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Con Ida Vitale

Una mujer sin reloj

¿Cuánto tiempo pasamos en casa de Ida? Tal vez fueron cuatro o cinco horas de conversación, en las que se abrió para nosotros parte del espacio íntimo de la poeta. Se puso el sol sin que lo advirtiéramos y entramos en la noche acompañados por un mundo sin prisa, del que no daban ganas de salir. La anfitriona prolongaba el encuentro como quien sabe de sobra que los instantes se desvanecen y sólo retornan en las evocaciones de superficies agujereadas. Hubiéramos seguido allí con la conversadora incansable, esta mujer que parecía haberse adueñado del tiempo.1

Montevideo, 2017. Manuela Aldabe

 Ida que vida a vida, muerte a muerte

Das fuego a sombra, en la ceniza llama,

Asombras si iluminas, verde rama,

Volviéndose la brisa al esconderte.

Ida, no huída, Mozart te converte,

Te quiere musical pues te proclama

Al par de geometría panorama

La infantil armonía de lo inerte.

En voz, en canto, en paso minuetoso

A veces, risa, a veces, pensamiento,

Mejor que el teorema cadencioso

Irás, por irte huyendo, breve viento,

Cortante acero, llano presuroso,

O número de puro sentimiento.

José Bergamín, 19472

Margarita Muñiz —¿Qué preguntar después de tantas entrevistas? Si bien ya ha hablado muchas veces de los primeros años, de la importancia de su familia, de esa transmisión, tal vez nos gustaría empezar por ahí. En este presente, en este instante ...

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