El desmontaje que privó de pedestal a tantos bronces que exaltaban cierta poética del poder no parece poner en riesgo la monumentalidad de Michel Foucault, a 100 años de su nacimiento. Aunque una fatal ley de la gravedad historiográfica se place en derribar toda faz esculpida, la de Foucault no parece haberse precipitado, aunque sí las versiones autorizadas que de él se han construido.
En La arqueología del saber, Foucault afirmó que la historia convertía los documentos en monumentos. Pero si bien los documentos pueden ser destruidos, esto no acontece con su monumentalidad, edificada a través de la crítica. Convendría, pues, a un arqueólogo del saber anotar que la estela de fama que sobrevive a tantas obras y bibliotecas destruidas puede aún convocar a la búsqueda de insignes vestigios de sus signos.
Foucault comprendió que el orden del discurso no debería entenderse como supeditado al discurso del orden. Tal condición asintótica del discurso –que nunca intersecta enteramente una obra, ni siquiera la del propio texto que pergeña– explica incluso la pincelada de Las meninas,que Velázquez firma con su nombre. Si se quiere mantener vigente la relación entre el lenguaje y lo visible, escribió en Las palabras y las cosas, «entonces es necesario borrar los nombres propios y mantenerse en lo infinito de la tarea».1
Es decir, orden del discurso revierte la cuestión del poder, pues la actividad discursiva es resiliente, mal que le pese al dictum soberano. Mientras el arte de gobernar «toma su modelo de Dios, que impone sus leyes a sus criaturas»,2 el descubrimiento de un orden del discurso, que remite a un plano llano y cotidiano, revela una clave estratégica en la trayectoria foucaultiana.
La interrogación biopolítica posterior en la obra de Foucault surge de esta amalgama de saber y poder. Una vez que cae la soberanía monárquica, la atribución del poder soberano a la población, a través del propio gobierno republicano, y la articulación entre la regulación y las reglas, por más que excluya la verticalidad del soberano-monarca, no exime per se del advenimiento de un soberano-republicano, sostenido incluso por esa misma propia población.
Los movimientos sociales que emergían entre los años 1960 y 1970, contrapuestos a la supeditación de los Estados nación de la Guerra Fría, encontraron en el tópico de la racionalidad disciplinaria de Foucault la inflexión crítica que los preservaba del reclutamiento partidario.
En esta etapa, según el filósofo Michel Senellart, la «gubernamentalidad» fue el concepto foucaultiano que permitió «recortar un dominio específico de relaciones de poder con relación al problema del Estado». Pero tendió posteriormente a ampliarse y profundizarse y, desde 1979, «no designa tan solo las prácticas gubernamentales constitutivas de un régimen de poder particular (Estado policía o menor gobierno liberal), sino “la manera en que se conduce la conducta de los hombres”, sirviendo así de “grilla de análisis para las relaciones de poder” en general».3
De ahí que luego Foucault se planteara la cuestión del poder en tanto que individuación singular, a través del «cuidado de sí». La subjetivación pasó a ser el proceso que explica el vínculo de cada uno consigo, en tanto que «tecnología del yo»; un gobierno de (y desde) un sí mismo, que toma partido en cuanto coteja a otros ante sí.
En el gobierno «de sí y de los otros», la noción de subjetivación es como una puerta de vaivén entre el sí mismo y los demás. El «cuidado de sí» inhabilita el sustancialismo introspectivo de la conciencia, de forma que el yo, antes que devenir por necesidad de un único ser, se sorprende a sí mismo por vía contingente, a través de quien no eligió (ser), pero tampoco se resigna a permanecer por necesidad (del ser).
La crítica del autor es genealógica, en el sentido de que –en sus palabras– «no deducirá de la forma de lo que somos lo que nos es imposible hacer o conocer, sino que obtendrá de la contingencia que nos ha hecho ser lo que somos la posibilidad de no ser más, hacer o pensar lo que somos, hacemos o pensamos». «[Su crítica] no busca más hacer posible la metafísica al fin convertida en ciencia; procura relanzar tan lejos y tan ampliamente como sea posible el trabajo indefinido de la libertad.»4
Pobre Foucault, tan lejos del Estado y tan cerca de la política.
El siglo XXI trajo a Europa y a Estados Unidos, junto con el auge neoliberal, la crisis financiera de 2008. En ese contexto de extrema disolución de las alternativas históricamente vinculadas a estrategias de poder estatal, surgieron críticas al período biopolítico de Foucault, tanto de quienes entendían que plantear una gubernamentalidad infusa entre la población encerraba una justificación del neoliberalismo como de aquellos que le reprochaban no haber profundizado la cuestión biopolítica del Estado para explicar la dominación. Como lo ha señalado Geoffroy de Lagasnerie, el neoliberalismo (entre otros -ismos) se encuentra en las antípodas de la libertad foucaultiana, que llega a la individuación por la subjetivación.
Contraponiéndose a esa crítica nostálgica de una emancipación por vía soberana, en este Cono Sur americano se hizo de esa misma biopolítica cuestionada allende el Ecuador el norte de nuestra crítica desde el sur. Lo que fue un tránsito foucaultiano, entre otros períodos, se convirtió en la llave para acceder a un punto de vista único y totalizador, que hubiera hecho las delicias de Borges. La condición estructural (es decir, formal) del vínculo entre la regulación y las reglas en el continuo del cuerpo social, tanto satisface la analogía con una retentiva decimonónicas como traiciona la discontinuidad contingente que Foucault logró inscribir en el ceño de su quehacer.
- Foucault, M. (1966). «Les ménines», en Les mots et les choses. París: Gallimard, pág. 25. Traducción del autor. ↩︎
- Foucault, M. (2004). «Le gouvernement de soi et des autres», en Davidson, A., y Gros, F. Michel Foucault (antología). París: Gallimard, págs. 690-691. Traducción del autor. ↩︎
- Senellart, M. (2004). «Situation du cours», en Foucault, M. Sécurité, territoire, population. París: Gallimard, págs. 406-407. Traducción del autor. ↩︎
- Foucault, M. (2004). «Le gouvernement de soi et des autres», en Davidson, A., y Gros, F. Michel Foucault (antología). París: Gallimard, pág. 876. Traducción del autor. ↩︎







