El mundial de las elites – Brecha digital
El poder del dinero en la elección de Qatar

El mundial de las elites

Para los medios hegemónicos, maestros del doble rasero, no es una «dictadura», sino una «monarquía» o «emirato». El mundo de las finanzas agradece de ese modo a una de las familias más ricas del planeta, capaz de comprar un mundial de fútbol que para no pocos es el «mundial de la vergüenza».

Hinchadas de fútbol en Alemania adhieren a la campaña de boicot contra Qatar durante un partido de primera división. AFP, THOMAS KIENZLE

La cantante británica Dua Lipa no participará en la ceremonia de inauguración de Qatar 2022. «No voy a presentarme y no he tenido ninguna negociación para hacerlo. Estaré animando a Inglaterra desde lejos. Estoy deseando visitar Qatar cuando haya cumplido con todos los derechos humanos que prometió cuando ganó el derecho a albergar el mundial de fútbol.»

La campaña Boycott Qatar fue lanzada en varios países, con especial repercusión en Alemania, donde las hinchadas de diversos clubes, como la del Borussia Dortmund o el Hertha Berlín, mostraron recientemente banderas con la consigna «BoicotQatar2022». Rechazan la realización del mundial en un país que persigue a los homosexuales y no protege a los trabajadores. «15.000 muertos por 5.760 minutos de fútbol. Vergüenza», rezaba una pancarta en el Olympiastadion, donde el Hertha recibió el fin de semana pasado al Bayern Munich (Anred, 14-XI-22).

Sin embargo, una extensa lista de cantantes sí participarán en el evento. Entre las más destacadas figura Shakira, además de la banda coreana Bangtan Boys (más conocida como BTS), los raperos californianos de Black Eyed Peas, la canadiense-marroquí Nora Fatehi, la superestrella nigeriana Patrick Nnaemeka Okorie, la estadounidense Trinidad Cardona y decenas de figuras musicales y del espectáculo.

Mientras el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, pidió a las federaciones que no politicen el evento y se centren en el fútbol, la campaña Boycott Qatar recordó que en muchas otras ocasiones deporte y política caminaron juntas. El caso más emblemático fue el de los Juegos Olímpicos de 1936, realizados en Alemania, que merecieron campañas de rechazo al gobierno nazi.

El argumento de Infantino suena desmemoriado. En febrero de este año Estados Unidos llevó a cabo un boicot diplomático a los Juegos Olímpicos de Invierno en Beijing. Pero hay mucho más. «El boicot más destacado ocurrió en 1980, cuando más de 60 países, encabezados por Estados Unidos, boicotearon los Juegos Olímpicos de Invierno en Moscú debido a la invasión rusa de Afganistán el año anterior», recordó el año pasado el New York Times (14 -XII-21). Luego, la Unión Soviética lideró un grupo de más de una docena de países en un boicot a los Juegos Olímpicos de 1984, en Los Ángeles.

TRABAJADORES

El 23 de marzo de 2021 el británico The Guardian publicó un informe en el que asegura que «más de 6.500 trabajadores migrantes de India, Pakistán, Nepal, Bangladesh y Sri Lanka han muerto en Qatar desde que hace diez años ganó el derecho a albergar la Copa del Mundo». Los migrantes componen casi la totalidad de la fuerza de trabajo del país, soportan jornadas de casi 20 horas con temperaturas de 50 grados, viven en condiciones precarias y construyeron los ocho fastuosos estadios donde se jugará el mundial, seis de los cuales se desmantelarán apenas deje de rodar el balón.

Hiba Zayadin, investigadora sobre el Golfo en Human Rights Watch, apuntó en una entrevista reciente: «Qatar es el país con la mayor proporción de inmigrantes por ciudadano del mundo. Sin estos trabajadores, su economía quedaría paralizada». A lo largo de los últimos cuatro años, Human Rights Watch exhortó, en repetidas ocasiones, a las autoridades cataríes a que investigaran las causas de las muertes imprevistas o inexplicadas de trabajadores migrantes, a menudo jóvenes y con buena salud, y a que hicieran regularmente públicos ese tipo de datos, desglosados por edad, sexo, ocupación y causa de muerte. «Lamentablemente, Qatar se niega a hacer públicos datos significativos sobre las muertes de los trabajadores inmigrantes. La normativa diseñada para proteger a los trabajadores de los peligros del calor y la humedad extremos es por ahora lamentablemente inadecuada» (Jadaliyya, 2-viii-21).

Zayadin sostiene que, en muchos casos, las violaciones a los derechos de los trabajadores se deben a la kafala (‘apadrinamiento’), un sistema de «gobernanza» laboral habitual en el Golfo, que vincula el estatuto legal de los trabajadores inmigrantes a sus empleadores en el país de destino. Este sistema criminaliza la «fuga», es decir, abandonar a un empleador sin su permiso para, por ejemplo, cambiar de trabajo. A los trabajadores inmigrantes se les suelen confiscar sus pasaportes por parte de sus empleadores. Previamente, tienen que pagar derechos de contratación para conseguir el trabajo, «lo que puede conducirlos a un endeudamiento por varios años», señala la investigadora de Human Rights Watch. The Guardian ha calculado que, por ejemplo, los trabajadores migrantes bangladesíes en Qatar han sido forzados a pagar 2.000 millones de dólares entre 2011 y 2020 como parte de este endeudamiento (31-III-22).

