El 19 de noviembre de 2025, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, promulgó la Ley de Transparencia de Archivos Epstein (votada unos meses antes por la minoría demócrata y unos pocos republicanos). La norma ordena a la fiscal general publicar, en un formato accesible y descargable, todos los documentos en poder del Departamento de Justicia relacionados con el delincuente sexual infantil Jeffrey Epstein. Una segunda tanda de estos archivos se publicó el pasado 30 de enero, luego de una mucho más limitada, de diciembre de 2025. Esta nueva publicación agregó más de 3 millones de documentos, entre ellos, fotografías, videos y correos, a la dirección jeevacation@gmail.com, y archivos internos del FBI vinculados a la investigación.
Los documentos pueden consultarse libremente a través del sitio oficial justice.gov/epstein. A raíz de ello, usuarios de internet comenzaron a explorar el material y, a través de sus redes sociales, compartir hallazgos: algunos confirmados, otros completamente falsos, exagerados o sacados de contexto. Incluso en Uruguay.
LOS SOSPECHOSOS DE SIEMPRE
Tanto José Mujica como Tabaré Vázquez (los dos presidentes que tuvo Uruguay durante la mayor parte del período cubierto por los documentos, que hasta ahora solo muestran tres correos anteriores a 2005) son mencionados por personas con las que Epstein se comunicó. El apellido de Mujica aparece en una cadena de mails entre Epstein y Noam Chomsky sobre el viaje a Uruguay del intelectual estadounidense (figura recurrente en los archivos). Vázquez es aludido en otro intercambio referido al príncipe Al Waleed bin Talal de la familia real saudí, sin mención a encuentros con Epstein.
Sobre esa base de rumores, el senador nacionalista Sebastián da Silva recogió la mención aislada de Mujica y la presentó de forma insinuante y fuera de contexto («Yo? No tengo nada que ver», escribió junto a la captura de un mail), mientras que la cuenta de X @ElInformante_1, vinculada al abogado Fabrizio Bacigalupo –reincidente generador y divulgador de noticias falsas y condenado por reiterados delitos de incitación al odio, desprecio y difamación en redes sociales–, hizo lo propio con Vázquez, reforzando la idea de que ambos estarían comprometidos en alguna de las actividades ilegales de Epstein.
BOMBA: EPSTEIN EN PUNTA DEL ESTE
Otra noticia falsa, originada en Xpero replicada sin verificación por medios locales e internacionales, giró en torno a supuestas conexiones de Epstein con Punta del Este. El detonante fue el posteo de la cuenta verificada del periodista Eduardo Preve en la mañana del domingo, titulado «Epstein en Punta del Este», en el que compartió capturas de los archivos, entre ellos, una cadena de mails con Ehud Barak, ex primer ministro israelí, de finales de 2015. Pero una lectura atenta al documento permite ver que, aunque se menciona un viaje a Punta del Este, no fue Epstein quien visitó el balneario. Lo que sucedió fue que Barak afirmó que se reuniría con Epstein en Nueva York luego de visitar Punta del Este.
La noticia de Epstein en Uruguay se extendió rápidamente a través de la misma red social, en donde otros periodistas la amplificaron. Medios de comunicación locales, como Montevideo Portal, La Diaria y VTV, e internacionales, como los argentinos La Nación y Perfil, la publicaron en sus portales. En seguida varios usuarios de redes avisaron a los periodistas y medios del error, pero estos no se dieron por enterados.
El 1 de febrero Montevideo Portal levantó la publicación del periodista Preve en X, a quien le atribuyó la primicia en el artículo «Mails confirman que Jeffrey Epstein estuvo en Uruguay y giró miles de dólares a empresario». Dos días después el mismo medio redobló la apuesta y afirmó que hubo una segunda estadía. Reiteró la información errónea sobre el verano de 2016 y añadió una supuesta visita anterior en 2011, a José Ignacio. Pero, en realidad, entre los documentos disponibles, solo existe un email promocional de la agencia A Small World, del 28 de setiembre de 2011, con un folleto digital que listaba varias opciones hoteleras alrededor del mundo, entre ellas, una estancia del balneario uruguayo. Pero no hay reservas, recibos ni respuesta de Epstein mostrando interés que puedan indicar que concretó la estadía.
