Gianni Vattimo (1936-2023): Elogio de la debilidad - Semanario Brecha
Gianni Vattimo (1936-2023)

Elogio de la debilidad

Profesor de estética, alumno y discípulo de Gadamer, seguidor de Nietzsche y Heidegger, impulsor de lo que llamó las filosofías de la diferencia –que toman distancia de los ideales modernos, por oposición a la dialéctica de Hegel y Marx–, Gianni Vattimo formó parte del dream team de los filósofos posmodernos que animaron los insulsos años noventa.

Gianni Vattimo. CÍRCULO DE BELLAS ARTES DE MADRID

«No, no le temo a la muerte. Mi propia muerte no me importa en lo más mínimo. […] Mi maestro Luigi Pareyson decía: “Si estuviera seguro de que no hay nada después de la muerte, qué feliz sería”. Una afirmación tal es, para mí, inconcebible. Solo puede provenir de un hombre que llevaba consigo un inmenso miedo al pecado y un aterrador sentido del mal. Dos cosas que, afortunadamente, yo no poseo. Hans-Georg Gadamer acostumbraba a decir de la muerte: “El hombre es un ser que a veces dormita y a veces duerme”. Una vez también hablé de ello con Richard Rorty, cuando viajábamos juntos por Utah. Ambos estuvimos de acuerdo: morir es una porquería solo porque te deja preguntándote qué pasará después. Y Gianpiero siempre me recordaba un dicho de Károly Kerényi, el gran estudioso de la mitología húngaro, a quien conoció y a quien me presentó durante un viaje a Suiza, donde vivía: “Antes de nacer no sabía que el mundo era tan interesante. ¿Quién sabe qué encontraré después de la muerte?”.»1

Así confesaba Gianni Vattimo su certeza de que algo habría después de esta vida, porque, si bien no le importaba lo más mínimo morirse, no podía concebir que no quedara rastro de, por ejemplo, su tía Angiolina. Y es que de Dante nos quedará la Comedia, decía, pero no era posible que su tía pasara por esta tierra y de ella no quedara nada de nada. Vattimo, a pesar de no provenir de una familia religiosa, era un católico convencido que, durante muchos años, iba a misa y comulgaba a diario, aunque más tarde fue expulsado de los grupos juveniles cristianos debido a sus simpatías políticas de izquierda –y, todavía más tarde, fue amenazado por las Brigadas Rojas por no ser lo suficientemente radical (aunque Vattimo siempre ha dicho que ya se sentía suficientemente radical siendo heideggeriano).

Seguramente allí esté la semilla de su derrotero filosófico y del concepto de pensamiento débil que surge de la certeza de que, hasta entonces, nadie había interpretado la ontología de Heidegger como una ontología débil, porque se continuaba pensando en la meditación de Heidegger sobre el ser en términos metafísicos. «Frente a una lógica férrea y unívoca, [el pensamiento débil es] la necesidad de dar libre curso a la interpretación; frente a una política monolítica y vertical del partido, necesidad de apoyar a los movimientos sociales transversales; frente a la soberbia de la vanguardia artística, recuperación de un arte popular y plural; frente a una Europa etnocéntrica, una visión mundial de las culturas.»2 No quedan dudas de que ese fue el pensamiento filosófico dominante a finales del siglo XX: el fin de los grandes relatos, el imperio de la interpretación, la fragmentación de la verdad y la apoteosis de las microidentidades, a lo que se le oponían, apenas, Habermas y algunos chistosos («Podemos afirmar con absoluta certeza que un filósofo posmoderno que se arroje por la ventana caerá a 9,8 metros por segundo»,3 decía Alan Sokal).

