El monstruo que subyace - Brecha digital
Estreno documental uruguayo: Directamente para video, de Emilio Silva Torres

El monstruo que subyace

Difusión

Acto de violencia en una joven periodista es una película uruguaya de explotación, estrenada directamente en video en 1988 –es probable que ningún cine del momento hubiera considerado siquiera proyectarla– y cuya principal característica es la de ser radicalmente mala. Diálogos imposibles, actuaciones terribles, decisiones de encuadres, de edición y de arte difíciles de entender y una concatenación de disparates, uno detrás del otro, que convirtieron la trama en un delirio involuntariamente divertido.

No es fácil que una película clase Z se vuelva memorable. Para ello juega un papel preponderante el azar y, por sobre todo, que estas escenas hilarantes se sucedan con cierto ritmo, lo que explica que aun hoy The Room y Plan 9 del espacio sideralsean celebradas, vistas y disfrutadas como si fueran comedias, y que unos cuantos millares de películas, también malas y, además, soporíferas, se hayan sumergido en el más absoluto olvido. Acto de violencia en una joven periodista corrió con la suerte de conquistar el corazón de centenares de fans uruguayos que disfrutan, una y otra vez, de su visionado, en rituales grupales en los que resuenan las risotadas y parecen seguir descubriéndose nuevos detalles.

Los primeros tramos de Directamente para video dan cuenta de este fenómeno y, tras arrancar con un falso tráiler de Acto de violencia…, la audiencia es colocada en el epicentro del desastre y en varias de las más icónicas –y aberrantes– escenas de la película. Luego tiene lugar una interesante sucesión de entrevistas a fanáticos que expresan su veneración por la cinta y, sin más miramientos, el documental pasa a involucrarse de lleno en la gran incógnita de quién fue Manuel Lamas, artífice y director de semejante engendro, una figura que durante muchos años estuvo sumida en el más radical de los misterios. Y es que, por mucho que se intentara seguir las pistas del personaje, los datos sólidos eran prácticamente inexistentes. El director Emilio Silva Torres se propone descorrer el velo e investigar quién fue Lamas, principalmente para saber si hubo otras películas de su autoría y si aún quedan vestigios de esos materiales. 

En este proceso, el entusiasmo desborda; como en los mejores documentales, Silva Torres logra involucrar al espectador y convertirlo en copartícipe en este proceso de descubrimiento. Así, la trama va dando cuenta de los diferentes pasos de su investigación, y el recorrido planteado es una indagación creciente en un episodio oculto de la historia del cine uruguayo.

No son raros los documentales centrados en películas, en directores y en rodajes, pero normalmente el foco está puesto en otro cine: el canónico, de figuras excepcionales y sobresalientes. No es de extrañar que el hecho de elegir como objeto de estudio una película sepultada y precaria en todo sentido vaya revelando dimensiones oscuras y hasta grotescas. Y es brillante cómo el documentalista aprovecha estas características de su investigación para darle a su película un giro hacia el género del terror, jugueteando por momentos con el mockumentary o falso documental y logrando atmósferas enfermizas, con verdadero vuelo cinematográfico.

La excelente película chilena Tony Manero se centraba en un personaje marginal que, de algún modo, condensaba características de la dictadura pinochetista; era presentado como un soberbio intransigente, un ególatra con ínfulas, un imitador decadente, un renegado de su propia cultura, un patriarca manipulador y un verdadero hijo de puta. Cuando la figura de Andrés Lamas comienza a revelarse parcialmente, parece reunir varias de estas mismas peculiaridades. Las figuras cercanas al director aportan elementos como para intuir un perfil narcisista incapaz de entender las propias autolimitaciones, con una oscuridad lindante con la locura y enquistada en un submundo under. La cinta se retrotrae a derroteros violentos que los involucrados no se atreven siquiera a recordar, y es así que este documental remite a dimensiones que trascienden su objeto de estudio y conecta con temas mucho más profundos, como la marginalidad, la misoginia, la hegemonía cultural, la dictadura y las víctimas de todo esto. Directamente para video es una revelación y una auténtica sorpresa, un cine que incomoda, cuestiona e interpela.

En un momento en el que se estrenaron tres películas casi al unísono de la productora Tarkio Films –Las vacaciones de Hilda, La intención del colibrí y Directamente para video–, que Muerto con gloria se proyecta en unas 14 salas del país, que La teoría de los vidrios rotosaspira a una candidatura a los Oscar 2022 y en el que en breve estará estrenándose otro buen puñado de títulos, logramos dimensionar con claridad que el cine nacional se encuentra en un punto de ebullición, en el que conviven lo comercial y lo autoral, lo clásico y lo novedoso, la confirmación de talentos y el recambio generacional. En este contexto, conviene destacar y tomar especial nota de esta película y de su director, Emilio Silva Torres.

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