“Esta historia recién empieza”

Tras la media sanción del proyecto de ley de aborto en Argentina.

Claudia Piñeiro. AFP PHOTO JOHANNES EISELE

Referente del colectivo Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito que llevó al parlamento argentino el proyecto de ley de despenalización del aborto que la semana pasada fue aprobado, con algunas modificaciones, en la Cámara de Diputados argentina, Claudia Piñeiro, señaló en conversación con Brecha que “nada está asegurado” y que habrá que seguir dando la pelea para conseguir su aprobación también en el Senado, que este martes recibió el texto.

Quiso estudiar sociología en plena dictadura y desistió para no terminar muerta. Cambió por la matemática y terminó trabajando para una fábrica de motores hasta que un día dijo basta: escribió una novela, la presentó a un concurso y fue finalista. Era 1991 y desde entonces decidió que lo suyo era la literatura. Tiene 12 novelas publicadas, entre ellas Las viudas de los jueves, y algunos reclamos al poder en los últimos años, lo que la colocó en un lugar de referente. En 2010 mediante una carta publicada en el diario La Nación le preguntó a la Real Academia Española si la palabra “matrimonio” era de uso exclusivo para parejas heterosexuales, justo cuando se debatía en el Congreso argentino la ley de matrimonio igualitario. En mayo de 2017 suspendió una charla que estaba dando en la Feria del Libro para marchar contra la ley del “dos por uno” que beneficiaba a los genocidas de la dictadura, y en agosto publicó una carta abierta reclamando la aparición del joven Santiago Maldonado, perseguido por la Gendarmería durante una protesta de los mapuches y que apareciera semanas más tarde ahogado en el río Chubut. Entre marzo y abril pasados fue una de las tantas mujeres participantes de los debates con diputados para estudiar el proyecto de ley que legaliza el aborto, y su discurso ante los legisladores y las organizaciones sociales fue reportado por agencias internacionales de noticias y reproducido íntegramente por la Cadena Ser, de España. En abril fue la cuarta mujer en inaugurar una Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y tomó parte en un reclamo en plena hora de discursos oficiales: cuando docentes y estudiantes de establecimientos terciarios públicos interrumpieron el discurso del ministro de Cultura, Pablo Avelluto, Piñeiro los respaldó: “Espero que las autoridades tengan en cuenta lo que están reclamando estudiantes y docentes”, arengó.

Cuando Brecha buscó entrevistarla en su condición de integrante del colectivo de mujeres Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, en medio del vértigo del debate en la Cámara de Diputados la semana pasada, sobre el proyecto de ley que permite la interrupción del embarazo, no le dieron los tiempos. Recién con el proyecto de ley ya aprobado en la Cámara baja consiguió este semanario encontrarse con Piñeiro, quien ya estaba en pleno trabajo para convencer a los senadores de votarlo. Con su pañuelo verde –símbolo de la campaña por el aborto legal– atado a la muñeca de su mano derecha conversó sobre la ley que está por aprobarse, el rol de los nuevos intelectuales en la sociedad y el movimiento de mujeres a nivel mundial.

—¿Cree que será aprobado el proyecto de ley de aborto en el Senado?

—Todo indica que habrá que pelearla, porque los apoyos a favor y en contra en el Senado están parejos, al igual que estuvieron en la Cámara de Diputados. Pese a que los presidentes de los bloque mayoritarios, tanto de Cambiemos (oficialismo) como del peronismo federal (primera oposición), afirman que sus senadores votarán a favor, nada está asegurado. Eso quedó claro especialmente cuando hablamos con los senadores personalmente durante las últimas reuniones que mantuvimos la semana pasada y este lunes. Los senadores de las provincias del norte en general vienen sufriendo presiones de sus gobernadores, y también de los obispos de cada provincia, para votar contra el proyecto. Además ya hay dos o tres senadores que quieren presentar proyectos alternativos que hacen más hincapié en la penalización y en las situaciones a contemplar para poder realizar el aborto. Y todo eso dilata las cosas en un momento histórico en que no debiera hacerlo. Por eso estamos tratando de hablar mucho con ellos para evitar que se pierda más tiempo.

—Durante el kirchnerismo, la ex presidenta Cristina Fernández se definió contra el aborto. ¿Ahora que es senadora qué hará?

