El discreto encanto de los moderados - Semanario Brecha

El discreto encanto de los moderados

Elecciones en España.

El presidente del gobierno de España y candidato del Partido Socialista Obrero Español, Pedro Sánchez, saluda a sus partidarios en un acto de campaña en Barcelona, el 25 de abril / Foto: Afp

Los socialistas se perfilan como los ganadores de la justa electoral española del próximo domingo, aunque nadie descarta una sorpresa desde la extrema derecha que cambie el equilibrio de fuerzas. La irrupción de Vox y el conflicto catalán acapararon la campaña.

El Partido Socialista Obrero Español (Psoe) se perfila como la fuerza política más votada para las elecciones generales de este domingo 28. Su ventaja es el resultado de un reposicionamiento en el centro del espectro político, mientras el partido se muestra como un opción moderada que mantiene el espíritu de la transición democrática española. Frente a un clima de crispación, resultado del conflicto catalán y la polarización que genera el crecimiento del partido de extrema derecha Vox, la carta de mesura, estabilidad y diálogo parece la ganadora en la disputa electoral.

El resurgir del Psoe es algo que pocos hubieran imaginado hace más de dos años, cuando su líder Pedro Sánchez dimitía con rostro desencajado a la presidencia del partido y a su banca en diputados. Pero el tiempo del descrédito pasó y sus votantes parecen haber olvidado el episodio. Ahora Sánchez –que sucedió a Mariano Rajoy al frente del gobierno tras el triunfo de la moción de censura presentada por los socialistas en mayo del año pasado– se pasea con una sonrisa triunfalista por mítines y debates, dispuesto a continuar en el cargo de presidente, pero esta vez a través de una victoria en las urnas. El objetivo parece cumplido: posicionar nuevamente a la fuerza socialista como partido hegemónico de fuerte presencia nacional.

Para Javier Franzé, politólogo y docente de la Universidad Complutense de Madrid, el Psoe suma adeptos porque parece poner un manto de tranquilidad sobre el desafíoindependentista catalán frente “a la posición de Vox y del Partido Popular (PP) de tensar la cuerda, de ir exclusivamente por el lado de la justicia”. “En ese aspecto el Psoe vuelve al discurso más tradicional de la transición, que es el de la moderación, y abre una puerta de diálogo sin hablar de referéndum ni de independencia. Ofrece una opción que va bastante en la línea política que ha tenido el país en los últimos 40 años”, dijo Franzé a Brecha.

Un promedio de las últimas encuestas realizado por El País de Madrid posiciona a los liderados por Sánchez con una intención de voto de entre 27 y 31 por ciento, seguidos del PP, que oscila entre el 17 y el 24 por ciento. Más atrás quedan Ciudadanos (CS) con entre 14 y 16 por ciento, la alianza de izquierdas Unidas Podemos con entre 11 y 14 por ciento, Vox con entre 9 y 14 por ciento; y más lejos Esquerra Republicana de Cataluña (Erc) y el Partido Nacionalista Vasco (Pnv), que no sobrepasan cada uno el 4 por ciento. Si bien en España es vox pópulique los sondeos nunca aciertan, es difícil que cambie la tendencia ganadora.

El sufragio no es obligatorio. El nivel de participación en la última elección fue del 66,5 por ciento, el más bajo desde 1977, y se teme que esta vez suceda lo mismo. Según el barómetro preelectoral del Centro de Investigaciones Sociológicas, un 41,6 por ciento de los encuestados no tiene decidido su voto. Sólo la mitad de los menores de 25 años acudiría a votar, mientras la cifra se eleva a 72 por ciento entre las personas que tienen entre 55 y 64 años. En este contexto, el presidente Sánchez llamó a la ciudadanía a concurrir a las urnas para evitar que la abstención le dé el triunfo a la derecha.

IZQUIERDA Y DERECHA. Esta elección define la conformación del Congreso de los Diputados, compuesto de 350 bancas. El reparto de los escaños se otorga según la ley orgánica del régimen electoral general, a través de un complejo sistema de cálculo basado en el sistema D’Hondt, que otorga los cargos a quienes hayan obtenido los coeficientes mayores. Teniendo en cuenta la paridad entre los partidos, habrá que esperar al domingo para conocer la correlación de fuerzas que habilitará la designación del próximo presidente español.

