Pero aún con el hambre/ Pero aún con los misiles/ Aquí los niños muertos levantan a sus madres/ Aquí las niñas muertas levantan a sus padres.// Unos y otras danzan/ Con sus llantos/ Con sus mortajas blancas/ Y se abrazan a los cuatro colores de la vida/ El rojo/ El negro/ El blanco/ El verde/ Y la sangre cubriendo/ las camas de los hospitales destruidos/ Y una luz que no perdonará a los culpables/ Y otra que no perdonará a los cómplices/ Palestina: ¡tan cerca del corazón/ Porque eres, hoy, el corazón del mundo!// ¿Qué ocultan los que callan?/ ¿Cómo viven?/ El silencio explota en la propia cara de los sátrapas –y no se calla.
Escribo estas líneas después de mirarme sinceramente a los ojos en el espejo, para no mentirles –ni mentirme–. Me atrevo a prologarlas con un texto mío, en verdad muy humilde, absolutamente insuficiente, menor, para decirme a mí mismo que a veces con un poema u otra creación artística –tal vez– no alcanza. Que hay circunstancias que nos reclaman que también estemos en las calles y las plazas junto a quienes abrazan hoy la causa de la paz y de la defensa irrestricta del derecho a la vida, para ayudar a ponerle fin al intento de borrar a un pueblo hermano de la faz de nuestra tierra. Porque sabemos que eso es hoy lo que está en juego: destrucción y muerte palestina, inmoralidad, carnicería o exilio sin retorno.
Me consta que hay quienes tienen que trabajar a la hora de las manifestaciones, que a veces tenemos que cuidar nuestra salud y que por tales causas no siempre podemos estar. Pretendo solo reflexionar sobre una situación que, estoy absolutamente convencido, conmueve a muchísimas más personas que las que se están haciendo presentes físicamente en las marchas convocadas en Montevideo. ¿Cuántas cuadras llenaríamos si todos quienes estamos a favor de Palestina y en contra del genocidio saliéramos a demostrarlo?
Somos muchos los que no podemos dormir pensando en qué hacer para ponerle fin a este martirio (que no empezó el 7 de octubre de 2023 con el ataque terrible de Hamás, que llegó a matar niñas y niños inocentes: sus ánimas están hoy al lado de los de miles de niños y niñas palestinos que han muerto asesinados, antes y después de esa fecha, y otros que pueden estar muriendo de hambre, provocada, ahora mismo).
LA IMPORTANCIA DE LAS CALLES
La situación ha venido empeorando y los hechos parecen empecinados en demostrar que lo que está ocurriendo es un genocidio con todas las letras y –sobre todo, y bajo todo– con una inmensidad de sangre corriendo, que cuestiona nuestra humanidad en lo más profundo.
¿Cuál es la percepción uruguaya hoy mismo sobre esta realidad? No lo sabemos. Lo cierto es que a través de los grandes medios de comunicación se oculta, en forma permanente, información fundamental para conformar una opinión veraz sobre lo que está aconteciendo, lo que ubica a los dueños de esos medios de comunicación como cómplices del gobierno israelí y sus aliados (en especial el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pero no solamente).
Desde lo que suele llamarse la cultura, ha habido distintas movilizaciones: una acción poética por Palestina el 20 de enero de 2024, otras similares por esos meses, en particular entre el 5 y el 7 de julio del mismo año, una amplia convocatoria el 29 de mayo del corriente año, el contundente pronunciamiento, el 13 de agosto, de compañeras y compañeros judíos uruguayos y la impactante acción Artistas por Palestina.UY (creo no olvidarme de otras). Pero quiero hoy referirme a nuestra participación en actividades callejeras que han pretendido ser masivas.