—Es cierto, ella adujo motivos religiosos durante su presidencia y condenó el aborto. Pero ahora en diferentes medios aseguró haber revisado esos conceptos y ya anunció que votará a favor del proyecto de legalización. De todos modos estoy segura de que en pocos años quienes hayan votado en contra del proyecto, tanto diputados como senadores, van a pagar un costo altísimo, porque se trata de causas emblemáticas, como cuando se debatió el matrimonio igualitario en 2010 o el divorcio en los años ochenta.

—¿Se lo va a reclamar el movimiento feminista?

—La sociedad lo va a juzgar porque nadie puede obligar a una mujer a ser el envase de un embrión durante nueve meses si ella no está decidida a serlo o si no tiene la vocación de ser madre. Muchos diputados sostenían que el aborto no se condecía con sus convicciones religiosas o morales. Pero los legisladores no tienen que pensar que son el Estado como si fueran Luis XIV, el rey de Francia que dijo “l’État c’est moi”. Legislan para la sociedad y no para sí mismos. Tiene que quedar claro que esta lucha es por un derecho a conquistar.

—Si la ley se aprueba, ¿qué viene después, cómo sigue esta historia?

—Si se aprueba la ley esta historia recién empieza. Habrá que trabajar mucho para implementarla en todo el país. ¿Cómo se va a promulgar de parte del Poder Ejecutivo? ¿La vetará? Esa será una batalla cultural muy ardua, porque la presión social para llevarla adelante seguirá siendo fuerte. Ya hay quienes plantean que habrá muchas objeciones de conciencia de parte de los médicos en todo el país, y especialmente en los hospitales públicos. Algunos abogados que militaron contra la aprobación de la norma avisaron que iniciarán acciones de amparo judicial en su contra y pretenden que sea considerada una ley anticonstitucional. Es decir, vamos a enfrentarnos a una tarea gigantesca para que se cumpla con la ley. Será una batalla cultural muy fuerte.

—¿Cómo interpreta el movimiento de empoderamiento de la mujer, que tiene ejemplos en todo el mundo?

—Me parece que el mundo va hacia ese lugar de empoderar a la mujer porque así debe ser, pensando en el tiempo que mantuvimos el silencio. Empezaron a estallar diferentes voces en distintos ámbitos y por diferentes circunstancias. Y aquí estamos. El movimiento Me Too, en Estados Unidos (con mujeres de todos los ámbitos que divulgaron sus testimonios sobre las violaciones y acoso sexual que sufrieron y que sacudió a Hollywood), es un buen ejemplo, pero hay muchos otros. Las estudiantes liderando el reclamo por una educación pública y gratuita de calidad en Chile; las mujeres que protestan por la ola de crímenes en México es un reclamo al corazón del sistema y representa a los ciudadanos en general; la participación femenina en los acuerdos de paz en Colombia; en las protestas contra el gobierno de Daniel Ortega en Nicaragua. Son todos ejemplos de un empoderamiento de la mujer a través de un movimiento mundial que ya no tiene vuelta atrás.

—Usted participó en las jornadas de debate abierto entre diputados y la sociedad civil en la Cámara de Diputados en las que se analizó el proyecto de ley de aborto, pero también se sumó al reclamo de educación pública de calidad. ¿Se está recuperando el rol del intelectual crítico en la sociedad?

—Como escritora creo que tengo el deber de aportar al debate social de manera crítica. Ese espacio que los escritores habíamos ocupado hace unos años se perdió en la última década, quizá porque nosotros decidimos callarnos y otros lo llenaron. Ahora me parece saludable que volvamos a hacernos oír, quizá porque la sociedad quiere escucharnos.

—Me refería puntualmente al rol de los intelectuales de la posguerra, el período entre las décadas de 1950 y 1970, por ejemplo…

—Creo que se recupera ese rol pero ahora en términos transversales, con temas sociales que son reclamados en la calle, por la opinión pública. Se dejó atrás el partidismo más característico de otras décadas. Entonces salimos a la calle por el tema del aborto, por la educación pública, contra la salida en libertad de los militares condenados por delitos de lesa humanidad, como fue el repudio a la ley del “dos por uno” que intentó implementar la Corte Suprema el año pasado. Es otro el escenario para los escritores.

—Prefiere la palabra escritora a intelectual, pero el compromiso es el mismo ante la sociedad ¿o no?

—Es que los escritores intervenimos en el debate social porque aportamos una mirada crítica sobre el manejo que se hace de los discursos que bajan a la sociedad desde el poder, desde los medios. Tomamos la tarea de deconstruir ese lenguaje porque nos resulta familiar y natural el trabajo con la palabra, con los argumentos. Ahí me parece que debo estar.

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