El año pasado fue el turno de los patrones: hubo cuatro meses de lockout patronal. Era la última oportunidad que tenían de obtener del gobierno de la coalición de derechas lo que probablemente no conseguirían de una administración de otro sesgo. Pero los réditos fueron escasos: subsidios transitorios en las primas por accidente pagadas al Banco de Seguros del Estado, en el precio de los permisos de pesca y en la tarifa eléctrica de las plantas procesadoras.
Además, ese año se vencía el convenio colectivo del sector. El ministro de entonces, Pablo Mieres, convocó a negociar, pero las partes no se presentaron. Los trabajadores iniciaron un paro que llegó a prolongarse por tres meses en las empresas más renuentes a firmar el nuevo convenio, pero todas terminaron por suscribirlo, aunque no lo ...
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