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La encíclica Magnifica humanitas, la IA y el humanismo cristiano

Rerum veterum

El papa León XIV, el 30 de mayo de 2026 en el Vaticano. AFP, Tiziana Fabi.

El pasado 25 de mayo, el papa de la Iglesia católica, Robert Prevost (León XIV), firmó Magnifica humanitas, su primera carta encíclica como pontífice, que trata «sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial» y discute aspectos relevantes de las tecnologías agrupadas bajo la categoría inteligencia artificial (IA).

Desde el inicio de su pontificado, Prevost señaló a la IA como una de sus principales preocupaciones. Durante meses se especuló que su primera encíclica trataría sobre el tema y la expectativa creció tras la publicación de Quo vadis, humanitas? por parte de la Comisión Teológica Internacional. En mayo, el Vaticano confirmó su publicación, al tiempo que anunció la creación de la Comisión Interdicasterial sobre Inteligencia Artificial. El documento finalmente fue presentado en un evento que reunió a cardenales, académicos y referentes del sector tecnológico, entre ellos el cofundador de Anthropic, Chris Olah.

Las reacciones fueron inmediatas y trascendieron los ámbitos religiosos, alcanzando a medios de comunicación, academia, empresas tecnológicas y usuarios de plataformas sociales. Aunque otras intervenciones papales recientes despertaron interés, ninguna tuvo el impacto de Magnifica humanitas, tanto por la relevancia pública de la IA como por las fuertes controversias que rodean su desarrollo y uso.

De las cosas nuevas

El nombre papal León, escogido por Prevost, fue interpretado como una señal de continuidad con la labor de León XIII (Gioacchino Pecci, papa entre 1878 y 1903), por lo que no resulta sorprendente que su primera encíclica se vincule con Rerum novarum («De las cosas nuevas»), el más relevante documento producido por aquel pontífice italiano de finales del siglo XIX. Allí, Pecci estableció los fundamentos de la doctrina social de la Iglesia, combinando una crítica a los efectos sociales del capitalismo industrial con un rechazo explícito al socialismo.

Magnifica humanitas no solo fue presentada el día en que se cumplieron 135 años de la Rerum novarum, sino que hace constantes referencias a ella y dedica parte del primer capítulo y todo el segundo a su continuidad, haciendo referencias a la doctrina, destacando sus principios más progresistas y olvidando aquellos que hoy pueden resultar problemáticos.

En cierta medida, se trata de otra encíclica de actualización de la doctrina social de la Iglesia, pero su vínculo con esta es mucho más estrecho. Rerum novarum presentaba una preocupación sobre la industrialización y sus impactos sociales; la precarización y la pobreza tienen muchas causas, decía, pero una de ellas –la cosa nueva– era la tecnología industrial. Magnifica humanitas tiene una motivación similar; no es simplemente un aggiornamiento, sino que surge en el contexto de una nueva revolución tecnológica, en la que unas cosas nuevas de nuestro tiempo –res novae– vienen a afectar radicalmente la sociedad.

En sus capítulos cuarto y quinto, Magnifica humanitas aborda la IA y el capitalismo de plataformas desde sus aspectos sociales, políticos y éticos, señalando algunos de sus efectos, como manipulación de la verdad y de la libertad, violación de la privacidad, pérdida de pensamiento crítico y creatividad, riesgo para los puestos de trabajo, entre otros. Además, advierte acerca de la concentración económica y del poder que estos sistemas producen, y sobre el colonialismo digital, algo que sorprendió a varios comentaristas. De esta manera, la encíclica no innova ni teológica ni filosóficamente, pero entra en diálogo directo con los debates actuales en torno a la IA de una manera informada y coherente, criticando las posiciones tecnocráticas imperantes en el Silicon Valley de la era Trump.

Humano, no tan humano

Quizás por ello los capítulos cuatro y cinco fueron los que más llamaron la atención. Sin embargo, es el capítulo tres el que condensa mayor relevancia en términos teológicos y filosóficos, y el que presenta de manera explícita los ejes que atraviesan todo el texto.

Aunque Magnifica humanitas se presenta como una reflexión sobre la IA, constituye una defensa de una determinada concepción de lo humano. La encíclica sostiene que existe una naturaleza humana universal fundada en la condición de criatura (es decir, algo creado), portadora de una dignidad intrínseca e irreductible. Así, reivindica el valor de los límites, la vulnerabilidad y la finitud, cuestiona los intentos de reducir la realidad al cálculo, la información o la eficiencia, y advierte contra aquellas corrientes que diluyen la singularidad humana en los procesos tecnológicos. La preocupación por la IA aparece así subordinada a una pregunta más fundamental: ¿cómo preservar aquello que hace humano al ser humano en un contexto de aceleradas transformaciones técnicas y culturales?

De este modo, tal como Rerum novarum se posicionó frente al socialismo y al capitalismo de laissez faire, la encíclica de Prevost interviene en debates intelectuales contemporáneos, particularmente en torno al transhumanismo y al poshumanismo. Aunque los distingue, subsume ambas corrientes bajo una misma crítica, pese a sus diferencias fundamentales (algo que ya aparecía en Quo vadis, humanitas?). Mientras el transhumanismo propone mejorar y superar las limitaciones humanas mediante la tecnología, preservando una idea fuerte de lo humano como esencia perfectible, el poshumanismo cuestiona precisamente la existencia de una esencia humana universal y estable, así como las fronteras rígidas entre humanidad, naturaleza y técnica. En este sentido, el transhumanismo se encuentra, paradójicamente, más próximo al humanismo cristiano que al poshumanismo, ya que ambos conciben la humanidad como algo llamado a trascender mediante una instancia exterior, sea la gracia divina o la tecnología.

La encíclica se inscribe así en la tradición del humanismo católico, fundada en la idea de una naturaleza humana esencial y universal. Desde esta perspectiva, existe una forma legítima de lo humano y, correlativamente, formas desviadas, incompletas o inauténticas. Pero esta concepción no solo organiza la reflexión antropológica del texto, sino que sobre todo estructura su comprensión de la relación entre humanidad, técnica y naturaleza. Al considerar la naturaleza como un ámbito externo al ser humano, puesto a su disposición, aunque sujeto a ciertos límites morales, Magnifica humanitas mantiene una concepción instrumental del mundo natural semejante a la que Rerum novarum sostenía respecto de la propiedad privada y los medios de producción.

Así, la distinción entre naturaleza, técnica y humanidad no solo ordena la crítica de la encíclica a la tecnocracia contemporánea, sino que también delimita el tipo de intervención moral y política que la Iglesia considera legítima sobre el mundo.

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