Debate abierto: lecturas de la pandemia

Alucinaciones

Lo bueno de la respuesta de Marcelo Marchese a mi columna “Los negacionistas” es que permite apreciar, aunque algo amontonadas, las ideas fuerza que motivan a este conjunto de personas convencidas que vivimos en una “dictadura global”. 1 Para tratar de explicar la visión conspirativa expresada en su respuesta debería remitirme a una columna anterior dedicada específicamente al tema , 2 o mejor, para evitar la molesta auto-referencia, a algunos análisis como el publicado en la red de medios The Conversation bajo el título “Coronavirus, las 7 características del pensamiento conspirativo”.3 

Marchese se queja de haber sido aludido como negacionista, a pesar de que, como fue dicho expresamente, la expresión estaba siendo utilizada por economía del lenguaje y sin ningún ánimo peyorativo, al reflejar un hecho fuera de toda subjetividad. En efecto, Marchese y sus amigos niegan la existencia de lo que puede definirse sin ninguna exageración como el acontecimiento mundial más relevante del año 2020 y por el cual será recordado en el futuro: la pandemia del virus SARS-CoV-2. Pero para evitar la discusión sobre palabras, que por lo general resulta estéril, demos de baja a la cuestionada palabreja, utilizando en su lugar un eufemismo inclusivo bien a la moda y ajeno a toda sospecha despectiva: personas con percepciones diferentes sobre la pandemia, en adelante, PPD. 4

El mundo que imaginan las PPD es como un universo paralelo, un mundo de ficción impermeable a los datos de la realidad. Algo así como un nuevo metarrelato confeccionado con pura especulación y apoyado en la difusión de fake-news. Sería, técnicamente, una alucinación, en el sentido de precepción que no se corresponde con los estímulos del mundo exterior. Como Marchese reconoce, el criterio de verdad en ese micro mundo prescinde de los números: “La verdad se demuestra, y se defiende, por sus propios méritos, y esos méritos remiten a palabras, no a números”, nos confiesa.  Los números, como las palabras, son piezas imprescindibles para construir hipótesis. Sin cuantificar no es posible acercarse a la verdad sobre infinidad de asuntos, porque la verdad no es otra cosa que la correspondencia de una proposición con los hechos. Quienes tienen más interés en confirmar sus teorías que en ponerlas a prueba desprecian los datos que se expresan en números y deben evaluarse racionalmente. Por eso, tanto les da si el índice de positividad de los test de Covid-19 (la cantidad de casos positivos en relación a los test realizados) es de 1,1 por ciento, si al mes siguiente pasa a 2,4 por ciento o si en enero saltará con toda seguridad por encima del 10. Sus ideas seguirán en pie, porque son inmunes a la evidencia. 

En la visión de las PPD la acumulación de riqueza por parte de un puñado de ultrarricos como Elon Musk, Jeff Bezos y Bill Gates sería “un detalle crucial” que explica la existencia de la dictadura global. En el mundo real, los procesos de acumulación y concentración de capital fueron teorizados por Marx ya en el siglo XIX, como una de las consecuencias inevitables del modo de producción capitalista. Un siglo y medio después, el economista Thomas Piketty, basado en un vasto estudio de quince años sobre las economías desarrolladas de Europa y los Estados Unidos (EEUU), llegó a una conclusión parecida. Según sus estudios, el capitalismo tiende a la concentración de la riqueza por lo que la desigualdad sería un rasgo estructural del sistema. Sería muy ingenuo creer que la concentración de la riqueza no supone ningún riesgo para la democracia, sin embargo, el sistema no necesita implantar ninguna dictadura, y mucho menos de la estrafalaria idea de andar inventando una falsa pandemia para que esos procesos se desarrollen.

En el mundo de las PPD jamás se “había logrado disfrazar y aplicar un tapabocas a toda la población mundial”.En el mundo real, en cambio, en 1918 ocurrió una pandemia provocada por el virus Influenza, considerada por algunos especialistas como la más devastadora de la historia, recordada con un nombre engañoso: la gripe española. Una pandemia que según se estima exterminó a entre un 3 y un 5 por ciento de la población mundial. Las semejanzas con la situación actual, si dejamos de lado la cantidad de víctimas fatales, pueden resultar asombrosas. Se establecieron cuarentenas en varios países con cierre de escuelas, iglesias, cines y comercios, medidas de distanciamiento en lugares públicos cerrados, prohibición de reuniones, exhortación y en muchos casos obligatoriedad del uso de tapabocas, y surgimiento de movimientos de resistencia a su uso. En algunas ciudades de los EEUU la pena para personas que se negaran a usarlo eran multas de 10 dólares o hasta 10 días de prisión. En un solo día, el 9 de noviembre, mil personas fueron arrestadas sólo en San Francisco por este motivo, las prisiones de la ciudad colapsaron y debieron agregarse turnos policiales y judiciales. En 1918 ni Musk, ni Bezos, ni Gates habían nacido. Las teorías conspirativas de la época acusaban a la compañía alemana Bayer de haber introducido la gripe a través de la Aspirina, como un recurso desesperado para incidir en la Primera Guerra Mundial que estaba justo por terminar. El mito tuvo una difusión tal que la sucursal de la compañía en los EEUU emitió un anuncio público para tranquilizar a los consumidores asegurando que “La fabricación de tabletas y cápsulas de aspirina de Bayer está completamente bajo control estadounidense.» 5

Grupo de personas con tapabocas en Mill Valley, California, en noviembre de 1918. Biblioteca Pública de Mill Valley – Raymond Coyne

