La candidatura de Pereira reordena la interna frenteamplista

El centro contraataca

El Frente Amplio se encamina a renovar sus autoridades. El escenario de cara a las elecciones que van a definir esta renovación todavía no está totalmente planteado, pero ya es posible observar cambios importantes en el mapa frenteamplista, con el centro ganando terreno. 

Después de las elecciones departamentales de 2020, la interna frenteamplista había quedado organizada en tres zonas: la izquierda, el centro y el Movimiento de Participación Popular. El centro, hasta hace poco, estaba en problemas, a Causa de la derrota de 2019, que se dio después de un gobierno centrista, con un candidato centrista. Fue nuevamente derrotado cuando Daniel Martínez quedó tercero en las departamentales de Montevideo. Y estaba, además, dividido, por no lograr que los polos liderados por Danilo Astori y Mario Bergara se pusieran de acuerdo.

Esto último se solucionó la semana pasada, cuando se difundió una carta de apoyo a la candidatura de Fernando Pereira, firmada por Asamblea Uruguay, Fuerza Renovadora, Partido Demócrata Cristiano, Plataforma, Claveles Rojos, Movimiento Humanista y Daisy Tourné. En esa carta, además, los firmantes declaran estar «decididos a establecer una coordinación que permita articular acciones basadas en una visión común», para lo que trabajarán «de manera conjunta en la orgánica frenteamplista, el Parlamento y otros espacios comunes de la acción política». (Re)nace un bloque.

Contraria es la situación en la izquierda. En 2020, detrás de la candidatura de Carolina Cosse, se habían unido el Partido Comunista de Uruguay (PCU), el Partido Socialista, el Partido por la Victoria del Pueblo (PVP) y Casa Grande, logrando agrupar a buena parte de quienes eran críticos con el rumbo centrista de larga data en la coalición-movimiento. El mantenimiento del bloque de izquierda, junto con la dispersión del centro, podía implicar que se dieran discusiones políticas que revisaran el rumbo que el Frente Amplio (FA) había tomado en las últimas décadas. El apoyo del PCU a la candidatura de Pereira, confirmado el fin de semana pasado, pone en suspenso la continuidad de ese agrupamiento, mientras la candidatura del secretario general del Partido Socialista, Gonzalo Civila, puede leerse como un intento de continuar con el espacio, sin el más grande de los socios. Se esperan, por esto, las definiciones de Casa Grande y del PVP. La Amplia, sector de Cosse, ya explicitó su apoyo a Civila.

Hay diferentes formas de interpretar la decisión del PCU. Por un lado, es sabido que los comunistas prefieren candidaturas de consensos y acuerdos amplios. Por eso promovieron a Carámbula, y no es extraño que apoyen una candidatura que despierta apoyos trasversales. En segundo lugar, Pereira, en el PIT-CNT, tiene una larga historia de acuerdos con los comunistas, y a esto se suma que la salida de Pereira puede fortalecer la posición de los comunistas en el movimiento sindical. Puede especularse, por último, que haya razones internas para esta reorientación y que diferentes corrientes tengan diferentes ideas sobre qué tipo de alianzas deben desarrollarse en el interior del FA.

La restante zona del FA, el Movimiento de Participación Popular (MPP), sale ganando. Mujica es uno de los principales promotores de la candidatura de Pereira, junto con dirigentes de varios sectores. El actual presidente del PIT-CNT suma apoyos de los ya mencionados firmantes de la carta, más el PCU, el MPP y la Vertiente Artiguista (VA), sector al que pertenece. Esto lo convertiría en un candidato muy fuerte, que si llega a la presidencia, sería con apoyos mucho más amplios que los dos últimos presidentes de la coalición. Pereira, además, viene de ser una cara visible del exitoso proceso de recolección de firmas contra 135 artículos de la Ley de Urgente Consideración (LUC), y de presidir al PIT-CNT, con todo lo que eso implica en términos de conocimiento de la realidad nacional, capacidad de articulación y exposición mediática. Con Pereira, el FA tendría, por primera vez en mucho tiempo, un presidente fuerte, de quien sería difícil negar, incluso, su proyección como candidato presidencial en 2024.

De algún modo, Pereira representa cierta síntesis de lo que los sectores que lo apoyan buscan. Para quienes entendían que el FA debía acercarse al «bloque social de los cambios», tomar como presidente a un dirigente sindical puede colmar esa aspiración. El éxito de la campaña de firmas contra la LUC hace que el FA tenga que plantearse este referéndum como prioridad, y por ese lado tiene sentido poner a presidir en la coalición-movimiento a alguien que venía involucrado en ese tema (esto sin duda le causa problemas al PIT-CNT. Pareciera que ese es el precio que el FA estaría dispuesto a pagar. O, mejor dicho, a hacerle pagar al PIT-CNT).

