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“Sangre de campeones”.

Elegidos para la gloria

Ayer se estrenó lo que podría considerarse la tercera parte de una involuntaria trilogía celeste, es decir, la conformada por “Mundialito”, “Maracaná” y, ahora, “Sangre de campeones”. Y es que, yendo hacia atrás en el tiempo, los directores Sebastián Bednarik y Guzmán García llegan ahora hasta los primeros campeonatos mundiales ganados por Uruguay (Colombes 1924, Ámsterdam 1928 y Montevideo 1930) para narrar la épica de nuestra selección de fútbol.

Guzmán García y Sebastián Bednarik / Foto: Fernando Pena

—¿Fue muy difícil abordar este proyecto de extender la narración de la épica de la selección a los triunfos de principios del siglo XX? Lo pregunto considerando que se está yendo hacia narrativas más fragmentarias, por la falta de información pero también porque lo hacen después de esa cima que fue Maracaná y por el desgaste mismo de hacer tres películas consecutivas sobre la selección…

Sebastián Bednarik —Para nosotros Mundialito fue una película que tenía como una frescura, porque estábamos descubriendo o empezando a dominar ese discurso que se va armando entre varias voces en combinación con el material de archivo. Por su parte, Maracaná fue una película que “el guionista de la vida” nos sirvió en bandeja, un guion insuperable que ya venía escrito, al que además aportaron mucha info...

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