En los últimos años, los únicos partidos con respaldo para conformar gobierno han sido el Psoe y el PP, un bipartidismo imperfecto que se nutría de pactos o apoyos de los nacionalismos vasco y catalán, o de los pequeños partidos de izquierda. Esto se rompió en 2014 con la irrupción de Podemos y Ciudadanos en el escenario político, tras la crisis económica y el movimiento 15 M. Las elecciones de 2015 plantearon por primera vez un tablero multipartidista con cuatro fuerzas que lograban superar el 10 por ciento de los votos. A este escenario se suma ahora Vox, que se posiciona como la quinta opción a nivel nacional, luego de haber obtenido una alta aprobación en las elecciones autonómicas de Andalucía, en las que finalmente pactó con PP y CS.

“Lo que ha pasado en el último año es que se ha reforzado el eje izquierda-derecha, donde sale ganando el Psoe, que claramente bloqueó la opción de Podemos de introducir el eje arriba-abajo”, sostuvo Franzé. Según el politólogo, a los socialistas les viene bien el fenómeno, sobre todo con la aparición de una derecha recargada que los hace lucir más progresistas que en los últimos años. “Esto último incluso obliga a Unidas Podemos a no criticar demasiado al Psoe”, agregó.

AL FONDO QUE HAY LUGAR. Podemos surgió como una apuesta de gobierno desde la izquierda y logró en un principio esperanzar a una parte del electorado. Pero ahora, con la nueva configuración del tablero político y luego de una crisis interna que lo ha llevado a perder seguidores, aparece como un partido mediano muy similar a lo que fue Izquierda Unida. Tampoco Ciudadanos, que logró posicionarse como tercera fuerza, ha logrado desbancar a los dos grandes partidos.

En ese marco, el surgimiento de Vox –un partido que se niega a reconocer la violencia de género como un problema real, que rechaza las iniciativas de memoria histórica y el derecho al aborto, y hostiga a la comunidad Lgbtiq+– lleva a partidos como el PP y Ciudadanos a dar un pasito más a la derecha, mientras obliga al Psoe y a la alianza de izquierdas Unidas Podemos a hacer frente común.

El nuevo presidente del PP, Pablo Casado, llegó a plantear la posibilidad de derogar la ley del aborto de 2010, una norma que no era cuestionada hasta que apareció Vox. Para Asier Blas, politólogo y docente de la Universidad del País Vasco, sin importar la cantidad de votos que alcance la extrema derecha, “el mayor éxito no es ganar las elecciones, sino arrastrar al PP y a Ciudadanos a comprar parte de su programa y determinar el debate electoral”.En diálogo con Brecha, Blas sintetizó: “Se está discutiendo lo que quiere Vox”.

En las elecciones de 2016, el tópico por excelencia era el de la corrupción, que salpicaba a los populares con casos como el de su “caja B” de financiamiento o la llamada “trama Gürtel”. También los temas económicos estaban sobre la mesa, algo que desapareció con la mejora macroeconómica, que no necesariamente significó una mejora para las poblaciones más vulnerables de España. De cara a los comicios de este domingo, aunque Unidas Podemos y el Psoe intentaron incorporar el tema de la vivienda o de la precarización laboral, el debate permaneció enfocado en la crisis catalana.

Para Blas, “lo propositivo y los debates sobre temáticas sociales no está adquiriendo ninguna importancia. Lo que moviliza la votación no es el voto ‘por’, sino el voto ‘contra’. A la derecha la moviliza el tema catalán, y a la izquierda, la irrupción de Vox. Esto crea una especie de agujero negro donde las políticas sociales, económicas y educativas quedan muy desdibujadas”.

Desde el PP y CS se aprovecha cada espacio de intervención para acusar a Sánchez de “entregarse” a los independentistas. El líder de Vox, Santiago Abascal, no pierde oportunidad para espetarle que España está “amenazada por los separatistas, y la libertad está amenazada por los ‘progres’”. En cambio, la discusión sobre el espionaje policial a Podemos (véase recuadro), que, de haberle ocurrido a los grandes partidos, sería un escándalo electoral, ocupa un espacio casi nulo.

JUEGO DE TRONOS. Frente a esta polarización, se espera una negociación muy complicada para formar gobierno. De ganar, el Psoe tendría dos opciones. Una de ellas es buscar acuerdos con Unidas Podemos y partidos como Erc y Pnv, en un intento de frenar a la derecha.