Para el centro, Pereira da garantías, tanto por pertenecer a la VA, un sector lejano a posturas radicales, como por sus propias posturas y las formas moderadas. Curiosamente, el centro, que en el inicio estaba en contra de ir a un plebiscito contra la LUC, termina saliendo bien parado del éxito de ese esfuerzo, lo que es un buen recordatorio de que nunca hay que subestimar su capacidad de adaptación. De ser electo, Pereira se sumaría a una tendencia que viene manteniéndose hace mucho y es a que el presidente del FA sea un centrista, después de Miranda, Xavier, Brovetto y también Vázquez y Seregni.

Desde los años noventa, el FA viene transitando un proceso que por lo general se llama renovación y que en su contenido implica un «corrimiento al centro», es decir, alejándose de las posturas socialistas y tercermundistas normalmente asociadas al «sesentismo» y acercándose a consensos tecnocráticos en torno a políticas que podríamos llamar proinversor. Si la derrota de 2019 pudo poner en cuestión ese rumbo, el acuerdo de sectores detrás de Pereira parece indicar que estos no quieren que la lucha por la presidencia del FA sea un campo de disputas ideológicas profundas. Intentar que esto último sí se produzca es lo que podría dar energía a una candidatura de Civila, que llegó a la secretaría general del Partido Socialista después de dar esa misma discusión.

En cuanto a las otras candidaturas, Martín Couto, del Ir, bajó la suya, y se espera la definición por la candidatura de una mujer, que probablemente sea Ivonne Passada o Carmen Beramendi, promovidas por organizaciones de base. Existe un acuerdo de que entre los candidatos que se presenten haya por lo menos una mujer, siguiendo las definiciones del FA sobre paridad.

Hay diferentes maneras de leer la interna frenteamplista, que tienen que ver con procesos que se dan en varias temporalidades superpuestas entre sí. Podemos identificar por lo menos cuatro. La más común es leer todos los sucesos, incluida la definición de las autoridades, como jugadas en el marco de la cuenta regresiva hasta 2024. Así, todo puede ser interpretado según si beneficia a Cosse o a Yamandú Orsi (o si habilita la aparición de terceros o cuartos). Al ser la presidencia de la república el premio mayor de la política uruguaya, es entendible que muchas miradas políticas y periodísticas estén puestas allí. En este nivel, podemos decir que el PCU ha dado más de una señal de estarse alejando de Cosse (que, recordemos, fue electa senadora en 2019 por la lista 1001) y que emerge Pereira como figura a tener en cuenta. Orsi espera, tranquilo.

Otra temporalidad es la del referéndum sobre la LUC. Las papeletas se siguen contando y se aceleran los tiempos para montar una campaña, lo que requiere definiciones y construcción de organización de forma urgente. En esta situación, los movimientos bruscos en la cúpula pueden desestabilizar estos esfuerzos. Que las cuestiones dirigenciales se resuelvan bien y lo más rápido posible puede ser vital para el éxito de la campaña.

Una tercera temporalidad en juego es la del calendario orgánico del FA, con un congreso atrasado (cosa que también les ocurre al PIT-CNT y a varios partidos del FA), los mandatos de las autoridades vencidas y una autocrítica postergada, todavía en discusión. La urgencia de definiciones en esto hace inevitables, en alguna medida, las desestabilizaciones de las que hablaba en el punto anterior. Hay que esperar al congreso para ver el contenido de esta autocrítica, y a las elecciones para ver cómo se conforma el plenario. Hay que ver también en qué medida estas instancias canalizan las discusiones sobre las bases y sobre el interior que se están dando en la estructura frenteamplista.

Por último, hay un tiempo más largo, el de las transformaciones ideológicas y estratégicas, que se mide en décadas. Siendo gruesos, podemos decir que la izquierda uruguaya vivió tres grandes etapas: una primera desde el 900, cuando se desarrollan corrientes y organizaciones anarquistas, socialistas y comunistas, en diálogo y en conflicto con el batllismo; una segunda etapa que empieza con los sesenta, con un giro hacia la cuestión nacional y la búsqueda de la unidad, y una tercera en la que, a partir de los ochenta, toman centralidad los derechos y el «corrimiento al centro». ¿Estará por empezar un cuarto momento? ¿Cuáles serían las señales de que eso está por pasar? ¿Qué tan capaz es el centro, que dominó las últimas décadas, de mantener el control?

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