Desde el otro lado del río - Semanario Brecha

Desde el otro lado del río

“Inestable”, “Othelo” y “La suplente”.

Inestable (Sala Verdi)

Tres espectáculos provenientes del circuito independiente bonaerense que nos visitaron en los últimos días eligieron transitar por los terrenos del humor para aludir a temas, entre otros, tan serios como los que afligen a los personajes de una de las tragedias más famosas de Shakespeare.

Inestable (Sala Verdi), escrita, dirigida e interpretada por Andrés Caminos y Gadiel Sztryk, de la Compañía Suttotos, cuenta con lauros de la Bienal de Teatro Joven de Buenos Aires, y desde el propio título alude a los quiebres en la comunicación de dos hombres comunes –amigos, parientes, hermanos quizás– cuyas propias fobias y ataduras los empujan a malentenderse y agredirse cada pocos instantes. Por cierto que, como en la mayor parte del mundo ¿civilizado?, dichas agresiones no son más que de palabra o de tono, por más que alcanzan para pintar tanto a los dos involucrados como a la gran fauna que los rodea, ya sea en la platea o fuera de la sala. La ocurrente irrupción de ambas siluetas y el formidable dominio de Caminos y Sztryk en el manejo de los gestos y los tiempos teatrales constituyen dos poderosos imanes que los responsables mantienen a lo largo de la velada, a pesar de que, al promediar la puesta, el espectador pueda advertir que haría falta una idea central –¿conflicto?– para llegar a una culminación que, en este caso, aparte del indudable desempeño actoral de los citados, resulta un tanto antojadiza o, en todo caso, borrosa.

Othelo (El Galpón, sala César Campodónico), de William Shakespeare, adaptada y dirigida por Gabriel Chamé Buendía, se toma las licencias –hasta la de suprimirle una “l” al nombre original del protagonista– del caso para hacer que tanto el titular como Desdémona, Yago y acompañantes se internen por tierras del humor, sin que por ello se pierda el hilo argumental de una historia que aquí apela a las técnicas físicas, burlescas y, sin duda, del clown, al servicio de una trama que incorpora escenografía y objetos estrictamente funcionales, música actualizada –incluida una estremecedora versión de “Una furtiva lacrima”– y la utilización de una cámara que filma en el momento, de modo de atraer más la atención sobre ciertos personajes. Temas como el amor, los celos, el racismo, la violencia y la ambición, a pesar de que se apueste a hacer una comedia en la cual apenas molesta la incorporación de un par de ocurrencias vulgares que poco y nada agregan a la concepción general del espectáculo, no dejan de hacerse notar a medida que avanza la acción. Ésta cuenta con el estupendo rendimiento de Matías Bassi, Elvira Gómez, Gabriel Beck y Martín López Carzoglio, prontos a hacer uso de la voz, la gestualidad, los movimientos y el cuerpo entero, de manera de desdoblarse en las siluetas que el texto reclama. Las luces de David Seiras y Jorge Pastorino, el vestuario diseñado por el propio director y la banda sonora de Sebastián Furman colaboran en la incursión por todo lo alto.

La suplente (Sala Verdi), escrita y dirigida por Mariano Moro, le da pie a la infatigable María Rosa Frega para componer a una profesora de literatura molesta por tener que sustituir a una criticable titular. A lo largo de un unipersonal que le exige bajar a la platea, treparse a un pupitre y alguna otra inesperada proeza física, la docente, a la vez que descarga sus quejas contra la enseñanza y el mundo en general, no deja de aludir a autores, como sor Juana Inés de la Cruz, Wilde o Quevedo, así como a ciertos reconocibles personajes que se entremezclan en su discurso. Más allá de que la laureada actriz deja muy en claro su dominio de la escena, una indudable capacidad para enfrentar los cambios de ánimo marcados por Moro y la espontánea relación con la platea, el texto no le permite, sin embargo, definir a fondo una silueta cuya afinidad con la literatura el público no acaba de entender. Rabietas de enseñante y maldiciones a propósito de la vulgaridad que invade cada dos por tres a la pantalla chica, Tinelli mediante, la conclusión en cuanto a cómo es realmente esta mujer no se plantea tampoco con la claridad deseada. Por más que la suplente vocifere acerca de la docencia, aquellos que la rodean y su propia vida, nadie alcanza aquí a descubrir –como correspondería– su verdadera identidad.

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