Entre las cuatro bocas y el «nos pilla cansados» - Semanario Brecha
Cómo se vivió en Cuba

Entre las cuatro bocas y el «nos pilla cansados»

Salvador Allende. El nombre del expresidente chileno vino a la mente de muchos cubanos cuando el sábado amanecieron con las noticias que llegaban de Venezuela. Aunque para entonces no se sabía que 32 militares de la isla habían muerto intentando defender al presidente Nicolás Maduro, ya resultaba inquietante que este se hubiese dejado capturar con vida.

Mosaico que representa a Fidel Castro (izquierda) y a Hugo Chávez, en el pueblo costero de Jaimanitas, en las afueras de La Habana. AFP, Yamil Lage.

La imagen del líder combatiendo –y muriendo– junto a su tropa está grabada a fuego en la historia de Cuba desde las guerras independentistas del siglo XIX. No fueron pocos los jefes y combatientes de filas que recurrieron hasta al suicidio ante la perspectiva de verse prisioneros.

Luego del golpe de abril de 2002 Hugo Chávez debió explicar a los cubanos del común que la decisión de entregarse a los sublevados había sido sugerida por Fidel Castro como una táctica para preservar su vida y revertir la conjura. Solo su carisma y comportamiento posterior lograron disipar las dudas.

Pero Maduro no es Chávez y la tibia retórica con que en las últimas semanas había respondido a la prepotencia estadounidense alentaba el escepticismo sobre su comportamiento durante la invasión. ¿Había empuñado un arma o al menos socorrido a quienes caían para protegerlo? Las dudas crecerían con el transcurrir de las horas, al difundirse las primeras imágenes suyas en poder de los invasores.

«Indigna la cadena de acontecimientos: la sonrisa, la cordialidad y los saludos en inglés de Nicolás Maduro (sean irónicos o no), la pasividad de los que quedaron al mando de Venezuela el día después. El mensaje pendejo, conciliador y cobarde que se emite para calmar la bestia», escribía este martes el periodista cubano Félix López, explicitando el sentir de muchos de sus compatriotas.

¿HUBO TRAICIÓN?

A comienzos de los años dos mil, López era una de las estrellas emergentes del periodismo cubano. Como corresponsal de Granma, el principal periódico del país, habitualmente cubría los encuentros entre Fidel y Chávez. Pero más tarde emigró a España, donde ahora reside.

De haber seguido en Cuba lo más probable es que hubiese evitado compartir esas reflexiones en público. A pesar de todas las preguntas que imponen los sucesos de Venezuela, la prensa estatal de la isla ha evitado plantear la más mínima duda sobre la lealtad de la cúpula del gobierno bolivariano.

Es una pregunta para la cual la mayoría de los cubanos tiene sobrados argumentos. Aquí, casi todos los hombres han cumplido el servicio militar, muchos en unidades de combate. Un amigo, excompañero de pelotón durante esos años bajo bandera, el mismo sábado me señalaba un hecho evidente, al compartir un video que mostraba los helicópteros estadounidenses sobrevolando Caracas como si participaran en un desfile: «¿¡Qué coño es eso, hermano!? Con una sola cuatro bocas no habría quedado ni un Black Hawk en el cielo».

El arma a la que se refería –la ametralladora antiaérea soviética de 14,5 milímetros ZPU-4– en efecto hubiese podido derribar esos helicópteros, como antes lo hizo con aviones estadounidenses durante las guerras de Corea y Vietnam, y en la invasión mercenaria de bahía de Cochinos, en Cuba. Venezuela cuenta con un amplio arsenal de defensa antiaérea de corto alcance, adquirido en tiempos de Chávez. No incluye cuatro bocas, pero sí una versión más moderna y potente, el cañón doble de 23 milímetros ZSU, inmune a las «interferencias radioelectrónicas» con que el Pentágono asegura haber neutralizado los sistemas de radares y misiles de Caracas.

El anillo defensivo que los venezolanos debieron haber tejido sobre su espacio aéreo cercano nunca se activó; tampoco las demás líneas de protección que cabía esperar antes del círculo inmediato al presidente. Entre las primeras explosiones escuchadas en la capital y la emisión del último comunicado firmado por Maduro pasó más de una hora y media, tiempo que parecería suficiente para adoptar las medidas previstas para el caso. Y no fue hasta dos horas más tarde (a las 5.21, hora de Caracas) que Donald Trump anunció el secuestro del mandatario.

Como ironizara el periodista uruguayo Fernando Ravsberg, residente en Cuba, al ver la agresiva reacción que este lunes motivó un dron sobre el Palacio de Miraflores: «Al fin las Fuerzas Armadas venezolanas comenzaron a disparar, lástima que los gringos ya se fueron».

CUATRO PANES SEGUIDOS

Antes del sábado, los cubanos se habían acostumbrado a poder sintonizar solo dos o tres emisoras
de radio nacionales. Los apagones de más de 12 horas diarias y la falta
de combustible para los generadores de respaldo habían forzado al gobierno a sacar del aire varias emisoras municipales y provinciales, o acortar sus horas de emisión. También muchas antenas repetidoras habían sido apagadas, lo que hizo más difícil sintonizar las radios de la capital.

En los últimos días el éter ha vuelto a poblarse. La reaparición de las señales domésticas forma parte de un esfuerzo de las autoridades por cerrar el paso a plantas como Radio Martí, que el gobierno estadounidense emite con destino a Cuba desde 1985. «Estamos en una fase de alerta, en la cual las comunicaciones se consideran prioridad. Hasta hemos recibido generadores nuevos para sustituir los que se habían dañado, y se ha estabilizado la entrega de combustible. La prioridad es no dejar de transmitir», explicó a Brecha un ingeniero de Radiocuba, la empresa especializada en ese campo.

También han disminuido los apagones, en un intento por asegurar tranquilidad social. Pero lo que en verdad hizo comprender que vivimos tiempos complejos es recibir el pan de la cuota normada cuatro días consecutivos. En teoría, a cada cubano le corresponde diariamente un pequeño pan, por el que paga un precio simbólico. Hasta setiembre de 2023 su peso era de 80 gramos, pero por entonces fue rebajado a 60 con el compromiso de que no ocurrirían irregularidades en su distribución. Ha sido una promesa incumplida constantemente. Hubo meses en los que ese pan llegó menos de cinco veces.

En general, 2025 fue el peor año que se recuerda respecto a la distribución de los mandados, la cesta de alimentos subsidiados. Los cubanos debimos suplir esa falta gastando mucho más en comida o, simplemente, pasando hambre. Para colmo de males, en los últimos meses una epidemia de chikunguña dejó un número indeterminado de muertos y millones de convalecientes. Muchas familias emplearon sus últimos ahorros en comprar a sobreprecio medicinas que en otros tiempos hubiese garantizado el sistema de salud.

«Esta situación nos toma cansados. Llevamos muchos años de crisis», dijo uno de los vecinos de este corresponsal. Mientras en Miami el reclamo predominante de los emigrados es que Trump apunte ahora sus cañones contra La Habana, en la isla la mayoría de la gente se opone a cualquier campaña «liberadora». Pero, a diferencia de otros tiempos, resulta una incógnita cuántos estarían dispuestos a empuñar las armas para enfrentarla.

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