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Oliver Sacks, póstumo

El mismo asombro

Fue uno de los divulgadores científicos de mayor carisma del siglo XX, con un don para narrar que es la envidia de cualquier novelista. Tuvo una vida rara, que transcurrió entre las aventuras de la mente y las represiones del cuerpo, y sólo sobre el final se permitió contarnos su historia personal completa. Enfrentó la muerte con valentía y dejó un legado en forma de publicaciones póstumas y registros documentales.

En el Caffe Trieste, San Francisco, 2012 Wikimedia, Christopher MIchel

Todos sabemos algo del doctor Sacks. Lo más probable es que hayamos conocido sus libros a través de El hombre que confundió a su mujer con un sombrero o Un antropólogo en Marte. O a lo mejor vimos antes a Robin Williams personificándolo en Despertares y, a partir de entonces, empezamos a prestarle atención a este médico que se preocupó por los pacientes más olvidados de la tierra: ancianos en estado catatónico arrumbados en un hospicio por decenas de años. Otros habrán llegado gracias a Migraña, tal vez porque la padecían y se dieron cuenta de que había un médico que juntaba una documentación asombrosa con especulaciones atrevidas que lo llevaban a preguntarse, por ejemplo, si las visiones de la mística Hildegarda de Bingen no serían menos iluminación divina y más el fruto de un padecimie...

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