Industria uruguaya - Semanario Brecha
La creación de un instituto de investigación especializado en vacunas

Industria uruguaya

La comunidad científica y universitaria pasó a ser un pilar fundamental para sobrellevar la epidemia de covid-19 que ahora parece apaciguarse. Para seguir invirtiendo en ciencia, la Universidad de la República plantea crear un instituto de investigación en vacunas enfocado en la salud humana y animal.

Laboratorio del Institut Pasteur de Montevideo Héctor Piastri

En 2020, la Universidad de la República (Udelar) presentó su Plan Estratégico de Desarrollo para el quinquenio, pero los recursos necesarios para llevarlo a cabo no fueron contemplados en la ley presupuestal aprobada por el Parlamento.

El recorte sufrido representa una baja presupuestal de casi el 6 por ciento para el presente año, mientras que la población universitaria subió 12 por ciento en 2021. Esta ecuación solo significa una cosa: menos recursos para más estudiantes. (Véase «En busca de refuerzos», en la página 8 de esta edición.)

El rector de la Udelar, Rodrigo Arim, recordó a Brecha que lo sucedido «no fue el mensaje original» que había dado el Poder Ejecutivo y que, como consecuencia del recorte, las posibilidades de investigación en ciencia se vieron afectadas: la falta de recursos hace difícil que la Udelar cree nuevos cargos de docencia e investigación. «Es muy inquietante desde el punto de vista del desarrollo, del conocimiento y de la cultura general», expresó el rector, y reafirmó la necesidad de contar con estos medios para que científicos tanto uruguayos como extranjeros puedan profundizar sobre la materia en el país.

CON UN POCO DE AYUDA

En la rendición de cuentas 2020 y en la solicitud de refuerzo presupuestal para 2022 presentada por la Udelar el pasado 25 de junio, se propone la creación de un instituto de investigación en vacunas enfocado en la salud humana y animal, que sea «capaz de completar el recorrido desde la investigación hasta la producción a escala piloto, cumpliendo con las fases de investigación preclínica y clínica», según explica el documento. En la actualidad, Uruguay produce solamente vacunas de uso veterinario y la intención de las autoridades universitarias es que el país cuente con la infraestructura necesaria para producir vacunas humanas, algo que dejó de hacerse en la década del 80, cuando la última dictadura militar desmanteló por completo este tipo de prácticas.

Álvaro Mombrú, decano de la Facultad de Química, explicó a este semanario que la emergencia sanitaria despertó la necesidad de crear un instituto con las instalaciones adecuadas para trabajar en temas de salud pública: «Sabemos que para el momento actual de la pandemia estamos en tiempo juzgado, pero está claro que el país lo necesita», expresó el decano. La propuesta radica en potenciar la investigación con alto énfasis en el trabajo interdisciplinario, que involucra a inmunólogos, microbiólogos, biólogos básicos, investigadores en química médica, bioprocesos y bioinformática, entre otras especialidades. En cuanto al funcionamiento, se espera que las actividades sean apoyadas por la Universidad, aunque no en exclusividad, y se propone la creación de una junta directiva honoraria que agrupe a delegados del Poder Ejecutivo, la Udelar y otros institutos de investigación.

La planta estaría en funcionamiento en cuatro años. «Aunque para 2022 estamos pidiendo pocos recursos, anunciamos que para el futuro se requerirán inversiones adicionales que permitan, por un lado, la construcción de una infraestructura académica razonable y, por otro, asegurar una línea de financiamiento permanente que le dé continuidad en el tiempo», advirtió el rector. La cifra solicitada es de 635 millones de pesos (aproximadamente 15 millones de dólares) para ejecutar de manera escalonada: 5 millones de pesos en 2022, 90 millones en 2023, y en 2024 y 2025 se ejecutarían 270 millones cada año. Es «caro para la Universidad, pero no para el país», aseguró Arim.

