Vacacionando en casa - Semanario Brecha

Vacacionando en casa

El #QuedateEnCasa afectó al turismo en una semana clave.

Vallado en la playa Ramírez de Montevideo. La IM comenzó a cerrar espacios costeros dentro de las medidas adoptadas para la Semana de Turismo / Foto: Héctor Piastri

El brote de covid-19 tuvo un impacto directo en el turismo. El sector, que tuvo un crecimiento exponencial en la última década, enfrenta una coyuntura compleja, cuyos efectos aún no pueden cuantificarse. Sobre todo, porque aún se desconoce cuándo y cómo se producirá la reactivación.

En los albores de la Semana de Turismo se produjo un hecho sin precedentes: el Ministerio de Turismo debió salir públicamente a desestimular que la gente se fuera de vacaciones. “Es algo inédito, nunca visto”, afirmó el subsecretario de Turismo, Remo Monzeglio, a Brecha. El brote de covid-19 provocó un parate total en la actividad turística en el mundo, y Uruguay no fue la excepción. “El turismo fue la actividad que [la pandemia] golpeó primero”, resumió Monzeglio.

El golpe se sintió desde el viernes 13 de marzo –día en que se registraron los primeros cuatro casos positivos en Uruguay–, cuando el Poder Ejecutivo declaró la emergencia sanitaria y adoptó medidas para atenuar la movilidad de las personas y evitar la propagación del virus. Eso incluyó el cierre preventivo de los centros turísticos termales públicos y privados, la suspensión de espectáculos públicos, el cierre de fronteras, la prohibición del desembarco de pasajeros y tripulantes de cruceros, y la suspensión de los vuelos privados y comerciales provenientes de Europa. También se exhortó a los uruguayos a no viajar al exterior.

Con el paso de los días la exhortación se transformó en una prohibición de viajes con fines turísticos. Y previendo que la Semana de Turismo podía provocar una estampida, se dispuso el cierre temporal de campings y centros de vacaciones propiedad del Estado, y un férreo control en rutas nacionales y en las playas de los departamentos costeros para desestimular el turismo interno.

Como parecía que no era suficiente, el gobierno –a través del Ministerio de Defensa– coordinó con los gobiernos de Montevideo, Canelones, Maldonado y Rocha el cierre de los accesos a playas y otros espacios públicos; esto incluyó anuncios de autoridades departamentales de posibles denuncias penales por desacato contra quienes se atrevieran a pasear por la arena, pero sin aclarar –una vez más– qué norma estaría incumpliendo esa persona. En este marco, se produjo la mediática intervención contra los surfistas en las playas del este.

Todo esto afectó un sector importante en la economía del país. La exministra de Turismo Lilián Kechichián afirmó que en los últimos años el turismo tuvo un rol clave en el desarrollo económico y social de Uruguay, y coincidió en que esta pandemia mundial tendrá un efecto negativo. “El turismo vive de la movilidad de las personas, del Estado de bienestar y de la búsqueda del ocio y la recreación. La crisis en el turismo es enorme”, apuntó.

En 2019, el turismo generó ingresos al país por 1.753 millones de dólares. Y se trató, según los especialistas, de una temporada compleja, que estuvo distante de las cifras récord registradas en 2017 (2.300 millones) y en 2018 (2.154 millones),1 que cuadriplicaron los ingresos producidos en 2005. Este año la caída será abrupta. Según Juan Martínez, presidente de la Cámara de Turismo, esa caída puede alcanzar los 1.200 millones de dólares. El impacto real, sin embargo, es casi imposible de cuantificar, ya que aún no se sabe cuánto tiempo se extenderán las medidas de aislamiento físico.

Pero los efectos negativos de la pandemia ya son plausibles. Francisco Rodríguez, presidente de la Asociación de Hoteles y Restaurantes del Uruguay (Ahru), afirmó que muchos hoteles están cerrados y otros se mantienen abiertos con guardias mínimas. Esto puede verse en Colonia, un destino dependiente del turista argentino, pero también en la costa atlántica y en la zona termal.

El cierre alcanzó, por ejemplo, al Enjoy Conrad (de Punta del Este) y al emblemático Argentino Hotel (de Piriápolis), que ofrecieron sus instalaciones para operar como hospitales y atender a pacientes infectados con covid-19, en caso de que así se requiriera. Esto implicó el envío de miles de trabajadores al seguro de paro en todo el país. El Enjoy envió a 800; el Sofitel Carrasco, a unos 150. Sin embargo, Rodríguez dijo que el sector ya percibía una situación complicada, con envíos al seguro de paro en febrero, algo que no suele ser habitual.

