Perderse y encontrarse – Brecha digital
Estreno uruguayo reciente: Mirador

Perderse y encontrarse

DIFUSIÓN

Desde su mismo comienzo, esta película nos acerca a la cotidianeidad de Pablo, morador del balneario Bello Horizonte, y propone una manera sumamente particular de participar de su intimidad. En las primeras escenas notamos cómo palpa con las manos su entorno, las superficies de su ventana y de su persiana, las de su butaca de madera: comprendemos que, de la misma forma en que una persona vidente ojea a diario su propia casa, corroborando su orden y estabilidad, ubicándose a sí mismo en su lugar en el mundo, él utiliza sus manos para esa misma actividad. De inmediato, la cámara de Antón Terni se fija durante más de un minuto en un detalle poco significativo de una pared, de modo que el ambiente sonoro se vuelve protagonista fundamental. De esta manera, con una sutil propuesta, el director logra una particular vinculación del espectador con su personaje y propicia que participe de su juego: poniéndose en los pies de Pablo, la audiencia puede comenzar su aproximación a una vida diferente en lo sensorial, en un ejercicio de abstracción que trae consigo una peculiar travesía.

Al poco tiempo, Pablo comienza a interactuar con sus amigos Valeria y Óscar, también ciegos, y se da a conocer su vocación por la aventura. No han pasado 15 minutos y los tres se han embarcado en una jornada de senderismo y camping en medio de un bosque, lo cual supone para ellos una experiencia bastante diferente a las ordinarias. Ni que hablar de circunstancias «mínimas» que desde su perspectiva se convierten en auténticos acontecimientos: prácticas como jugar a las cartas, perderse buscando ramas, bañarse en la playa o hacer pogo en un concierto de rock cobran una significación mayúscula y, asimismo, verdaderamente sugerente sobre lo que es nuestra percepción del mundo o lo que valoramos y calificamos como bello, divertido, arriesgado o intenso.

«¿Qué significa estar perdido?, ¿cuál es el momento en que uno se da cuenta de que está perdido?», increpa Pablo, aportando una notable dimensión reflexiva y existencialista a este documental y llamando aún más a la identificación, al contraste, al reflejo entre nuestras formas de vida y las de estos personajes. El espíritu contemplativo de Terni armoniza con una parsimonia atenta, de escenas lentas pero cargadas, con personajes que hacen música, trabajan, ríen, sufren amarguras o descargan energía en instantes catárticos. En otras palabras, personajes que viven la vida.

Este es el segundo largometraje de Terni; el primero, Ánima (2021), fue realizado durante su estadía de nueve años en México. El rodaje de Mirador se hizo en un período de dos años y tuvo su estreno oficial en 2019 en IDFA, prestigioso festival de documentales de Holanda. Desde entonces ha hecho un cuantioso circuito de proyección en festivales del mundo, pero recién se estrenó en Uruguay en estos días, dilatada su exhibición por la pandemia. Es un documental difícilmente olvidable, que acerca y tiende puentes hacia individuos que normalmente son rotulados según su discapacidad, sin atenderse su singularidad y su forma única de sentir, pensar y respirar.

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