La experiencia de la cooperativa vasca de consumo Ekhilur

Apuesta a lo local

En medio de la crisis pandémica cobran fuerza las apuestas por modelos económicos asociativos. En el País Vasco una red de consumidores, empresas e instituciones públicas busca fortalecer las economías municipales y desarrollar una nueva moneda.

Billetes ekhis Zawp.org

Pasaron ya ocho años desde que la sociedad cooperativa Ekhilur (‘sol y tierra’, en lengua vasca) comenzó a desarrollar un ambicioso proyecto de economía cooperativa, solidaria y sostenible, bajo el lema «Compra, vende, coopera», apoyada en una moneda social de ámbito local, el ekhi. Su objetivo es hacer frente al actual modelo económico y social hegemónico, marcado por la competitividad y el logro inmediato de beneficios.

Con el País Vasco como marco geográfico, Ekhilur se presenta a sí misma como una cooperativa ciudadana y democrática, integrada en la actualidad por unos 56 individuos, empresas y asociaciones. Mediante el uso del dinero en circuitos cortos, no especulativos, pretende convertirse en una herramienta y un elemento de transformación social. La base del proyecto, como su lema sugiere, es la de una cooperativa de consumo. Quienes consumen y producen se asocian bajo ese paraguas al margen de intermediarios, buscando un beneficio común.

El presidente de Ekhilur, Miguel Ángel González, facilitó más detalles en conversación con Brecha: «Esta es una cooperativa sin ánimo de lucro, formada por personas consumidoras, negocios, comercios y empresas locales, otras organizaciones sin ánimo de lucro –como oenegés– e instituciones públicas –como municipalidades y agencias de empleo y desarrollo económico local–. Con esta red queremos abarcar todo el tejido comercial, productivo y asociativo posible».

La actual crisis pandémica ha dejado al desnudo las falencias de un sistema basado en la quimera del crecimiento lineal ininterrumpido. En esa situación cobran nueva luz iniciativas que enfocan la economía desde la solidaridad y la democracia y que, como señaló González, pretenden «saltar» del modelo competitivo hegemónico a la cooperación.

LA COMUNIDAD: ORIGEN Y DESTINO

Lo que persigue el accionar de la cooperativa es el bien común a escala local: «En nuestro caso, el beneficio consiste en fortalecer la economía de proximidad, los productores locales, el pequeño comercio y el tejido asociativo. De ello se benefician tanto las empresas, los productores y los trabajadores autónomos (unipersonales) como la sociedad en general».

Sin perder de vista esos objetivos globales, las ventajas inmediatas para los integrantes del emprendimiento son la atención personalizada, la apuesta por productos locales y, como sucede con las grandes cadenas de alimentación, los descuentos en las compras. «El beneficio más directo para quien consume es que, al hacer la compra directa a través de la cuenta Ekhilur y su aplicación para celular, tiene un descuento, fijado por cada uno de los comercios asociados a la red. Es un descuento en puntos ekhi, que se suman a los puntos que cada usuario decida cargar previamente».

Ese simple mecanismo es una de las bases de una estructura que busca que cada municipio, pueblo y barrio mantenga su músculo productivo, su tejido asociativo: «Tratamos de cambiar el enfoque imperante y pasar a uno en el que todos los actores de la red pongan, pero también reciban». ¿Qué es lo que se aporta? Cada persona asociada hace mensualmente una aportación a la organización que elija de entre las que forman parte de la red. Esa donación mensual consiste en un 0,5 por ciento del saldo medio habido en la cuenta durante ese período: «Si tengo 100 puntos ekhi –que equivalen a 100 euros– y durante ese mes no hago compra alguna, donaré 0,50 euros a la asociación que yo elija».

MONEDA SOCIAL

Pero ¿qué es esa unidad de cambio, el ekhi? El presidente de Ekhilur aclaró que es un concepto diferente al de la criptomoneda, «que de por sí no aporta nada al cambio social ni a la transformación económica». Y explicó que los puntos ekhi «son, en realidad, euros con una limitación: sólo pueden ser utilizados en un ámbito geográfico concreto, dentro de la red».

La cooperativa concibe la red Ekhilur como una red global dirigida a todo el País Vasco en la que cada pueblo y cada barrio pueden tener su propio circuito: «Así delimitamos dónde se pueden gastar esos puntos ekhi que tenemos en la cuenta. Yo puedo tener una cantidad de puntos a utilizar sólo en la red local de Bilbao y otros de carácter global a gastar en toda la red vasca. De este modo, fortalecemos la economía local, ya que esos puntos, esos euros, quedan circulando en un ámbito determinado. Esta es la diferencia sustancial con el euro y otros tipos de moneda».

En ocho años, no sólo se ha pasado de manejar ekhis de papel a implementar una app propia, Clickoin, sino que se ha matizado también el carácter de esta moneda social: «Al principio, veíamos que una moneda demasiado local se queda corta y una moneda con un área muy extensa cierra circuitos económicos pero no es atractiva para lo municipal. Por ello, hemos querido hacer una síntesis de los dos esquemas, de moneda de una región donde se completan algunos circuitos económicos y de otra local que se queda en un circuito más pequeño, como un pueblo o un barrio».

Adaptar el ekhi a redes locales dentro de la red regional es una manera interesante de canalizar dinero público en las comunidades de modo efectivo: «Si esa parte del presupuesto que las municipalidades –mediante ayudas, subvenciones u otros medios– dirigen a su comunidad se encauza a través de Ekhilur, se tiene la seguridad de que irá a la economía local, algo que no se puede garantizar con el euro». A su vez, el receptor de la ayuda la empleará en empresas de la red local, que harán lo propio en el circuito cooperativo local.

De todos modos, el portador de ekhis puede también disponer de los euros correspondientes y, si desea, sacarlos del circuito. Pero con una limitación: debe abonar una tasa determinada por el índice de eficiencia social. En función de cómo cada empresa marque en un índice de eficiencia social, le corresponderá determinada tasa de cambio al transformar esos puntos en euros. La tasa básica es del 2 por ciento, pero si se tiene contratada energía de fuentes renovables o una cuenta con la banca ética, o si en la dirección hay paridad entre mujeres y hombres, se acumulan puntos en el índice. Esto se traduce en una tasa de cambio menor al recuperar euros, de hasta un 0,5 por ciento.

Atenta a las crisis cada vez más serias de la economía global, la cooperativa Ekhilur cree fundamental encontrar una forma de enfocar la actividad humana que evite el objetivo de crecimiento exponencial que marca el capitalismo. «En la filosofía del proyecto está el tener una economía realmente sostenible, que no necesite del crecimiento continuo para sostenerse, para mantenerse activa», afirmó González.

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