EL RESURGIR. La situación económica en Argentina y el impuesto del 30 por ciento a las compras con tarjeta en el extranjero decretado por el gobierno de Alberto Fernández, sumado a un 2019 que había cerrado con un descenso de los ingresos por turismo, hacían prever que la temporada 2020 sería difícil. Pero la realidad superó los augurios catastróficos. El año arrancó mejor de lo que se esperaba.

La expectativa se centraba ahora en tener una buena Semana de Turismo, marcada por una fuerte impronta de turismo interno, que se transformó en un sostén de esta industria sin chimeneas. Kechichián y Monzeglio coincidieron en que en enero y febrero las expectativas para estos días eran buenas, reforzadas por el buen arranque de temporada. “Hasta el 12 de marzo la expectativa era de crecimiento”, apuntó Monzeglio. Pero el virus destruyó todos los augurios.

“El impacto fue violento, el parate es casi total”, afirmó Martínez. Un parate que afecta a toda la cadena: hoteles, restaurantes, agencias de viajes y de transporte, salones de fiestas, a los que se suman sectores que indirectamente viven del turismo, como imprentas o empresas de catering. Esto abre interrogantes sobre lo que puede pasar en el futuro.

“El 85 o 90 por ciento del sector son empresas pequeñas o familiares que no pueden sostenerse por cinco o seis meses sin actividad”, afirmó el presidente de la Cámara. En este marco, los operadores privados reclaman medidas para evitar el colapso y que el sector pueda reactivarse cuando la crisis termine. Esto incluye reducir los costos: subvención y postergación en los pagos de tarifas públicas –en particular los cargos fijos comerciales de Ute y de Ose– y de aportes patronales.

De momento, la principal incógnita pasa por saber cuándo se producirá la reactivación y qué tan profundos serán los efectos de la crisis. “Tenemos la obligación de ser optimistas y [pensar] que los uruguayos tendremos conciencia para ganarle [al covid-19] en tiempo récord”, dijo Monzeglio. Con ese horizonte, un reinicio en mayo o junio haría que la actividad termal pudiera atenuar los efectos negativos de este parate.

Sin embargo, Martínez tiene otra visión. A su entender, el turismo fue la primera actividad en caer y su recuperación será gradual. Es probable, por tanto, que la actividad permanezca en caída durante las vacaciones de julio y de setiembre, estimó Martínez. El presidente de la Ahru aporta otro elemento: estudios internacionales señalan que la actividad turística en España –país que recibe unos 60 millones de turistas al año– podría recuperarse en un período de entre seis meses y un año una vez que se superen los efectos de la pandemia. En un plazo optimista, en Uruguay eso recién sucedería a fines de 2020.

En lo que sí existen coincidencias es en que la recuperación de esta actividad estará asociada a otro factor clave de esta coyuntura: el efecto económico que tendrá la pandemia en la población. Para pensar en hacer turismo, lo primero es que la gente pueda cumplir con sus necesidades básicas, dijo Martínez. Según Kechichián, el turismo suele jugar un papel relevante en las salidas de la crisis económica. Pero en este contexto, es difícil prever cuál será el efecto económico del brote de covid-19 a nivel global y, sobre todo, en la economía de las personas. “Mucha gente quedará pensando en cómo sobrevivir”, dijo Kechichián a Brecha.

Por eso, según la exministra, el gobierno debe adoptar medidas que atenúen los efectos de la crisis en los estratos más vulnerables. “En esta crisis estamos todos en el mismo mar, pero no estamos todos en el mismo barco. Algunos estamos en un barco más grande, más cómodo, otros no tienen salvavidas”, apuntó. En este sentido, Kechichián valoró las propuestas presentadas por el Frente Amplio al gobierno para atender esta emergencia: “Todo lo que se haga para atender la emergencia social ahora tendrá efectos positivos en el futuro”. También en el turismo.

1.   Informes Turismo Receptivo 2017, 2018 y 2019, del Ministerio de Turismo.

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La crisis como oportunidad

En el ámbito internacional existe la idea de que esta crisis sanitaria tendrá efectos en las dinámicas de consumo, asociados a factores como la desconfianza y la incertidumbre. Y si bien esto conlleva desafíos, también supone una oportunidad. En una reunión entre ministros y secretarios de Turismo de 14 países de la región existió consenso en que, tras la pandemia de covid-19, América Latina podría verse beneficiada como destino turístico. Según el subsecretario de Turismo, Remo Monzeglio, esto refiere a que en un futuro el turista será más renuente a visitar destinos que supongan grandes aglomeraciones de gente, como Roma o Venecia. Y se abre una puerta para fomentar el ecoturismo, el agroturismo o el turismo rural. “América Latina tiene recursos intocados, que garantizan un vínculo directo con la naturaleza, que se deben aprovechar”, afirmó Monzeglio.

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