Una derrota –entiéndase no lograr nada en concreto luego de este caos regional y mundial– puede significar un descalabro para una administración presidencial que basa toda su política internacional en la demostración de poder. Como señalara el cineasta Oliver Stone, «el mayor miedo de los Estados Unidos es el miedo a la debilidad». En la oficina oval, la sala de prensa, los pasillos y locales del personal auxiliar, y más allá del río Potomac, en los edificios del Pentágono y Langley, en las ventanas iluminadas toda la noche de las oficinas del Departamento de Guerra y de la CIA, se refleja el fantasma de una de las obsesiones estadounidenses más traumáticas y de más profunda huella psicológica en la memoria presidencial de demócratas y republicanos: Irán. No es casual que bajo el efecto de...
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