Si algo se comprobaba en el tono de la ópera prima de Kleber Mendonça Filho, O Som ao Redor (2012), es que más allá de algunas coincidencias con La ciénaga (2001), de Lucrecia Martel, ambos autores lidian con una poética de lo local. Recife y Pernambuco son para Mendonca Filho lo que Salta para Martel: un espacio para explorar y retratar una cultura que retiene la malicia social repartida en muchas impostaciones. También se parecen en que ambos combaten la tendencia a diversificar la geografía de sus películas acorde a los mandatos del sistema de coproducción internacional. El director de Bacurau (2019) ha dedicado su proyecto cinematográfico completo a explorar y magnificar la imagen de Recife en la pantalla, desde una investigación etnográfica que preserva la afección de quien conoce con...
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