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La muerte de Juan Carlos Blanco, canciller de la dictadura

Amanuense del terror

Murió Juan Carlos Blanco, canciller de la dictadura, canciller de la muerte. Desde su fallecimiento el domingo 22, públicamente nadie ha dicho una sola palabra positiva sobre su persona, nadie ha escrito ningún panegírico, nadie ha intentado suavizar los macabros tintes de su trayectoria; los medios de comunicación se limitaron a escuetas crónicas que daban noticia puntual de sus condenas penales. ¿No había nada bueno para decir de él? No.

Juan Carlos Blanco, 1992 Federico Gutiérrez, archivo brecha

Abogado que pasaba desapercibido, Juan Carlos Blanco, vástago de una rancia familia colorada –hijo del político Daniel Blanco Acevedo y nieto de Juan Carlos Blanco Fernández, canciller del dictador Máximo Santos y presidente del Consejo de Estado durante la presidencia de Juan Lindolfo Cuestas–, solo ostentaba en su currículo su condición de funcionario de la OEA, conocida en los sesenta como la oficina de colonias de Estados Unidos. El abolengo le facilitó su ingreso como vicecanciller en el gabinete de Jorge Pacheco Areco. Y Juan María Bordaberry, olfateando su potencialidad, lo elevó a canciller al inaugurar su gobierno. En febrero de 1973, en el primer capítulo del golpe de Estado, Blanco acompañó a Bordaberry en su visita a Boiso Lanza, donde la Presidencia sufrió una radical lobotom...

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