Bienvenido al show

En el Teatro Victoria: “La muerte de todo compartimento estanco”.

Teatro.

La pieza derriba la cuarta pared desde el inicio, cuando los espectadores son invitados a colocarse una identificación para ser parte de la platea de un programa de televisión. Al ingresar, el montaje devela una muy cuidada reproducción de un estudio televisivo que desarrolla un programa periodístico en vivo. El autor y director Claudio Quijano (reconocido como actor por su interpretación en Las Julietas y responsable, junto con Leonardo Pintos, de la serie televisiva Feriados) se propone abordar un tema de gran actualidad como el debate político, y para ello apuesta a un universo realista, en el que enfrenta a dos políticos jóvenes de las fuerzas con más posibilidades de acceder a la presidencia: el Frente Amplio y el Partido Nacional. El juego se anuncia con gran dinámica y expectativa, mientras la puesta va tomando un ritmo lento y reiterativo, que se limita a reproducir discursos tan reales como conocidos.

Hay un intento expreso de poner en cuestión el lugar de los medios en la pulseada por el poder. Sin embargo, la multiplicación de ejes hace que esta interesante mirada pierda su contundencia. Cuando empieza la obra, el periodista principal acaba de realizar una publicación por la que su ética profesional se ve cuestionada y recibe presiones del canal en el que se desempeñaba con anterioridad. Sin mucho desarrollo, este dato de la anécdota sigue su camino en la dinámica reproductiva de un programa en vivo, en el que dicho profesional es el moderador. Pronto entran en escena Paola Larrama y Nicolás Tapia, que interpretan con gran soltura y solvencia a dos diputados jóvenes del partido de gobierno y del de la oposición, respectivamente. De ahí en más, el montaje se torna un extenso desarrollo de ideas, apegado a discursos reales de ambas ramas políticas, en el que el periodista interviene con estadísticas y números sobre los temas que en la actualidad generan mayor discusión.

Como hilos conflictivos, se deslizan en segundo plano una huelga de trabajadores del canal de televisión, que atraviesa problemas económicos, y la irrupción de un personaje sindical (un excelente Pablo Sintes) que viene a cuestionar el lugar de estos políticos y su incidencia en la vida social, mientras aporta una cuota de humor que quiebra la monotonía. Más allá de la búsqueda de una extrema verosimilitud en el montaje, con un ingenioso juego con el afuera, a través del personaje de la movilera (Cecilia Yáñez) y una búsqueda de complicidad con los espectadores llevada con lograda naturalidad por la asistente de piso (Victoria Pereira), la puesta en escena cae en el tedio del discurso político armado y forzado por una mecánica expositiva y, por lo tanto, poco reflexiva desde el punto de vista escénico. En la dinámica agresiva del ida y vuelta demagógico se deslizan casos de corrupción, tema de interés que alcanza su máxima expresión al evidenciar los manejos de las empresas de medición de rating y dejar en el aire una pretenciosa pregunta: ¿para quién trabaja un medio? Un estreno que parece oportuno en medio de una época electoral y resulta un espejo en el que muchos se sentirán identificados.

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