El no trofeo de Orsi - Semanario Brecha
+Colonia y el aislamiento prémium en el sur

El no trofeo de Orsi

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El lunes 26 de octubre, el gobierno le dio la bienvenida a «una nación sin país». Así se define WorkNomads, la empresa que ese día presentó su proyecto ante el presidente Yamandú Orsi en la Torre Ejecutiva. Hubo foto, conferencia de prensa y protocolo de jefe de Estado para su fundadora, Katrien Meire. La compañía ocupará un distrito de 18 mil metros cuadrados en +Colonia, con más de 200 residencias donde sus trabajadores van a vivir y trabajar en el mismo complejo. Todo bajo la lógica del coliving, donde la frontera entre la vida privada y la jornada laboral se disuelve por completo, como si los empleados fueran bomberos acuartelados esperando el próximo incendio.

A mediados de octubre, al anunciar una inversión en centros de datos, el propio Yamandú Orsi dijo que no la presentaba «como un trofeo […] sino como un proceso de acumulación nacional». Es una curiosa defensa general ante el desembarco de grandes corporaciones, y la foto del pasado lunes en la Torre Ejecutiva se parece bastante a un trofeo. El problema es que, mientras el gobierno habla de acumulación nacional, lo que se está construyendo en Colonia se parece más bien a un aislamiento prémium.

Uruguay, orgulloso de su estabilidad institucional y certeza jurídica, ha cambiado drásticamente en los últimos gobiernos. Ya no solo atrae capitales productivos tradicionales, como el agroindustrial o el portuario, o el más reciente de las energías renovables, por mencionar algunos. Ahora también aparece en el mapa de una élite corporativa que busca dónde replegarse. Ese miedo ya es un negocio documentado: un reportaje de la revista del New York Times (10-IV-25) sobre «la industria del pánico» contó cómo crece en Estados Unidos el mercado de búnkeres y habitaciones de seguridad ante el temor a una pandemia, a un colapso financiero o a una guerra nuclear: unos 11.000 millones de dólares en un año, con búnkeres que ya se venden desde 20 mil dólares.

Por un momento, olvidémonos del búnker de las películas, el de las puertas blindadas y el agua para una década bajo tierra. El búnker moderno es otra cosa, y varios de los hombres más ricos de la industria tecnológica ya tienen el suyo o se preparan para tenerlo. Mark Zuckerberg levanta en la isla hawaiana de Kauai un complejo de más de quinientas hectáreas, con un refugio subterráneo que él describe como un sótano. Sam Altman, hoy al frente de OpenAI, le contó a The New Yorker en 2016 que guarda armas, oro, antibióticos y máscaras antigás. Reid Hoffman, cofundador de LinkedIn, calculó en 2017 hablando con la misma revista que más de la mitad de los multimillonarios de Silicon Valley tiene algo a lo que él mismo llama «apocalypse insurance», un seguro contra el apocalipsis. Son parte de la industria que construye la inteligencia artificial y administra datos, y se preparan, a la vez, para sobrevivir al mundo que esa tecnología podría romper. Hacen el auto y no se suben a él.

En agosto, el empresario de telecomunicaciones argentino-español Martín Varsavsky le dijo al Financial Times que tiene sentido tener un refugio ante una guerra que da por empezada, y que está armando un campo de 32 mil hectáreas al pie de los Andes mendocinos: «ya estamos en la Tercera Guerra Mundial». Dijo que comparte esa mirada con otros referentes del mundo tecnológico. Después negó que el campo sea un búnker. Es lo que busca cualquiera que planifica un refugio: distancia de los blancos militares, tierra, energía, agua y reglas estables. El sur no es solo un destino de inversión: también empieza a ser un destino de repliegue.

Y el refugio no es solo de hormigón: también es de papeles. En octubre, el ministro de Economía Luis Caputo presentó en París el «pasaporte dorado» argentino: ciudadanía a cambio de 350.000 dólares no reembolsables u 800.000 dólares en un bono. Según el propio Caputo, la idea nació en 2024, cuando ejecutivos tecnológicos le plantearon a Milei su interés por la ciudadanía argentina. Del otro lado del río, Uruguay ofrece otra puerta: el tax holiday, que permite a quien fija su residencia fiscal no pagar impuestos por las rentas
de capital del exterior durante hasta 11 años.

WorkNomads comparte predio con Praxis, comparte anfitrión, Eduardo Bastitta, que fue asesor económico de Milei, y comparte una pregunta que no me deja de dar vueltas. Si un búnker moderno es un lugar lejos del desastre, con tierra, agua y reglas propias, ¿no estará +Colonia por convertirse en eso? Consultado sobre si su proyecto podía funcionar como refugio ante una guerra mundial, Bastitta reconoció, según Infobae (11-X-26), que ese factor existe, aunque dijo que es el elemento menos relevante. También aseguró que +Colonia funcionará bajo la legislación uruguaya.

El nuevo negocio de +Colonia es atraer a firmas transnacionales como WorkNomads o Praxis para que construyan en su predio. El Estado puso el resto: en 2021 la Junta Departamental de Colonia aprobó el primer paso para recategorizar el suelo del proyecto, con votos del Partido Nacional y del Colorado. El Frente Amplio no acompañó entonces, pero hoy es su gobierno el que recibe a sus inversores en la Torre Ejecutiva. El Parlamento extendió después el tax holiday dentro de la ley 20.446 de presupuesto, que hoy vuelve atractivo el negocio. No está claro bajo qué figura ocupará WorkNomads el terreno.

Pero… ¿qué pasa con el techo de un trabajador si lo despiden en una «nación sin país»? En lo que se informó hasta ahora no hay detalles sobre las reglas de juego en esas más de doscientas residencias. Si empleo y vivienda van juntos, la corporación queda con un poder casi feudal. Si son empleados de una empresa extranjera, no está claro quién responde ante el Ministerio de Trabajo. Tampoco está claro sobre qué sueldo van a aportar al BPS. Falta saber si quien pierde el trabajo y el techo el mismo día tiene derecho a indemnización por despido, y si la ley de alquileres lo ampara frente a un desalojo. Vienen a ocupar un ecosistema flotante, y habrá que ver cuánto de nuestro derecho civil llega hasta ahí.

La fundadora de WorkNomads dijo que su nación sin país ofrece otra forma de pertenencia, «más allá de un pasaporte». Mientras tanto, el gobierno que la recibe mandó al Parlamento una ley interpretativa de la Constitución para reconocer como nacionales a los ciudadanos legales, después de años de reclamos de personas perjudicadas porque sus pasaportes uruguayos no son aceptados en algunos países. Nadie nos dijo en qué partido íbamos a jugar. Las reglas del partido, las que vuelven atractivo todo esto, estaban en un presupuesto de cientos de artículos que aprobaron en diciembre de 2025 el Frente Amplio y la mayoría de blancos y colorados.

Esas reglas ya están escritas, y la construcción de WorkNomads empieza recién en 2027. El martes 27, durante la visita a las obras de un shopping en Sayago, el presidente Yamandú Orsi reconfirmó su visión optimista sobre +Colonia y aseguró que el proyecto «está a full». «Ves grúas, gente trabajando y proyectos que en dos años van a ser una realidad», dijo. Es cierto que hay grúas. Desde la costa, un búnker moderno se ve igual que cualquier obra.

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