Brotes de la memoria

Los adolescentes toman la palabra.

Los jóvenes tienen mucho para decir sobre los hechos del pasado reciente. Dos adolescentes visitan el Memorial de los Detenidos Desaparecidos / Foto: Héctor Piastri

En marzo se cumplieron 35 años de la reapertura democrática. Varias generaciones hemos nacido y crecido desde entonces. No vivimos la dictadura, pero la huella, que es herida en muchos casos, está presente en nosotros. Los silencios no han podido más que hacer brotar la memoria, allí donde se esconde la palabra. Los testimonios que aquí se presentan son una muestra de eso.

La realización de una tesis de investigación en el marco de una maestría en Psicología y Educación en la Facultad de Psicología me dio la oportunidad de acercarme a varios adolescentes y escucharlos hablar sobre el sentido que le dan al estudio de la dictadura cívico-militar (1973-1985). Tienen mucho para decir sobre el tema y, sobre todo, mucho interés en ser escuchados.

Cada una de las entrevistas tuvo su particularidad, algunas enfatizaron temas presentes, otras se tornaron espacios de intercambio de opiniones entre los mismos adolescentes. De todas me fui conmovida, con el deseo de escribir pasacalles con frases de los estudiantes. Sentía que sus interpretaciones sobre ese tramo reciente de nuestra historia debían salir de sus entornos de clase y llegar a más personas. Por eso agradezco este espacio para darles voz.

La investigación busca desentrañar qué sentido dan los estudiantes al mencionado proceso histórico en relación con su historia familiar. A partir de allí, qué vínculo encuentran entre su vida presente y la dictadura. En su mayoría, los entrevistados expresaron una consonancia entre el sentido que ellos le dan al tema y el modo en que fue vivido y transmitido –no siempre por medio de la palabra– por parte de las generaciones anteriores.

“Mi abuelo y mi abuela tuvieron un contacto fuerte con la dictadura, en el sentido de que mi abuelo fue encarcelado, entonces siempre me interesó saber cómo eran esos momentos. […] Mi abuela me cuenta cómo fue todo, pero claro, nunca cómo era la situación total del país”, compartió Pedro. El estudio de la dictadura en clase de Historia le permitió comprender más acerca de su familia y su pasado, “y en cierta forma eso me afecta a mí como persona: yo vengo de esta familia, en la que pasaron estas cosas”.

Valentina es consciente de que su interés por el tema está muy relacionado con lo que desde chica escuchó en su casa. “La dictadura fue algo que en la familia, sobre todo en la paterna, de alguna manera pegó, entonces siempre se habló de la dictadura […], hubo muchos relatos, muchos, que desde chica me contaron y me chocaron muchísimo. Ahora… no forman parte todo el tiempo de mi vida, pero sí forman un pedazo de la ideología que llevo, mi forma de ser, mis aspiraciones o inclinaciones políticas. Creo que en alguna partecita de mi personalidad, de lo que soy como persona, está presente la dictadura.”

Otros estudiantes se separan de los relatos familiares, explicitando una disonancia entre el sentido que ellos le dan al proceso dictatorial y lo que les fue transmitido por las generaciones anteriores.

Ismael se distancia de las palabras de su abuelo, ex-preso político, y de su abuela, quienes “tratan de justificar todo con la memoria, […] siento que es como que están polarizados, como que lo que hacen ellos está bien y lo que hacen los otros está mal, sin importar la persona que está ahí, están siempre juzgando el pasado, y yo creo que eso te afecta el presente”. Y agrega: “Si hubiera sido educado por ellos, ya tendría una postura fija sobre la dictadura”.

Santiago expresó también la disonancia con su familia, en la que no se habla de política ni de la dictadura: “En mi caso no encuentro definitivamente un vínculo con mi familia, creo que […] mi interés por la historia surge como un caso diferente al de toda mi familia, que no suele hablarlo mucho. Mi padre habla un poco de política, pero no como un interés real, entonces creo que lo mío sobre todo surgió de las relaciones de amistad, en las que sí teníamos un gran interés por la historia”.

