Variada inspiración - Semanario Brecha

Variada inspiración

TRES OBRAS EN CARTEL LLUVIA, Lo único que necesita una gran actriz es una gran obra y las ganas de triunfar y Ese recuerdo ya nadie te lo puede quitar.

Títeres, un piano y las artes de un clown, por un lado, asomos del teatro de la crueldad, por otro, y un clásico ruso, brindaron el punto de partida a otros tres títulos del Festival Temporada Alta que tuvo lugar en la Sala Verdi.

Lluvia (Pluja), de Marc Angelet, dirigida por Guillem Albà, quien asimismo actúa, junto a la pianista Clara Peya, es un espectáculo catalán que ubica a los espectadores sobre el mismo escenario de la sala para entrar en un contacto más íntimo con la música que la también actriz y cantante interpreta en el teclado. Así transcurren las breves historias que Albà desgrana a través de sus técnicas de clown, apoyándose en un pequeño número de objetos entre los que se destacan un gran cubo y un puñado de muñecos, y en la actuación compartida con su compañera. Los tales relatos, risueños, poéticos y sentimentales, a veces, muy breves, se alternan de una manera deliberadamente desprolija que envuelve a la concurrencia en un juego simple y fresco que hasta incorpora el baile a través de una verdadera lluvia –valga el título– de toques inesperados que, en definitiva, aluden a los distintos matices de la magia del teatro. El resultado, tan ingenuo como ocurrente, deja muy en claro el talento de los ejecutantes.

Lo único que necesita una gran actriz es una gran obra y las ganas de triunfar acude al texto de Las criadas, del francés Jean Genet, de modo de brindar una creación colectiva del equipo mexicano Vaca 35 Teatro en Grupo, dirigido por Damián Cervantes, con la interpretación de Diana Magallón y Mari Carmen Ruiz. La puesta, ofrecida en un pequeño espacio del subsuelo de la sala de la calle Soriano, se desarrolla muy cerca del público, que asiste al a menudo rabioso intercambio de opiniones, comentarios e improperios, de a ratos inspirados por el cruel Genet, entre dos actrices de temperamentos diferentes. Ambas, además de sacar a relucir su profesión, comparten marginación y soledades, mientras se cambian, se higienizan, comen, beben y hasta recuerdan un viejo cuento de hadas que subraya la paz que puede reinar entre dichas agonistas. La idea parece jugosa, por más que los sobreentendidos genetianos queden muy pronto a un lado. Permanecen, en cambio, una serie de
inesperadas idas y venidas del dúo que intentan poner al descubierto características humanas que, en gran parte, resultan sofocadas por la desmedida utilización que hace Cervantes del alto volumen de las voces de las energéticas Magallón y Ruiz, un recurso que, en resumidas cuentas, conspira contra la aceptación de la inadvertida concurrencia.

Ese recuerdo ya nadie te lo puede quitar es otro trabajo colectivo de los mexicanos Vaca 35 Teatro en Grupo, también dirigido por Damián Cervantes, quien participa además como actor en un elenco donde reaparecen Magallón y Ruiz junto a Gabriela Ambriz, José Rafael Flores y Héctor Hugo de la Peña. Dicho núcleo, esta vez, emprende la tarea en la parte trasera del escenario de la Verdi, donde los espectadores se encuentran con un sexteto de intérpretes que llevan a cabo un accidentado ensayo de una versión de Las tres hermanas, de Chéjov. A lo largo del mismo surgen interrupciones, enfrentamientos y un cuestionamiento de la tarea teatral en cuanto al criticado rendimiento de los involucrados y los alcances de la puesta en escena de los clásicos en la actualidad. Los acordes de “Sueño de amor”, de Liszt, acompañan algunos pasajes de una velada en la cual, en forma paralela, por cierto, cabe una alusión a las relaciones humanas y a la honestidad de cada uno a lo largo de un atractivo espectáculo que, si bien se permite algún estridente estallido de violencia verbal o física, no cae en los desbordes de la propuesta sobre Genet, y logra, en cambio, establecer una atmósfera sugerente y atrapante, de modo que cada espectador redondee su propia impresión.

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