Acción y poco más

En cartelera: “Proyecto géminis”.

Gemini Man. Ang Lee, Estados Unidos/China, 2019.

El cineasta taiwanés Ang Lee es uno de los directores de cine no solamente más talentosos de los últimos 30 años, sino también de los más eclécticos. Películas tan disímiles, impactantes y originales como Comer, beber, amar (1994), Sensatez y sentimientos (1995), La tormenta de hielo (1997), El tigre y el dragón (2000), Secreto en la montaña (2005) y La vida de Pi (2012) sobresalen en una filmografía en la que no viene faltando nada: drama, comedia, cine de superhéroes y de espías, y hasta western. Es verdad que también ha pergeñado películas más bien irregulares o directamente malas, como Taking Woodstock (2009), pero difícilmente alguien podría negar sus habilidades como creador de imágenes y universos propios.

En esta película,1 Ang Lee se coloca a la altura de sí mismo en lo concerniente a generar una atmósfera y regalar una envolvente e insustituible experiencia visual. De hecho, tiene varias de las mejores escenas de acción que Hollywood ha dado en años: una intensa y colorida persecución sobre motos a través de las calles de Cartagena con planos secuencia a toda velocidad, en los cuales la cámara sigue de cerca al protagonista, atravesando transitadas y estrechas callejuelas. Los enfrentamientos con armas y a puño limpio, de a dos, tres y hasta cuatro personas al mismo tiempo, en los cuales la combinación de las más variadas técnicas marciales (desde la capoeira hasta el muay thai) y lo que quede a mano de los personajes (incluida la misma motocicleta en la que andan) está brillantemente hecha, no da tregua y quita al espectador las ganas de pestañar.

En lo que la película flaquea, y bastante, es en el libreto. Una trama de espionaje en la que las más altas esferas de la Dia (Agencia de Inteligencia de la Defensa), de Estados Unidos, se involucran con un proyecto de clonación de asesinos a sueldo echa mano de varios lugares comunes de las intrigas internacionales en las que tanto incurre Hollywood: la persecución de un individuo rebelde pero formado por la misma agencia, con agentes de elite y las más altas tecnologías, es algo muy propio de la saga Bourne; el viaje constante a destinos turísticos recuerda a la de Misión imposible o a las más abultadas propuestas de Marvel; el soldado perfecto e imbatible al que sólo es posible eliminar con otro sicario igual de implacable (Asesinos, Logan) y el cliché del gemelo antagónico (Replicante, Face‑off) son justificados con poca convicción y con personajes que no se distancian ni un poco de los estereotipos. Podría haberse profundizado más en una idea bastante buena: la imposibilidad de dialogar con un clon de uno mismo, treinta años menor, provisto de la misma testarudez y los mismos prejuicios que uno supo tener de joven. Pero este tópico es esbozado apenas y no llega a desarrollarse. Podría haber sido la parte más original de un guion manido y bastante rudimentario.

1.   Gemini Man. Ang Lee, Estados Unidos/China, 2019.

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