Valentín compartió los discursos que había recibido en su niñez sobre el proceso: “Algunas cosas, escuchar en la mesa ‘estos zurdos asquerosos’, ese relato de que los comunistas fueron los que llevaron a la dictadura; esas cosas, y no entender mucho por qué los culpaban a ellos, si en realidad los que estaban en el poder eran otros”. En su opinión, el haber estudiado el tema en el liceo lo acercó a otra mirada, permitiéndole construir su propia postura. “Después de estudiarlo me dio un poco de calentura el hecho de que desde chico sintiera esos comentarios, y capaz que si no hacía [la orientación] Derecho y no estudiaba Historia este año […], me quedaba con esa idea, de todo lo que ellos repetían. Después de estudiarlo vi por lo menos que hay cosas que objetivamente no eran así. Y hay otras que ya dependen de cada uno, y desde mi visión no son tan como ellos decían.”

La mayoría de los estudiantes considera conveniente que tanto la historia nacional en general como la dictadura en particular puedan ser estudiadas en todas las diversificaciones de bachillerato. Enfatizaron también la importancia de la memoria para no volver a un gobierno dictatorial.

Alejandra, por ejemplo, sostiene que para ella estudiar esa etapa es importante porque es una parte de la historia reciente de nuestro país que “marcó muchísimo en todos los aspectos […]. Es más, en la educación fue algo que marcó también […], podemos ver nosotros los cambios que hay, compararnos nosotros en el liceo, o estudiando en general, con la gente que estudiaba en ese momento, entonces [así podemos] darnos cuenta de esas cosas, valorar otras”.

María afirma que estudiar el tema puede ayudar a no ser indiferente, y se pone ella misma de ejemplo: “A mí me sucedía, no tenía idea de lo que fue la dictadura, no tenía idea de nada y decía que […] Uruguay para salvarse tenía que… había que hacer un golpe de Estado, por ejemplo, literalmente decía esas cosas”.

Paula aporta otra fundamentación. Sostiene que es importante rememorar lo que pasó, pero sin quedar “traumados, con miedo de que si se hace tal o cual cosa, vamos a volver a una dictadura”. Entiende que la sociedad “avanzó un montón” y no cree que con todo lo vivido se pueda volver a lo mismo. Su compañero Ramiro también ve el miedo que quedó en la gente, pero no lo comprende en su totalidad. Sobre todo el miedo que, desde su perspectiva, gran parte de la población les sigue teniendo a los militares: “A mí los militares me aportan seguridad, no sé, no me dan miedo, me dan confianza, y es lo que a mí me transmiten”.

HASTA ENCONTRAR AL ÚLTIMO. La búsqueda de los detenidos desaparecidos formó parte sustancial de las fundamentaciones. Valentín llegó a la entrevista con su termo y su mate, compartió algunos mientras conversábamos y mantuvo durante todo el rato una postura muy comprometida. Sobre el tema general del encuentro dijo: “Tengo interés, pero porque me gusta la política, porque hay cosas que por más que no me haya tocado vivirlas de cerca –como tener un familiar desaparecido o algo– sí me toca el hecho de que hubo gente que sí y que no me gustaría que las cosas vuelvan a pasar; no me gustaría que queden abiertas algunas cosas. A mí lo que más me toca sobre la dictadura es el tema de los desaparecidos, pensar que hay gente que por más que seguramente ya sepa que su familiar está muerto no tiene cómo comprobarlo. No tener cómo, no tener cuándo, no tener dónde, no saber qué le hicieron al cuerpo, no saber dónde está el cuerpo”. Y agrega con indignación: “Pienso que hay un poco de insensibilidad en ese sentido, pienso que debería cerrarse, y que lo merecen las familias que todavía están buscando, por ejemplo, Luisa Cuesta, que murió y nunca supo dónde está el hijo, en ese sentido es el que más me toca”.

La entrevista con Pedro, Marcela, Santiago e Ismael fue grupal, y esto permitió una fluida interacción. Pedro relacionó la dictadura con el hoy, argumentando que los desaparecidos siempre están presentes en “el tema del reconocimiento de la violación de los derechos humanos, los sitios de memoria”. También en cómo lo vive la sociedad: “Con respecto a la ley de caducidad, que se intentó tres veces eliminar y ninguna de las tres se pudo –porque, en cierta forma, sigue estando ese ‘miedo’ de que si seguimos tocando ese tema, vamos a volver a lo que estaba antes […]–, para mí es una ley que no tendría que existir […] porque, para terminar realmente, hay que tratar lo que pasó ahí y, una vez tratado, ahí sí podemos cerrar finalmente ese tema”.

