¿Verdad o justicia? Semanario Brecha Esfuerzo civil en México
EL DEBATE DE LOS COLECTIVOS DE FAMILIAS BUSCADORAS EN MÉXICO

¿Verdad o justicia?

La Brigada Nacional de Búsqueda, el esfuerzo civil contra las desapariciones forzadas ante la inacción del Estado y una discusión que atraviesa este movimiento.

Familiares de Yatzil Martínez Corrales y Josefina Avellaneda durante los trabajos de búsqueda, Campo Paredones, Ejido de Cuautlixco, 8 de diciembre / ERNESTO ÁLVAREZ

La Brigada Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas ha cumplido un ciclo en México, según dijo su coordinador, Juan Carlos Trujillo Herrera, el 9 de diciembre, al concluir su jornada de búsqueda en Morelos, estado donde nació Emiliano Zapata a finales del siglo XIX y que se encuentra ubicado al sur de Ciudad de México, en la parte centro-sur del país.

Siete jornadas llevó a cabo en distintos estados de la república hasta ahora. La primera ocurrió en abril de 2016 como un ejercicio de capacitación forense a madres buscadoras que, en un acto de desobediencia civil ante la inacción del Estado por encontrar a sus familiares, se internaron en Veracruz, para rascar con sus propias manos la tierra hasta encontrar a sus familiares. Luego se fueron creando puentes con las agencias estatales para crear condiciones de seguridad y certeza jurídica en la acción política de las buscadoras. Las tres últimas jornadas han ocurrido en estas tierras morelenses en 2021 y 2022.

Si bien de 2011 a la fecha se han aprobado en México leyes impensables durante el siglo XX, como la de Atención y Reparación a Víctimas y luego la de Búsqueda de Personas Desaparecidas y No Localizadas, las comisiones oficiales surgidas de dichas normas simplemente no funcionan, no operan, no hacen mucho, pues no cuentan con los recursos suficientes o simplemente se convierten en parte del aparato político-administrativo-burocrático que engorda al gobierno, pero no resuelve los problemas que les dieron origen a dichas comisiones.

La Brigada Nacional de Búsqueda surge entonces por la urgencia de encontrar a las personas desaparecidas, como un instrumento de la Sociedad Civil que se organiza frente a un Estado incapaz, en el mejor de los casos, o cómplice, en el peor, de las células criminales que, cada vez está más claro, son parte de un imbricado compuesto de grupos de interés económico que diversifica su acción en pos de la máxima ganancia con el menor costo económico posible, aunque esto resulte en un altísimo costo humano, social y ambiental.

Frente a esta problemática, la Brigada Nacional de Búsqueda representa una esperanza para las más de 100 mil familias que en México han sufrido la desaparición forzada de uno de sus miembros. Es un esfuerzo civil que incluso, en sus últimas incursiones al campo, ha pretendido configurar un modelo de búsqueda que combine los trabajos civiles con el acompañamiento de las autoridades locales y federales en varios ejes: búsqueda en campo, en vida en cárceles, en instituciones de salud mental, en zonas de prostitución, entre otros; sensibilización a autoridades, a comunidades escolares, a Iglesias, e identificación forense en morgues oficiales.

Existe un debate entre los diversos colectivos de buscadoras en el país que se da en torno a la demanda de verdad y justicia. Verdad que significa encontrar a sus familiares desaparecidos y justicia que implica el castigo a los responsables y la construcción de garantías que eviten la repetición de las desapariciones. Sin embargo, la Brigada Nacional de Búsqueda hace énfasis en la necesidad urgente de la verdad. Dice Juan Carlos Trujillo, en entrevista, que entre las familias buscadoras existen personas que han sido desaparecidas hace diez o más años; esto implica que si sus cuerpos están en fosas clandestinas, la naturaleza los va consumiendo más y más con el paso del tiempo.

Así que no hay tiempo. Hay una urgencia por encontrar a esas personas. Pero las autoridades en realidad no hacen nada que tenga un efecto claro en la resolución de cada uno de los más de 100 mil casos (y sumando) que se acumulan en carpetas oficiales que nadie abre. Tampoco las autoridades hacen nada eficiente para detener el fenómeno que produce la desaparición de las personas. Un ejemplo, el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas muestra que tan solo en Morelos, entre el 21 de noviembre y el 18 de diciembre de este año, desaparecieron 60 personas, sin que se haya logrado localizar a ninguna. Una persona desaparece diariamente en una entidad de menos de 2 millones de habitantes.

No obstante, otros colectivos de buscadoras plantean que, si bien es fundamental encontrar a las personas desaparecidas, pues son el centro de la lucha social y civil que llevan a cabo, la razón que las convierte en sujetos políticos que inciden en la vida política del país, es importantísimo que también se castigue a los responsables de las desapariciones, sean estos otros civiles armados pertenecientes a las células criminales o agentes estatales que se involucran directamente en el crimen, se convierten en sus cómplices o simplemente miran a otro lado cuando deberían combatirles.

Verdad y justicia va dejando de ser una conjunción para convertirse en una disyuntiva en medio del caos provocado por la pérdida de los límites entre Estado y crimen. Es importante hallar a las personas desaparecidas. También es fundamental combatir la impunidad que provoca la repetición imparable y espeluznante de las desapariciones y las matanzas. Sin embargo, ante la inacción estatal, algunas buscadoras prefieren concentrarse con sus propios recursos en el rastreo que permita encontrar a sus familiares, pues han dejado de creer en la justicia «terrenal». «No existe, lo hemos visto, ya no creo en ella. Por eso no quiero justicia, quiero encontrar a mi hija y a las hijas e hijos de mis compañeras. La única justicia será la de allá arriba, la del Creador, porque aquí no hay, no existe», dice terminante Tranquilina Hernández, madre de Mireya Montiel –joven desaparecida hace ocho años– y fundadora de la brigada. Este esfuerzo tiene contradicciones internas, como todo movimiento social, pero, como dicen sus integrantes, «buscando nos encontramos». Y es que la esperanza se construye dialógicamente en colectivo y se transforma así en acción política.

  • Jaime Luis Brito (Cuernavaca, 1974) es psicólogo y periodista mexicano. Ha colaborado con diversos medios escritos y electrónicos desde 1997. Actualmente colabora con la revista Proceso en México. Es profesor en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Es coordinador del libro Antología del pensamiento anarquista y coautor de Los buscadores.

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