Las distracciones de algunos, se sabe, son las oportunidades de otros. Mientras Nicolás Maduro volaba maniatado a Nueva York, las siempre movedizas fronteras de Israel volvían a cambiar. Sus tropas en Gaza empujaban varios quilómetros la llamada línea amarilla, expandiendo la ocupación pactada en octubre, achicando el área donde se hacinan los palestinos. Cuando el venezolano comparecía en Manhattan, en Israel se informaba que abrió la licitación para construir la colonia judía que dividirá Cisjordania en dos; la que, promete Tel Aviv, sepultará toda posibilidad de un Estado palestino. A la hora en que sesionaba el Consejo de Seguridad por lo sucedido en Caracas, Benjamin Netanyahu, recién llegado de Washington, se reunía con sus generales para preparar una nueva guerra contra Irán. Así lo...
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