Para las PPD vivimos un proceso mundial de ruina de los Estados soberanos en el que “las constituciones se diluyen, paso previo a su desaparición”. En el mundo real, el panorama es bastante menos sombrío. O al menos eso es lo que surge de los trabajos de quienes se dedican a estudiar estos asuntos, como la organización intergubernamental IDEA (International Institute for Democracy and Electoral Assistance) con sede en Estocolmo. De su informe  “El estado de la democracia en el mundo – 2019”, surge que el 62 por ciento de los países del mundo evaluados  pueden considerarse democráticos (97 de 158), lo cual puede parecer una cifra modesta. Sin embargo, ese grupo en 1975 era de apenas un 26 por ciento del total. Los atributos que tiene en cuenta IDEA para evaluar el estado de las democracias son cinco: 1- gobierno representativo surgido de elecciones libres, 2- respeto a los derechos fundamentales, 3- organismos de control (prensa libre, parlamento eficaz e independencia judicial), 4- administración imparcial (aplicación de procedimientos predecibles y ausencia de corrupción) y 5- participación ciudadana. El informe agrega que “La proporción de países no democráticos se ha reducido a menos de la mitad desde 1975 (el 68 por ciento de los países en 1975 frente a solo el 20 por ciento en 2018)”. En el magnífico sitio web Our World In Data, elaborado en la Universidad de Oxford bajo la dirección del economista Max Roser, un sitio que toda persona interesada en los datos objetivos debería tener siempre a mano, puede apreciarse gráficamente la evolución de los regímenes democráticos y autocráticos en el mundo desde el año 1900. <sup>6 </sup>

En el universo de las PPD, la ciencia y la medicina modernas son vistas como una nueva religión que nos está conduciendo a una “Era oscura”. En el mundo real las cosas vienen sucediendo en un sentido contrario. Hubo un período de unos mil años, entre los siglos V y XV, calificado por muchos historiadores con esa misma expresión, que fue superado a medida que la humanidad empezó a desconfiar de los dogmas impuestos por las religiones y la tradición, y a confiar más en sus propia capacidad para comprender cómo funcionaba el mundo. Copérinico puso a la Tierra en su lugar -y con ella al ser humano-, comenzando a erosionar la antigua ilusión antropocéntrica; Galileo y Descartes nos enseñaron las diferencias entre propiedades primarias y secundarias abriendo las puertas del realismo científico; Newton dio muestras del poder extraordinario que podía alcanzar la mente humana; Hume nos enseñó a ser escépticos y desconfiar de las religiones y Kant nos dio el empujón para empezar a entender la importancia de los derechos universales; Darwin le dio el tiro de gracia al antropocentrismo, acomodándonos como una pieza evolutiva en la escala zoológica y Pasteur dio un paso fundamental para transformar a la medicina en una ciencia adulta; Einstein nos enseñó que no hay verdades indiscutibles ni límite para la inteligencia, y que para la ciencia ni los conceptos más básicos como los de tiempo y espacio, ni la teoría más respetada son inmunes a su revisión, demostrando de paso que la verdadera ciencia es la antítesis del dogma; Marie Curie nos dio los elementos para entender cuánto mejor sería el mundo si se aprovechara el talento de la mitad de la población mundial que venía siendo menospreciada, realizando «tareas propias de su sexo».

¿Cuál es la idea de este repaso más bien grosero y arbitrario? Apenas un intento por recordar hasta qué punto la revolución científica, como columna vertebral de la Ilustración, supuso el surgimiento de una nueva cosmovisión. El oscurantismo medieval de la fe en las verdades reveladas fue dando paso a la confianza en la razón como forma de acceder a un conocimiento basado en evidencias, y con esos instrumentos, se pudo ir cimentando una mejora sustancial en nuestra calidad de vida. Por supuesto que el proceso no fue ni será nunca lineal, ni está asegurado por algún designio superior. El camino estará siempre repleto de dificultades, intereses egoístas y retrocesos parciales. Pero eso no debería nublarnos la vista al grado de hacernos perder el rumbo.

Arresto por mal uso de las máscaras en California, 1918. Biblioteca del Estado de California

En la dimensión de las PPD, finalmente, alcanza con armar un cóctel turbio con dos o tres tendencias mundiales, verdaderas y triviales o falsas, como vimos, y un par de bolazos más sin justificar, para dar por probada la alucinación de la dictadura global. En el mundo real, una dictadura es cosa seria. Por si estos apuntes cayeran en manos de algún extraterrestre desinformado: tanques en las calles, juntas militares, terrorismo de estado, eliminación del parlamento y la justicia independiente, asesinato y persecución de opositores, presos políticos, partidos prohibidos, desaparición de personas y torturas sistemáticas, censura de prensa y ausencia de libertad de expresión, adoctrinamiento masivo en la educación, etcétera. En una de esas, no sería el tema más indicado como para andar jodiendo con tanta frivolidad.

  1. Ver Brecha 15/01/21 https://brecha.com.uy/ladictaduraglobal/
  2. “Conspiravirus – la otra pandemia” Ver Brecha 7/01/21 https://brecha.com.uy/conspiraviruslaotrapandemia/
  3. https://theconversation.com/coronaviruslas-7-caracteristicasdelpensamientoconspirativo-139721
  4. Esto no implica dar por buena la acusación desmedida de que la palabra negacionismo remite necesariamente a nazi. Hace bastante tiempo que la misma está aceptada tanto para referirse a los que niegan la existencia del cambio climático como a los movimientos anti-vacunas y no es exagerado a esta altura aplicarlo en este otro caso.
  5. https://www.courant.com/coronavirus/hcnewscoronavirusinfluenzepandemichistorianavon-20200510-6lgxdbn6z5hq5jbe27rl55rtuqstory.html
  6. No dejen de visitar el sitio, la mayoría de sus gráficos son interactivos y realizados con un nivel técnico extraordinario: https://ourworldindata.org/democracy#number-of-democracies

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