8 de marzo de 2021

En todas las calles

Frente a un país aterrorizado por la pandemia, la vitalidad de las mujeres. Frente a una sociedad que se hunde en la crisis económica, la potencia de las mujeres. Frente a un sistema que nos empuja a la fragmentación y el individualismo, la unión de las mujeres. Frente a la invisibilización y el olvido, la memoria de las mujeres. Frente a una derecha amenazante y represiva, la creatividad de las mujeres. Frente a una izquierda desmoralizada y confundida, la decidida valentía de las mujeres.

En un despliegue inusitado, el lunes 8 de marzo miles y miles de mujeres, lesbianas, trans, travestis, no binaries y otras identidades no hegemónicas se manifestaron contra la violencia basada en género y la precarización de la vida. Los feminismos combinaron la marcha tradicional por 18 de Julio –que contó con nuevas formas de organización para que fuera posible mantener ciertos cuidados y se extendió, potente y asombrosa, por cuadras y cuadras– con innumerables actividades y movilizaciones que se realizaron en los barrios de Montevideo y en diferentes localidades de todo el país. Esa articulación descentralizada provocó que muchas personas pudieran sumarse y participar por primera vez, y dio paso a nuevas experiencias y aprendizajes. Es probable que resulte pertinente ubicar como antecedente, como inicio de una nueva acumulación militante, el reguero de acciones dispersas y creativas que se llevaron adelante cuando no fue posible realizar la Marcha del Silencio el 20 de mayo de 2020. La práctica de juntarse con otros y hacer algo, por más pequeño que sea; el hábito de aportar a la causa desde cualquier lugar: esa praxis comienza a instalarse y a redefinir las posibilidades del movimiento social en términos de alcance y de llegada a la gente, por más que no se cuente con recursos económicos suficientes o nunca haya lugar en la agenda de los grandes medios.

El movimiento feminista estiró sus alas y, para eso, agotó el TNT violeta de las tiendas de las ciudades. Había trapitos abrazando cada árbol, banderas flameando desde las ventanas, molinetes de cartón sembrados en los espacios públicos, cientos de grafitis en el asfalto y en los muros. De pronto, se volvió posible trazar un mapa lleno de puntos feministas que pintaron Montevideo y todo el país. También hubo cientos de intervenciones artísticas de todo tipo: canciones, consignas, poesías, imágenes. Frente a la acusación frecuente de ciertos sectores de la izquierda que suelen decir que los feminismos son cosmopolitas y poco populares, pancartas como las que se levantaron en Jacinto Vera, que decían: «Somos las vecinas», y cánticos como los que se entonaron en Casavalle y en el intercambiador Belloni, que incluían versos como «feminismo es revolución», deberían bastar como argumentos para sopesar la potencia de las estrategias éticas, políticas y estéticas del movimiento para forjar nuevas subjetividades y propiciar cambios en los modos comunitarios de relacionamiento.

El pasado 8 de marzo sirvió, sobre todo, para que un montón de personas se conocieran, accionaran juntas, descubrieran todas las cosas que podían llegar a tener en común. Sin duda, el futuro dará cuenta del alcance que tiene este tipo de instancias. Pero también fue, en sí mismo, un día histórico para ciertos colectivos. Muchas compañeras del movimiento sindical, hartas de que la central, desde hace cuatro años, les niegue sistemáticamente el pedido de llamar de forma directa al paro general para las mujeres, se pararon frente a la sede del PIT-CNT y cantaron, elevando carteles que luego golpearon contra la calle: «No nos para el gobierno/ no nos para la central/ Aunque no nos acompañen/ nosotras paramo’ igual». También cantaron, convencidas: «Que lo vengan a ver/ que lo vengan a ver/ la lucha feminista no la dirige el PIT-CNT». La intervención fue filmada; el video dio vueltas por las redes y confirmó lo que Ana Laura de Giorgi afirma en su reciente libro sobre el tema: ya no hay paciencia para sostener los amores no correspondidos entre la izquierda y el feminismo. Las mujeres trabajadoras han decidido que los reclamos feministas deben ser parte de la agenda y cuentan con el respaldo suficiente para hacer valer sus reivindicaciones.