Vattimo nació en Turín, en enero de 1936, cuando el fascismo llevaba 14 años gobernando Italia. Tan solo cuatro años más tarde, las bombas británicas caían sobre la ciudad y destruían su casa familiar. Pero Turín no era solo la sede de la fábrica Fiat, era también la ciudad en la que había pernoctado Nietzsche, en la que supuestamente lloró abrazando al caballo castigado, en la que comenzó a perder la razón. Vattimo nace en el Turín bombardeado, pero también en el de la pasión de Nietzsche, sobre cuya frase –«No hay hechos, solo interpretaciones»– volverá un millón de veces.

HEGEL, EL TÓXICO

Al igual que hubo una hegemonía del marxismo y el estructuralismo entre los años cincuenta y setenta, si hubiera un idioma común dentro de la filosofía y la cultura de fines del siglo XX y comienzos del siglo XXI, sería el de la hermenéutica, que, aunque con orígenes lejanos y ligados a la interpretación de textos sagrados, ha tenido una orientación contemporánea gracias a Heidegger y Gadamer. «El pensamiento débil, pues, no nació del miedo al terrorismo, sino como respuesta a la interpretación terrorista de la izquierda demócrata italiana de los años setenta, como reconocimiento de la inaceptabilidad de la violencia de las Brigadas Rojas. Vattimo se encargó de recalcar este aspecto en sus tres libros más famosos de la década de 1980: Las aventuras de la diferenciaEl fin de la modernidad y La sociedad transparente […]. En estos tres libros, Vattimo explica que, después de la deconstrucción de los valores occidentales llevada a cabo por Nietzsche y Heidegger, la filosofía debe ser una aventura de la diferencia; el pensamiento debe liberarse de la condena ideológica platónica para no cometer el error de reducirlo todo a un único principio. Solo desde este marco hermenéutico pueden delinearse las preferencias de un proyecto político o religioso. La teoría fuerte de la debilidad consiste en una filosofía que no se deriva del mundo tal como es, sino del mundo visto como la producción de interpretaciones a través de la historia de las culturas humanas», señalaba Santiago Zabala, director del Centro para la Filosofía y los Archivos de Gianni Vattimo.4

El filósofo italiano visitó varias veces Montevideo y concitó un enorme interés, salas de conferencias llenas de jóvenes estudiantes de Humanidades y de Comunicación ansiosos por escucharlo disertar sobre filosofía, crítica, ciencia y religión.5 En 1999, cuando ofreció un par de conferencias en el Teatro Stella, fue entrevistado por Pablo Astiazarán para Insomnia,suplemento de la revista Posdata en el que, casualmente, yo trabajaba.6 Veinticuatro años más tarde, vuelvo con curiosidad a leer aquella entrevista para abrir una ventana al aire que se respiraba en aquel mundo del fin del siglo y la última pregunta hoy parece irresistiblemente cómica, casi como si le preguntaran a una modelo acerca de un novio problemático: «Usted ha mencionado varias veces a Hegel. La relación con Hegel parece, en el pensamiento contemporáneo, particularmente conflictiva. Uno observa o bien un rechazo radical (generalmente sustentado en consideraciones epistemológicas) o bien una asimilación que termina en identificación con sus tesis. ¿Es posible establecer, digamos, una relación sana con Hegel?». La respuesta de Vattimo es puramente anecdótica.

1. Gianni Vattimo y Piergiorgio Paterlini. Not Being God: A Collaborative Autobiography, Columbia University Press, 2009, págs. 5-6.

2. Gianni Vattimo y Pier Aldo Rovatti (eds.). El pensamiento débil. Madrid, 1988. Cátedra, pág. 23.

3. Una respuesta al relativismo posmoderno que Sokal daba a raíz de su libro Imposturas intelectuales.

4. «La vida, la filosofía y los archivos de Gianni Vattimo». Minerva, revista del Círculo de Bellas Artes,  n.° 34, Madrid, 2020.

5. Por lo menos en tres oportunidades: 1993, 1999 y 2008.

6. Insomnia, n.° 85. 13-VII-1999. Puede consultarse en el portal Anáforas de la FIC.

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