas ecológicas.

De la misma época data su investigación sobre la contaminación por plomo en Montevideo, que el antropólogo Daniel Renfrew consideró «el primer problema ambiental que llegó a alcanzar la conciencia popular masiva en Uruguay» (en el sitio web de nuestro semanario ponemos a disposición una selección de artículos de aquella investigación). Carlos Pilo, a quien recordó ante su fallecimiento en 2024 en su última nota publicada en Brecha, le había dicho en julio de 2001: «Nadie tenía experiencia de lucha ambiental en este barrio. Nos costó organizarnos, pero después crecimos desmesuradamente […] a pesar de todo lo que se ha hecho, tengo la clara sensación de que demasiada gente quiere “cerrar el caso La Teja”. Si no hacemos algo, es probable que lo logren, y muy pronto». Ese mismo 2001, Ediciones de Brecha y Nordan editaron su libro Plomo para toda la vida, que reunió los principales artículos publicados ese año en el semanario. Antes había publicado otros dos libros: Sara buscando a Simón (1996) y Las semillas de la muerte (1999).

Carlos Amorín comenzó a trabajar como periodista a los 16 años. En Argentina escribió para El Descamisado, órgano de prensa de Montoneros editado entre 1973 y 1974, y en el exilio estudió en la Licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la Universidad París VIII. Antes de incorporarse a Brecha trabajó en Las Bases y más tarde en Tierra Amiga y Rel UITA. De UITA se despidió este último abril, luego de 35 años de colaboración (véase el homenaje de esta organización en rel-uita.org). Como él escribió ante la muerte de Carlos Pilo, «la dinámica del cierre [de un semanario] exige premura, así que aquí van estas pocas líneas escritas contrarreloj, nacidas de la emoción de un abrazo imposible».

Su obra mayor y un encuentro con Augusto Roa Bastos

Un prólogo inolvidable

La edición española del libro Las semillas de la muerte ingresaba a su fase final en Madrid y Jorge Riechmann, de la Fundación 1.º de Mayo, sugirió que Augusto Roa Bastos la prologara. Así se dio el encuentro con el maestro en 1999 en el marco de la campaña internacional de la Rel UITA en apoyo a los campesinos damnificados por la transnacional algodonera Delta & Pine, víctimas de la deyección de 660 toneladas de semillas de algodón vencidas con 4 mil quilos de agrotóxicos y una bacteria modificada en laboratorio a solo 100 metros de una escuela pública en la localidad de Rincon-í, Paraguay.

Recuerdo aquella tarde de calor absurdo aguardando al escritor en la sala de su departamento en el asunceño barrio de Mburucuyá. Roa Bastos descendió las escaleras suavemente, como un ser mitológico. Nos presentamos, mientras él se acomodaba en su sillón con cierta timidez, como pidiendo permiso en su propio hogar.

Ese hombre cálido y sencillo −que pasó dos tercios de su vida exiliado− aguardó tolerante con amable actitud nuestro petitorio ante la manifiesta incapacidad de nuestra parte para administrar la emoción que nos hacía hablar compulsivamente de cualquier cosa.

¿Qué es lo que ustedes quieren? –preguntó benevolente, advirtiendo la zozobra de los invitados.

Que prologue la edición en España de mi libro Las semillas de la muerte –llegó a murmurar Carlos, pálido, con la voz entrecortada.

En la prensa paraguaya nuestra campaña de denuncia había adquirido dimensiones insospechadas. Roa Bastos estaba enterado de la agresión y las tropelías cometidas por Delta & Pine (adquirida luego por Monsanto). Dos semanas después de aquel imborrable encuentro, Carlitos entró en la oficina en estado de algarabía. Como un niño remontando una cometa, ondeaba dos hojas en lo más alto, dando brincos. El prólogo solicitado había llegado.

Mirá cómo termina –sentenció eufórico, y dio paso a su lectura.

«En un país, como el Paraguay, de carácter rural y estructura agraria, que depende en gran medida de su producción agrícola, esta guerra sucia de los agrotóxicos, bajo el engañoso rótulo de factores defensivos, no hace más que arruinar y destruir la agricultura, principal fuente de producción y de riqueza del país, en detrimento de la salud de los cultivadores y de la población que contornea estos predios fatales donde las semillas vencidas, tratadas con agrotóxicos y reforzadas con organismos vivos producidos en laboratorio, convierten el oro blanco del algodón en las semillas de la muerte, según las rebautiza certeramente el mismo título del libro de Carlos Amorín, restituyéndole la fama letal de esclavitud, explotación y muerte que lo acompaña desde hace siglos y no hace más que agravarse bajo el talón de hierro de la producción capitalista y las sórdidas leyes de mercado que responden exclusivamente a los intereses del lucro de las poderosas empresas multinacionales…»

En los 35 años de trabajo y amistad que me unieron a Carlos Amorín, muy pocas veces lo vi tan emocionado, radiante y orgulloso de su labor periodística. Inequívocamente, Las semillas de la muerte fue su obra mayor. En ella desentrañó las peripecias, las angustias y la lucha de 100 familias campesinas, que primero padecieron el inapelable desprecio de una compañía transnacional y luego la herencia maldita de las autoridades serviles al poder.

Carlitos, ahora que te mudaste a otro barrio, me quedaré por siempre con aquel momento, cuando demostraste con desenfrenada energía tu convencimiento de que otro mundo era posible, sintiéndote parte de esa construcción.

Mucha luz en tu viaje.

Gerardo Iglesias

Artículos relacionados

Jorge Coco Barreiro Cavestany (1955-2024)

Adiós, amigo

Rosalba Oxandabarat (1944-2023)

Ros y el río

Rosalba Oxandabarat (1944-2023)

Escribirte en secreto