El domingo 25 de enero se cumplirán 25 años de la desaparición física de Perico, como llamábamos a Luis Pérez Aguirre. Para los que no lo conocieron, Perico fue un sacerdote jesuita, filósofo y sociólogo uruguayo, asesor en dos períodos consecutivos de Naciones Unidas y cofundador del Servicio Paz y Justicia Uruguay (Serpaj), de la revista La Plaza –censurada más de una vez durante la dictadura– y del Hogar La Huella, integró la Comisión para la Paz en representación de los familiares de detenidos desaparecidos, publicó más de 20 libros, entre muchas otras actividades. Perico sostuvo, incluso en los momentos más oscuros, que no hay paz posible sin justicia.
A 25 años de su muerte, su pensamiento sigue interpelándonos. En el contexto actual sobran los ejemplos de violencia: intervenciones, como la de Estados Unidos en Venezuela, genocidios, como el de Gaza, y guerras, como en Ucrania. Cada día son noticia estos y otros conflictos bélicos y sociales. Ojalá que las palabras de Perico sobre la paz logren incomodarnos y nos lleven a la reflexión aún en tiempos de vacaciones veraniegas. Que estas frases que tan bien resumen su pensamiento no solo despierten en nosotros nostalgia por su ausencia, sino compromiso y convencimiento respecto a la necesidad de seguir profundizando en una mirada política y ética sobre la paz.
El desafío de la Red de Amigos de Luis Pérez Aguirre es invitar a nuevos lectores a descubrirlo, a reflexionar a través de los textos que nos dejó y a comprometernos en acciones que defiendan los derechos de las no personas, de los sin rostro, de los olvidados, y a no olvidar que eso implica, antes que nada, un estilo de vida: un lugar desde donde nos paramos, miramos y reaccionamos. En este contexto, les proponemos dejarnos atravesar por diez frases de su artículo Si quieres la paz…, publicado en 1986 y editado por Serpaj.
1. «La paz no es pacifismo barato, ni egoísmo vividor, ni indiferencia o desinterés ante las necesidades de los demás. Es fruto de un esfuerzo práctico, continuo y concorde para la construcción de una sociedad local y universal, fundada sobre la solidaridad humana en la búsqueda de un bien común para todos» (pág. 23).
2. «… la paz, bien entendida, siempre es obra de la justicia. Supone la existencia de un orden social y económico justo, en el que los seres humanos puedan realizarse plenamente y en donde su dignidad sea respetada en toda circunstancia, sus legítimas aspiraciones satisfechas, su acceso a la verdad y su libertad personal garantizadas. Un orden en que las personas no sean objetos poseídos o manipulados por otros, sino agentes de su propia historia. Por eso, una vez más, donde existe injusticia se atenta gravemente contra la paz».
Si quieres la paz, defiende la vida:
3. «Desde el momento en que el otro deja de ser para nosotros un ser humano, y –peor aún– cuando el enemigo deja de ser un ser humano para nosotros, entonces se lo hace descender de la condición común a su dignidad y la barbarie, o peor aún, la violencia, quedan legitimadas» (pág. 12).
Si quieres la paz, lucha por la justicia:
4. «Cuando se ofende a la justicia en cualquiera de sus formas –nacional, social, cultural, económica–, no es posible afirmar que la paz sea verdadera, ni justa ni humana. Estamos ante un despotismo disfrazado de pacificación».
Si quieres la paz, defiende los derechos humanos:
5. «… no se construye la paz sin afectar privilegios de algunos, sin denunciar espantosas mentiras, sin afectar poderes políticos, económicos, ideológicos y hasta religiosos. Esta comprobación solo puede aparecer como paradójica a quienes todavía confunden la paz con la tranquilidad, y el conflicto con la guerra».
6. «Se necesita un cambio, una vida nueva en todos los campos del quehacer humano. No caben posturas idealistas o sentimentalistas sin consecuencias reales. El amor no se dirige a todos de la misma manera: quien ama no puede ser cómplice de la violencia estructural e institucionalizada; no puede callarse ante el crimen de lesa humanidad, ante lo intolerable. No puede lavarse las manos ante el asesinato estructural, ante la tortura o el analfabetismo. No puede aceptar la racionalidad pervertida por la cual los ricos se vuelven cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres» (pág. 19).
Si quieres la paz, educa para la paz:
7. «Es urgente elaborar, entre todos, una pedagogía de la paz… Solo llegaremos a una paz auténtica si entramos por el camino de la educación de los niños y jóvenes, y por la reeducación de los adultos. La situación actual del mundo exige que la educación y la formación de los niños se conviertan en una activa zona de paz. También el proceso escolarizado, en todos sus niveles, debe luchar contra la desinformación. Los países mejor situados para luchar por la paz internacional son aquellos que han impartido a sus jóvenes generaciones una educación cívica basada en la confianza y en la experiencia del respeto por los derechos humanos».
Si quieres la paz, trabaja por la paz:
8. «Trabaja por la paz quien trabaja por educar a las nuevas generaciones en la convicción de que cada ser humano es nuestro hermano, igual en dignidad y derechos. Trabaja por la paz quien introduce en la opinión pública el convencimiento de la fraternidad humana sin retaceos ni límites. Trabaja por la paz quien se esfuerza por crear un clima de diálogo y mayor confianza entre todos, convencido de que, si bien la guerra no es inevitable, los conflictos humanos no deben derivar en violencia armada, sino resolverse desde el derecho, la justicia y el diálogo maduro».
9. «Trabaja por la paz quien combate la grave desinformación y la falta de análisis que existen en el mundo de hoy respecto de cómo implantarla; quien se niega a entrar en la insensibilidad colectiva y a acostumbrarse a la guerra como una realidad inevitable y cotidiana. Sabe que el miedo, la duda, la desesperación o la impotencia colectiva facilitan la guerra como solución de conflictos entre pobres. Frente al fatalismo de un futuro decidido desde arriba, cabe la participación activa, la posibilidad de ser agentes de paz y de crear solidaridades que orienten las energías hacia metas posibles… Es indudable que la paz no se concede: se conquista».
10. «El trabajo por la paz se basa en el convencimiento de que una opinión mundial favorable al desarme de las mentes y de las manos es la mejor arma contra las armas».
Pueden leer el texto completo en el sitio web de Anáforas, de la Facultad de Información y Comunicación.