Sobre la gestión, está previsto que esta planta sea de uso público-privado, lo que permitiría contar con producción a gran escala. De esa forma, explica el documento, el país quedaría en situación ideal para fabricar vacunas que se consideran de importancia y, además, podría apuntar a abastecer al mercado local y regional. También se abriría la posibilidad de asociarse con institutos similares tanto de la región como de fuera de ella.

Si se observa el plano internacional, los países vecinos cuentan con plantas de similares características: el Instituto Butantan, en Brasil, y el Instituto Nacional de Enfermedades Virales Humanas, en Argentina. Cuba tampoco se queda atrás con su Instituto Finlay de Vacunas, donde creó Soberana, la vacuna utilizada contra el SARS-CoV-2. Según Mombrú, Chile también se encuentra en conversaciones similares a las de Uruguay y «es inminente que todo el Cono Sur tenga institutos con capacidades similares».

En cuanto a las tecnologías que se prevé emplear, serían aquellas prometedoras que comenzaron a utilizarse recientemente, como las basadas en ARN mensajero o vectores virales. Ante la pregunta sobre dónde estaría instalada la planta, el rector de la Universidad declaró que eso se definiría en 2022.

Sobre cómo fabricar las vacunas y sus distintos perfiles, existe la opción de elaborar vacunas propias o replicar las que se crean en otros países. Mombrú explicó que para la institución uruguaya se proponen las dos vías: «Poder generar conocimiento propio y, en algún momento, producir vacunas con propiedad intelectual nacional o licenciar vacunas ya existentes y hacer la evaluación más adecuada a nivel nacional».

SÍ, SE PUEDE

Una de las patas fundamentales en esta lógica es el Instituto de Higiene. María Moreno, integrante del Departamento de Desarrollo Biotecnológico, explicó a Brecha que la propuesta uruguaya daría al país una autonomía que hoy no tiene, algo que quedó explícito a la hora de obtener vacunas contra el coronavirus. La instalación del instituto, dijo también Moreno, favorece la producción de vacunas según las necesidades específicas de la región, como, por ejemplo, contra la enfermedad de Chagas o el dengue. A su vez, ayudaría a mitigar el fenómeno llamado vacunas huérfanas, que son aquellas cuya producción no genera interés en la industria farmacéutica porque su comercialización no es tan rentable debido a que son específicas para una cierta región. Otra ventaja sería que se podrían producir en el ámbito local sueros biológicos que son utilizados en pacientes oncológicos, que actualmente son muy costosos de adquirir. En esta misma línea, Mombrú se refirió a la capacidad que este instituto daría al país para afrontar cuestiones sanitarias no solo humanas, sino también veterinarias, y la posibilidad de trabajar con biofármacos. «Si bien nuestro foco son las vacunas, un efecto colateral de altísimo valor e importancia sería poder trabajar en esa área que tiene tanto futuro», culminó el decano.

Moreno, por su parte, señaló que, por más que se cuenta con la capacidad científica para echar a andar esta planta, habría que pensar en la capacidad administrativa y analizar cómo hacer de este instituto uno redituable a nivel regional y de qué manera generar nuevos recursos humanos en el ámbito de la biotecnología para este tipo de producción. A su vez, explicó también, una cuestión importante a examinar será el registro internacional para obtener aprobaciones, así como también la liberación de las licencias.

Otras vacunas

Alejandro Chabalgoity, profesor titular del Departamento de Desarrollo Biotecnológico del Instituto de Higiene, explicó a este semanario que su equipo se encuentra trabajando en vacunas orales que podrían, eventualmente, cortar la transmisión del virus SARS-CoV-2. Estas vacunas, que actúan a nivel de la mucosa, generan un tipo de anticuerpo que podría bloquear la entrada del virus a las vías respiratorias y, así, evitar su propagación. Actualmente, están haciendo las gestiones para que este proyecto sea financiado por la Agencia Nacional de Investigación e Innovación, al tiempo que tienen un acuerdo con investigadores canadienses que cuentan con la capacidad de hacer ensayos de desafío humano para probar su efectividad. En caso de que estos ensayos arrojen resultados positivos, serían candidatos para avanzar con los estudios clínicos en el instituto que plantea la Universidad.

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