Queda por ver hasta qué punto los socialistas estarían dispuestos a asumir parte de la propuesta electoral de la izquierda. En el caso de los nacionalismos periféricos es posible un acercamiento, dada la forma en que el Psoe entiende “la gestión de la cohesión territorial en el Estado español”, explicó Blas, quien recordó además el apoyo que esas formaciones dieron a Sánchez para asumir la presidencia. Desde la cárcel, el independentista Oriol Junqueras, candidato de Erc, repitió la semana pasada que prefiere investir a Sánchez antes que dejarle abierta la puerta a la extrema derecha.

La otra opción para el Psoe es generar una coalición con CS. Aunque desde allí ya han dicho que no acordarán con los socialistas, lo mismo habían planteado en 2016 con respecto al PP, al que terminaron apoyando para formar gobierno en un contexto de bloqueo parlamentario. Esta alternativa es la preferida por las elites españolas, que no verían con buenos ojos el triunfo de una alianza entre las izquierdas y los nacionalismos vasco y catalán.

De todas formas, recién en mayo con las elecciones autonómicas y municipales quedará más claro el tablero político. “Ahí se van a poder negociar alcaldías por autonomías, autonomías por gobierno”, adelantó Franzé. “No está claro que este verano no vuelva a haber un bloqueo como en 2016. Aquella vez se midió como un fracaso de la clase política, y espero que ahora lo eviten, porque no estamos para regalar nada”, sentenció.

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El escándalo de espionaje contra Podemos

Las cloacas de España

“La Udef investiga a Podemos por financiarse con 5 millones de euros de Irán”, “Eta, las Cup y una dirigente de Podemos de viaje secreto a Venezuela”, “Chávez y Maduro repartieron 8,8 millones de euros entre los fundadores de Podemos”: en los primeros meses de 2016, los principales espacios de debate de los medios españoles replicaban estos y otros titulares. Ese año, Podemos alcanzó 69 escaños en el Congreso y se posicionó por primera vez como una alternativa al bipartidismo imperante. En perspectiva, no es raro pensar que esta irrupción política haya despertado las alarmas de quienes no lo querían en el gobierno.

La Audiencia Nacional dirige por estos días una investigación que implica a algunos de los medios de comunicación más importantes de España, policías, funcionarios de gobierno y empresarios. Las primeras informaciones judiciales revelan que las “noticias” sobre el financiamiento venezolano-iraní se trataron de falsedades construidas para desprestigiar a Podemos. Al caso se lo conoce como “las cloacas del Estado”, y es un indicio del peor resabio del franquismo en los cuerpos de seguridad.

Parte de las pruebas del caso fueron remitidas por la Unidad de Asuntos Internos de la Policía tras incautarle a un comisario retirado, José Manuel Villarejo, una serie de documentos que registran el espionaje contra el líder de la formación morada, Pablo Iglesias. En particular, los agentes encontraron el registro íntegro de un teléfono móvil robado a Dina Bousselham, quien en ese momento era ayudante de Iglesias en el Parlamento Europeo.

Villarejo, actualmente detenido en prisión provisional, no sólo está implicado en la causa de espionaje: también está acusado de integrar una red de blanqueo e inmigración ilegal. El ex comisario amenaza con dar a conocer todo lo que sabe e implicar a dirigentes y empresarios, una conducta que muestra las redes de connivencia en el sistema político español. Junto con otros policías imputados en el caso, había sido condecorado por el PP por su “meritoria trayectoria profesional”, con una compensación económica vitalicia de miles de euros. En estos días, el Psoe anunció que retiraría esas medallas por realizar “actos incompatibles con los valores democráticos”.

Pero el ovillo de la campaña de desprestigio sigue dando hilo. El sitio Moncloa.com publicó una grabación del encuentro en Nueva York en 2016 entre agentes de la Policía española con Rafael Isea, ex ministro de Finanzas de Hugo Chávez. En esa oportunidad, los agentes convencieron a Isea para declarar que Venezuela había entregado 7 millones de dólares al Centro de Estudios Políticos y Sociales, ligado a Podemos. En los audios, los policías dicen actuar por orden del ministro del Interior Jorge Fernández Díaz y del presidente Mariano Rajoy.

La lista de operaciones realizadas durante ese período –y que podrían haber continuado– parece no tener fin. Mientras tanto, los medios que fueron piezas clave del aparato de guerra sucia dedican mínimos espacios en sus portadas para retractarse, o se excusan con que desconocían la falsedad de las informaciones. Salvo Iglesias, tampoco los candidatos en estas elecciones han denunciado el caso, que muestra la profundidad de las cloacas españolas.

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