En general, Christopher Nolan interviene sobre aquellas mitologías que la cultura ya ha consagrado: lo hizo con Batman, despojándolo de buena parte de su dimensión pulp y convirtiéndolo en una figura trágica, atravesada por dilemas políticos, morales y filosóficos; lo hizo en Oppenheimer, transformando el desarrollo de la bomba atómica en una tragedia moderna sobre la responsabilidad, el poder y el conocimiento. En el caso de La Odisea,1 desplaza el centro de gravedad del poema homérico desde la astucia aventurera hacia la gravedad existencial; la diferencia con sus películas anteriores es que, a la hora de realizar esta adaptación, se está enfrentando a un texto que reúne algunos de los tópicos que han definido la tradición narrativa occidental: el viaje como proceso de transformación, la...
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