Las razones últimas de nuestras ausencias forman parte de la conciencia de cada uno de nosotros1. Sabemos que la situación allá (¿allá?) es una vergüenza para la humanidad, que, reitero, no empezó el 7 de octubre de 2023. El apartheid ya estaba instalado. Ahora, se quiera o no nombrarlas, las masacres diarias provocadas por el gobierno y el Ejército israelíes son parte de ese genocidio ya conscientemente planificado por quienes desde el poder más obsceno y podrido lo llevan adelante con verdadera saña, apañados por las dudas y claudicaciones de no pocos gobiernos, entre los cuales, penosamente, se ha encontrado el nuestro, de manera vergonzante en el caso de Luis Lacalle Pou y de manera muy tibia y titubeante al principio por Yamandú Orsi, que corrigió en parte la postura el pasado 30 de julio con la declaración en la ONU de la embajadora permanente Laura Dupuy, aunque sin mencionar las palabras que parecen estar prohibidas: ocupación, invasión, apartheid, persecuciones, genocidio. Afortunadamente hace pocos días se avanzó con la «suspensión o congelamiento» del acuerdo con Israel para crear una oficina de la ANII (Agencia Nacional de Investigación e Innovación) junto con la Universidad Hebrea de Jerusalén.
Las movilizaciones públicas convocadas por la Coordinación por Palestina desde octubre de 2023hasta ahora son más de 15. La participación de cuerpo presente ha sido demasiado baja. Estamos lejos de compararnos con las enormes manifestaciones callejeras que en distintos países se convocan casi con la misma plataforma de nuestra coordinación, rechazando tajantemente lo que sucede y llamando a las cosas por su nombre, exigiendo el fin de la política de exterminio, la concreción inmediata de una paz duradera, la liberación de los rehenes judíos y la de miles de detenidos palestinos en cárceles de Israel, la ruptura de relaciones con su gobierno y la necesidad de revertir también las ocupaciones que incluyen acciones criminales en Cisjordania.
¿QUÉ SUCEDE EN NUESTRO PUEBLO Y EN NUESTRA CULTURA?
No hay manera de saber qué piensa y siente la mayoría de los habitantes de Uruguay. A juzgar por las últimas manifestaciones en Montevideo,las convocatorias reunieron una cuadra de personas solidarizándose, o poco más. La vida sigue igual, como si esta ignominia no estuviera sucediendo en el mismo planeta que habitamos.
La gran mayoría de nuestros creadores y creadoras permanece al margen de esas convocatorias a salir a la calle, a pesar de su innegable compromiso con la vida, la paz, la creación y la belleza. Asimismo, sé también que hay compatriotas que sufren diariamente lo que sucede, pero que –vaya a saber por qué causas– no acuden a esos llamados. ¿Por qué estas ausencias? ¿Las convocatorias no son suficientemente difundidas? Algunas, lamentablemente, no, pero en los tiempos que corren, a pesar del penoso papel de la mayoría de los medios de comunicación, en general podemos enterarnos de las marchas y concentraciones por las redes sociales (que también pueden atraparnos como pescados haciéndonos vivir en otro mundo).
No sé; pero sí estoy seguro de que entre los ausentes hay quienes están escribiendo o proyectando, ensayando, realizando o filmando hermosas y comprometidas obras a partir de esta realidad brutal y deshumanizante, intentando ponerse en el lugar de quienes están sufriendo esta barbaridad; es decir, como nos enseñara Circe Maia, creando y haciendo desde el propio dolor palestino.
¿Pero no sería en verdad importante que en estas movilizaciones participáramos muchos miles para que el mundo sepa que tampoco en Uruguay nos sentimos al margen de lo que está ocurriendo y para que un gobierno dubitativo cambie y se sume a otros que sí expresan su verdadero repudio a los sucesos?
¿Seremos capaces de hacer nuestras las palabras del grande e inmortal Mahmoud Darwish, abriendo su enorme corazón junto con el nuestro, para decir con él: «Sobre esta tierra hay lo que merece vivir:/ sobre esta tierra/ está la señora de la tierra,/ madre de los comienzos,/ madre del final./ Se llamaba Palestina./ Se sigue llamando Palestina./ Señora: yo merezco,/ porque tú eres mi patria,/ yo merezco vivir»?
- Mucho de lo aquí expresado vale para los integrantes de la «intelectualidad» en general y –lo digo con especial dolor– para la inmensa mayoría de los dirigentes sindicales del PIT-CNT y sus filiales. Hay algo muy importante en lo que le estamos errando feo: el pueblo palestino, tan sufrido, y nuestra propia mejor historia de solidaridad con otros pueblos no lo merecen en absoluto. ↩︎