De carne (y papel) somos – Brecha digital

De carne (y papel) somos

Una muestra que despliega una atractiva selección de pequeños placeres visuales, una compilación de intereses (dibujo, erotismo, humor) poco frecuentes en espacios expositivos, la propuesta de Fermín Hontou (Ombú), funciona tanto como ámbito de reflexión dentro de los evasivos límites de la interpretación de la imagen como estimulante disparador de fantasías plásticas.

Exposición Ombú.

“Pasad, pasad, mujeres ­vo­­luptuosas
con danza y algazara­ en confusión…”

José de Espronceda,
“A Jarifa, en una orgía”, 1840.

Sueños (húmedos) de tinta. El cuerpo desnudo (en especial femenino, pero no exclusivamente) expuesto, esto es, saliendo de los parámetros de pudor e intimidad que en general la sociedad occidental impone dentro de los cánones de relacionamiento establecidos, funciona como escenario de ambigüedades y tensiones. Así por ejemplo, en el siglo XIX un desnudo validado por la condición mitológica del relato asociado era aceptado y “artístico” de acuerdo a la academia, pero un escándalo la exposición corporal, similarmente pictórica, de la mujer anónima (o peor aun, públicamente conocida, pero no por incorporar los atributos de Diana o Afrodita, sino por ser una frecuentada prostituta parisina, como la Olympia de Manet). Es que el cruce entre arte y erotismo, si no nuevo, resulta aún vital en la dificultad para establecer límites y problemáticas específicas, conflicto visualizado desde las primeras líneas del catálogo de la exposición de Ombú, en el interés de ensayar una posible línea divisoria entre pornografía y erotismo, y su vinculación con el arte. En el planteo de la curadora María Yuguero “la imagen pornográfica, en su desborde de evidencia descriptiva del detalle, su sobreabundancia de información” resulta más obvia y menos inquietante que el “rasgo de misterio” que el erotismo comparte con el arte, “dejando librada a la imaginación del contemplador una lectura profunda”. El itinerario trazado por obras de pequeño formato, con dibujos que, en muchos casos, mantienen la frescura inmediata y la levedad poética del apunte, enfrentan también, en su saludable desacato, la mirada neutralizada de un espectador actual saturado de corporalidades varias en horario televisivo central. A lo largo del recorrido, la capacidad perceptiva se va despertando del letargo en el que lo dejó la sobreestimulación cotidiana, dejándose seducir por este festejo de una sexualidad que, apelando al humor, escapa tanto a un tratamiento solemne del tema como a la banalización cotidiana e invisibilizante. La realidad es amplia y compleja, y resulta esclarecedor también en este punto el texto curatorial: el terreno en el que actúan sus personajes tiene la ambigüedad gris de la materia erótica, que evade la claridad del planteo de contrastes polarizado en púdico y obsceno”.

El placer de dibujar placeres. Si hablamos de referencias y ejemplos sobre el interés por el erotismo en obra gráfica, los ejemplos que surgen son tan numerosos como atractivos. El autor reconoce el interés que le genera, por ejemplo, la obra erótica de Egon Schiele o de Picasso, dentro de una extensa galería visual y cultural que incluye tanto los grabados japoneses de temática erótica como la cerámica de la cultura Mochica. De acuerdo a sus palabras, “el tema de la erótica me resulta muy atractivo. Tengo muchos libros sobre exposiciones que se hicieron en Suecia. Colecciones que incluían, además de dibujos, cerámicas, por ejemplo de los mochicas y su representación de la sexualidad. O grabados japoneses y obras chinas”. Trasladar esta inquietud al papel da como resultado una obra dinámica y vital que incorpora, además, breves referencias culturales en el soporte de pequeños textos que funcionan como pistas y distractores en la esencial ambigüedad del juego de saludables incorrecciones. Los límites de esta realidad trastocada están establecidos por este hacedor demiurgo (con lo peligroso que resulta que a un dios le dé por ponerse gracioso) que soporta sus creaciones en la figuración evocada, fortalecedora del carácter lúdico-onírico de varias composiciones en las que conviven la monumental mujer con pezones en sus nalgas, una piraña seductora, la vede-tte de la comparsa y el infaltable personaje “woddiallenesco” que sólo puede sobrellevar esa explosión de potencia sexual femenina en una interminable sesión de terapia. Esa fuerza carnal contenida en las viñetas “descontextualizadas” se cruza con el erotismo que subyace en el propio acto de dibujar, dando como resultado una obra visual gráfica en la que resulta casi tangible el goce evidente de la experiencia creativa.