GEOPOLÍTICA

Las presiones internacionales llevaron a que Qatar reformara este sistema de trabajo y la organización del mundial obligó a las autoridades locales a modificar leyes laborales, determinar salarios mínimos y establecer mayores tiempos de descanso y mejores condiciones. Pero eso sucedió a mediados de 2020, y la mayor parte de la construcción de los estadios de la Copa ya se había dado bajo el sistema de la kafala. De todos modos, según Zayadin, en la actualidad siguen sucediendo situaciones de «abusos y sobreexplotación», como las sanciones por «fuga», que incluyen «multas, detención, deportación y prohibición de regresar al país».

Existen, empero, otras miradas. En la edición 169 de su boletín, publicada este mes, el Laboratorio Europeo de Anticipación Global (un think tank con sede en París dedicado al análisis de la economía y la política internacionales) ensaya una mirada geopolítica del mundial: «El centro de gravedad del sistema global se está desplazando. En nuestro ejercicio de análisis y anticipación de la crisis sistémica mundial, a nuestro equipo le llamó especialmente la atención el mundial de fútbol de Qatar como indicador de esta transición. Aunque los países árabes nunca han acogido un acontecimiento deportivo de esta magnitud, anticipamos que se beneficiarán enormemente de la competencia con los países occidentales. Asia y el Golfo serán las dos regiones capaces de encarnar el modelo de consumo y producción construido por los países occidentales».

Es posible, siempre, ensayar miradas alternativas. Para prepararse para el mundial, Qatar ha invertido aproximadamente 250.000 millones de dólares desde 2010. El monto supera la suma de lo gastado en todos los mundiales y Juegos Olímpicos hasta la fecha. También ha invertido lo suyo en coimas a la FIFA (véase recuadro). Esta institución, por su parte, espera obtener, además, ganancias superiores a los 5.400 millones de dólares gracias al mundial. Los trabajadores que lo han hecho posible, en tanto, antes que llevarse alguna ganancia, más bien han pagado con sus vidas y de sus bolsillos. Podría decirse, siguiendo al geógrafo David Harvey, que, en un sistema centrado en lo que él denomina acumulación por despojo (robo de los bienes comunes), la mayor fiesta mundial del deporte ha sido servida en bandeja a la especulación de las elites.

La familia Al Thani

Dueños de la pelota

Qatar es la tercera reserva de gas del mundo y la decimotercera de petróleo. En una superficie de 11.500 kilómetros cuadrados (similar al departamento de Durazno) viven 250 mil cataríes y 2.750.000 trabajadores inmigrantes. El PBI per cápita roza los 70 mil dólares. Fue protectorado británico hasta 1971 y desde ese momento es una monarquía absoluta gobernada por la familia Al Thani: Jalifa bin Hamad Al Thani gobernó hasta 1995, cuando su hijo, el jeque Hamad bin Jalifa, se convirtió en emir al dar un golpe de Estado contra su padre. En 2013, Tamim bin Hamad se convirtió en emir al abdicar su padre.

En junio de 2017, Arabia Saudita, Baréin, Egipto y los Emiratos Árabes Unidos impusieron un bloqueo a Qatar y rompieron relaciones al acusar al emirato de financiar el terrorismo, así como de intervenir en los asuntos internos de los países vecinos (véase «Qatar entre cuatro paredes», Brecha, 9-VI-17). En 2021, Estados Unidos consiguió que finalizara el bloqueo y las partes se reconciliaron.

La familia Al Thani, cuyo patrimonio superaría los 350.000 millones de dólares, se empeña en aumentar su influencia en el mundo. La expansión de la televisión estatal Al Jazeera forma parte de ese proyecto. Ha invertido miles de millones de dólares en infraestructuras para organizar los Juegos Asiáticos de 2006 y será sede de los Juegos Asiáticos de 2030. En 2005 Tamim fundó Qatar Sport Investments, que en 2011 compró el club de fútbol francés Paris Saint-Germain y el Málaga.

Se dice que la familia compró también un mundial de fútbol, en 2010, cuando presidía la FIFA Joseph Blatter, quien fue condenado en 2015 por corrupción con ocho años de suspensión de toda actividad relacionada con el fútbol por el comité de ética de la institución. En 2019, el británico The Sunday Times publicó informaciones que afirman que Qatar pagó en secreto a la FIFA 880 millones de dólares a cambio de la adjudicación del mundial en dos partidas presupuestarias diferentes: la primera, a cargo de Al Jazeera, 21 días antes de que se votara la sede del mundial 2022 y la segunda tres años más tarde, poco antes de que la FIFA diera abruptamente por terminada su investigación interna sobre corrupción en el proceso de adjudicación de sedes y decidiera nunca publicar sus hallazgos (Sunday Times, 19-III-19).

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