El 2 de febrero, Búsqueda publicó una nota sobre la desinformación en el caso Epstein, en la que detalló cuentas de X, nombres, biografías y visualizaciones de posteos tendenciosos sobre Mujica y Vázquez. La nota contiene recomendaciones básicas sobre cómo verificar la fuente original antes de amplificar contenidos virales. Sin embargo, al abordar la supuesta visita de Epstein a Punta del Este, se limita a señalar que «varios medios uruguayos –entre ellos VTV y Montevideo Portal–» difundieron la versión, sin identificar su origen ni aplicar el mismo nivel de trazabilidad dedicado a políticos y cuentas troll. Los medios mencionados, en tanto, mantienen sus notas online sin correcciones ni aclaraciones hasta ahora.
Por su parte, el mismo 2 de febrero, La Diaria desmintió a través de una verificación las noticias falsas sobre los expresidentes, pero dos días después, el 4 de febrero, publicó una nota reproduciendo la versión errónea sobre la visita de Epstein a Punta del Este; tarde y con lo justo, el 6 de febrero, publicó la verificación de que el dato del viaje de Epstein a Uruguay es falso, atribuyendo su circulación a «versiones virales» en redes, sin mencionar que la versión viral era, en primera instancia, la de un periodista y sin transparentar su propio error. Para ese entonces, algunos ya preferían la versión de que Epstein viajó no una sino dos veces a Uruguay.
PERIODISMO Y POSVERDAD

Hace diez años, tras el Brexit y la primera victoria de Donald Trump, el diccionario de Oxford nombró posverdad (post-truth) como palabra del año y la definió como «las circunstancias en que los hechos objetivos son menos influyentes a la hora de condicionar a la opinión pública que las apelaciones a las emociones y creencias personales».
En aquel momento confluyeron varios factores: el descontento con políticas públicas, la pérdida de confianza en medios tradicionales y el escándalo Cambridge Analytica, que demostró cómo construían perfiles psicológicos a partir de datos obtenidos maliciosamente vía Facebook para dirigir mensajes específicos con fines manipulativos a un público seleccionado. Los algoritmos no crearon la manipulación informativa, pero sí optimizaron su alcance, velocidad y segmentación. La discusión pública pasó a organizarse en torno a estímulos diseñados para maximizar la reacción como nunca antes.
Años después, Trump, tras su derrota por la reelección en 2020 y el asalto al Capitolio de 2021, fue suspendido permanentemente de Twitter y Facebook; luego creó su propia red social, llamada Truth Social, y regresó a la presidencia en 2025. Para ese entonces, Elon Musk ya había comprado y renombrado Twitter, revertido la suspensión permanente de Trump, modificado las políticas de moderación e introducido la monetización para cuentas pagas, un cambio que incluye a Uruguay. Así, la polarización y la distribución de noticias falsas no solo se mantuvieron, sino que se potenciaron al agregárseles recompensas económicas en la plataforma.
En ese contexto, la circulación de desinformación sobre el caso Epstein en Uruguay no puede leerse como un episodio aislado ni exclusivamente como un error individual. Más bien evidencia cómo la lógica de viralidad, simplificación narrativa y alineamiento emocional atraviesa tanto a la dirigencia política y a agentes de manipulación como al periodismo local.
Diez años después de que el término posverdad se instalara como advertencia sobre la manipulación informativa y de que los servicios de verificación se hayan consolidado como una herramienta central para sostener estándares de rigor periodístico, los múltiples ejemplos de noticias falsas sobre Epstein sugieren un problema: la verificación no opera siempre con la misma exigencia. Cuando el escrutinio es selectivo y la manipulación es notoria, el periodismo no corrige, sino que reproduce la misma estructura comunicacional que dice combatir. A diez años de la creación del concepto de posverdad deberíamos estar prevenidos de que la tendencia es a que el clic sea más importante que la noticia.