Marcela concuerda: “Yo iba a decir eso, que creo que al final es como una lucha medio rara, de no tocar más el tema porque ya pasó, es parte de nuestra historia y no tiene que volver a pasar, entonces no vamos a hablar de eso. Pero a su vez siempre está presente, cuando se habla del caso de Manini y de Gavazzo, de los desaparecidos, ahora con lo de Bleier. Entonces sí está presente, pero está como ese juego de que no debería estar presente porque es parte de nuestra historia. […] Tengo la misma opinión sobre la ley de caducidad, y creo que, como dijo Pedro, el cierre de esa etapa de la historia se va a dar cuando se tenga una respuesta sobre los desaparecidos”.

Ismael compartió con sus compañeros la opinión sobre la ley de caducidad y argumentó que fue una medida de emergencia que se tomó para tener cierta tranquilidad en ese momento y dar paso a la democracia, “pero ya pasaron bastantes años como para poder sacarla. […] Pienso que los militares deberían ser investigados, caso por caso, y que cada uno cumpla su respectiva pena. […] Por suerte es un tema que no me tocó, está ajeno porque yo no tengo ningún familiar muerto ni estoy tan metido en el caso de las excavaciones. Considero que hay que hacerlas, pero, no sé cómo explicarme, no me compete tanto, ya que no tuve ningún familiar cercano; si hubiera tenido, me interesaría un poco más”.

En otra entrevista, Martín y Florencia mostraron un real interés por la temática de la dictadura y la relacionaron directamente con su vida presente.

Florencia considera obvia la relación, “primero por la búsqueda de los desaparecidos, me parece que hasta que no aparezca la última persona desaparecida no es un tema que se puede dejar así. También para tener memoria de todos los crímenes que se cometieron, los estudiantes que fueron asesinados o reprimidos, o los presos políticos; no sé, me parece que es muy importante recordar esa historia, tener memoria para no repetirlo, […] buscar la verdad, creo que eso se relaciona con lo que yo quiero en mi vida presente o por lo que yo lucho, reivindico y espero de la sociedad”.

Martín acompañó su discurso: “Yo creo que es fundamental reivindicar nuestra democracia siempre, todo el tiempo, y para poder reivindicar nuestra democracia es importante tener en cuenta lo que pasó ahí. Y lo mismo con los desaparecidos, es un tema importante porque es un tema que no cerramos, porque es un debe que tenemos con todos los desaparecidos y con todos los familiares, y mismo con nosotros mismos, lo tenemos que tener ahí presente para construir”. Y agregó: “A mí es un tema que me genera mucho interés y mucha angustia también, en el sentido de que hay gente que quiere dejarlo olvidado, cerrar por ahí, y a mí me genera como una desesperación, daría vuelta todo los batallones hasta encontrar a la última persona que tenga que aparecer”.

El silencio ha sido posible, pero no lo ha tomado todo. La transmisión desde las generaciones afectadas hacia las nuevas generaciones ha encontrado espacios de sostén del discurso en algunos casos y de contraposición en otros. Las aulas de Historia también se han tornado espacios de reivindicación de la memoria.

Este año la Marcha del Silencio toma otra forma. No caminaremos por 18 de julio con la tristeza a cuestas. Nos haremos presentes con las margaritas en nuestras ventanas, las banderas en los autos, los pañuelos en las mochilas y en los manubrios de las bicicletas. Familiares somos todos, los adolescentes y los jóvenes, también. Y allí donde se quiera esconder la verdad, la memoria, como el sol, buscará los huequitos para alumbrar.

Las entrevistas fueron realizadas entre los meses de octubre y noviembre de 2019. Fueron entrevistados 15 estudiantes de 17 y 18 años, que cursaban sexto año, diversificación Derecho o Economía. Todos habían estudiado la temática de la dictadura en la asignatura Historia, con distintos grados de profundidad, y estaban al tanto del tema de la entrevista.

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