Por su parte, varios colectivos que nuclean a personas trans y no binarias salieron a la calle con una participación mucho mayor que otros años. También se hizo sentir con una fuerza nueva el reclamo antiespecista, el de las mujeres en situación de discapacidad y el de aquellas que se identifican con el activismo gordo. Asimismo, la organización en bloques dejó ver, claramente, cómo crecen los espacios de mujeres que disputan una mayor presencia en la cultura de nuestro país: las murguistas, las candomberas, las audiovisuales, las músicas y las de las artes escénicas, entre muchas otras, marcaron una fuertísima presencia.

Pero también, frente a este día de movilización, resulta importante dar espacio a esas preguntas que, a partir del efecto que la proliferación de colectivos feministas está teniendo en los modos de organización social, atraviesan las estrategias del movimiento: ¿cuánta incidencia en la política tradicional puede tener una articulación tan masiva como horizontal, con una altísima potencialidad, pero también con un montón de tensiones internas y discusiones no saldadas?, ¿cuáles son los pasos que permitirían concretar una incidencia más profunda en la toma de decisiones en torno a los recursos del Estado, al Poder Judicial y a la organización de la salud y la educación públicas? Porque si algo sabemos es que las mujeres y las identidades no hegemónicas hemos avanzado sustantivamente en términos simbólicos y discursivos, pero seguimos estando lejos de combinar fuerzas para dar pasos específicos, concretos, hacia ciertas áreas de la transformación social.

En un informe reciente del Banco Mundial,1 el diagnóstico sobre la desigualdad de género en nuestro país da escalofríos. Allí se lee que «sólo la mitad de las mujeres uruguayas participa en el mercado laboral y ganan un 31 por ciento menos que los hombres por desempeñar la misma tarea o el mismo cargo». Las madres son las que están en mayor desventaja y ganan 42 por ciento menos que sus pares sin hijos. Sólo el 12 por ciento de las empresas está en manos de mujeres. ¿Cómo debe estructurarse un movimiento popular para luchar por la modificación de estos números? ¿Cómo trazamos un camino que permita pasar de las consignas a la acción política articulada?

Y todavía queda un desafío mucho mayor: ¿cómo hacemos para parar con los femicidios, para modificar de una vez por todas las estadísticas de la violencia basada en género? En una entrevista con Reynaldo Sietecase realizada el mismo 8 de marzo,2 Rita Segato volvió a defender su tesis: la violencia también se desprende del modo en que los hombres, en este neocapitalismo femicida, pierden su masculinidad. Llama emasculación a ese proceso: la precarización en la que los deja el sistema capitalista les quita a los varones la capacidad de sostener su vida, y lo único que les queda para ejercer la masculinidad es violentar a las mujeres. Eso implica que el reclamo feminista necesita, de forma urgente, incorporar la defensa de los bienes comunes, comprometerse con los derechos laborales, intentar detener la expropiación de la tierra y el extractivismo multinacional. Eso supone operar en un doble nivel: por un lado, defendiendo la autonomía económica de toda la comunidad y, por el otro, sosteniendo el reclamo de una nueva igualdad de género en el acceso a esos recursos, logrando una relación de fuerzas capaz de construir un nuevo pacto social.

Sin duda, la experiencia de este 8 de marzo ha dejado el tejido de nuestra trama más fuerte y ha demostrado que la unión y la organización son las formas de resistencia más activas de nuestro movimiento. Pero también deja a la vista que los desafíos son muchos y nos necesitan juntas, juntos, dando nuevas discusiones, articulando pensamientos y estrategias, buscando espacios de debate y encuentro. Porque, a pesar de todos los pesares, algo es seguro: no seremos invisibles nunca más.3

Netuy marzo21

1. #MujeresUruguay, disponible en el canal de Youtube del Banco Mundial.

2. Segato con Sietesase, disponible en https://radiocut.fm/audiocut.

3. Tomado de la canción «Creo», de la banda Eruca Sativa, disponible en Youtube.

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