8 de marzo de 2021 Suscriptores
Barreras para el acceso a la ligadura de trompas

Entre cuatro paredes

Esperas de hasta tres años y la interposición no permitida de objeciones de conciencia: la maternidad como imposición, la juventud como excusa y la falta de fiscalización pública.

Sofía Briano

Fijate bien. Fijate bien, sos joven. Fijate bien, sólo tenés dos hijas. Fijate bien, quizás después cambiás de pareja. Andá a pensarlo. Fijate bien, pensalo bien.

—En un momento pensás: bueno, está bien, no me ligo nada. Y sabiendo que, en realidad, ya no querés tener más hijos. Y sentís cierta culpa, que no debería existir.

Cuando Anahí1 solicitó la ligadura tubaria –ligadura de trompas–, estaba embarazada, tenía 33 años y una hija. En el primer control con el ginecólogo ya tenía el panorama claro: le bastaba con dos hijas y quería aprovechar la cesárea para ligarse y ya no tener que recurrir a una intervención quirúrgica posterior. Ese mismo día el médico le dijo que todavía era temprano, que todavía faltaba mucho, que lo hablaban más adelante. Más adelante, sin tiempo para otro m...

Artículo para suscriptores

Hacé posible el periodismo en el que confiás.
Suscribiéndote a Brecha estás apoyando a un medio cooperativo,
independiente y con compromiso social

Para continuar leyendo este artículo tenés que ser suscriptor de Brecha.

Suscribite ahora

¿Ya sos suscriptor? Logueate

Artículos relacionados

Galería de imágenes #8M

Todas y cada una

8 de marzo de 2021 Suscriptores
La sobrecarga que padecen las mujeres debido a la pandemia

Descuidadas

Anticipo de Ni muertes ni palizas, las mujeres se organizan, de Lucía Martínez

Treinta y un años atrás