La donna È mobile. En esta santa hermandad de los fieles del gozo exhibido, encontramos variadas referencias al arte clásico, que funcionan sobre todo como insumo visual del acervo erótico. Los dibujos sintetizan, extraen del contexto sacralizado del arte de museo la esencia sensual de cada pieza. Este particular poder de síntesis da lugar a dibujos que funcionan como hojas de un cuaderno de viaje por el mundo clásico y por la realidad actual, reflejo de un estado permanente de observación creativa. La figura de la mujer es la gran protagonista en este universo visual resultante, que, si bien enfatiza y expone su sensualidad, trasciende edades y estereotipos. Situadas en el doble papel de “objeto del deseo” y “sujeto de transgresión”, estas mujeres de papel parecen compartir elementos que la profesora Laura Malosetti identifica en sus antecesoras, las protagonistas de las fantasías pictóricas decimonónicas: “Psique, Eva, Pandora, primeras seductoras fatales en muchos relatos de origen, tienen en común dos cosas: una belleza aterradora y la voluntad de saber”. También aquí, las diversas bellezas desafiantes “posan” con atributos de ruptura o conocimiento, como la joven desnuda que exhibe cálculos matemáticos, o la dama que tiene la potestad de escuchar por su vulva. La sexualidad lúdica de los pequeños personajes de este microcosmos sensible se baraja en un reparto de roles en que el espectador deviene inevitablemente en voyeur y cómplice de travesuras de las rotundas “Evas Pandoras” actualizadas y vernáculas, que en su mayoría manifiestan la voluntad de hacer con su sensualidad lo que buenamente les dé la gana.

  1. Fermín Hontou (Ombú), De la grey que aspira a ser oscura. Selección de obra erótica de 1982 a la actualidad. En la sala de arte Carlos Federico Sáez del Complejo Cultural del Mtop. Con curaduría y textos de María Yuguero. La muestra permanecerá abierta al público de lunes a viernes, de 9 a 17 horas, en Rincón 575 planta baja, hasta el 19 de octubre.
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El hacedor de grises encendidos

Sobre influencias y referencias de la temática erótica y el juego desde las palabras que componen el título de la muestra en una breve síntesis de la conversación que para esta nota mantuvimos con el artista.

“En lo que respecta a los dibujos de la muestra, hay algunos muy antiguos. Dentro de lo que seleccioné hay obra reciente, pero también cosas que datan de los ochenta y los noventa. Con respecto al nombre de la exposición, yo hice un dibujo para Brecha en una reseña que Sofi Richero escribió sobre el libro 50 sombras de Grey y eso abrió como un juego, el disparador para revisar lo que podría comprender “obra erótica” en las carpetas donde guardo mi trabajo. De ahí salió la intención de la muestra y la selección que hicimos con María Yuguero. En el conjunto hay, por ejemplo, bocetos para Guambia, para la Guambia Verde, para El País Cultural, para Brecha. Hay ideas que he reversionado varias veces, y de todo ese material quedó esta selección de un amplio panorama temporal en que el erotismo es el hilo conductor, pero a la vez su tratamiento no es tan explícito. El nombre de la muestra surgió jugando con la palabra “grey” y las múltiples acepciones en nuestro idioma (“hermandad”, “conjunto”, “hato”, entre otras) a las que se podía apelar, con un cierto halo de ambigüedad. Por otra parte, releyendo la poesía de Borges, me encuentro medio de casualidad con ese poema dedicado a Alfonso Reyes, que refiere al Quijote y a esa “grey que aspira a ser oscura”. El conjunto de elementos generaba un círculo de significación que cerraba muy bien con el espíritu de la selección, que juega en varios sentidos al borde de la ambigüedad, de la sombra que no quiere, no sabe llamarse así. Me cerró el círculo cuando encontré ese verso. El lenguaje visual es muy importante para mí, pero también en esta etapa lo conceptual, lo literario, lo discursivo están muy presentes, y por eso los incluí en el título”. 

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