Israel recurre a viejos mitos sobre la Nakba para justificar la masacre en Gaza

Palestinos conmemoraron el aniversario de la Nakba.

El pasado lunes y martes los palestinos conmemoraron el aniversario de la Nakba, o catástrofe: su expulsión y desposeimiento ocurridos hace 70 años mientras el nuevo Estado de Israel era construido sobre las ruinas de su patria. En consecuencia, la mayoría de los palestinos se vieron transformados en refugiados, a los que Israel les negaba el derecho a retornar a sus hogares.

Decenas de miles de ellos salieron a las calles de los territorios ocupados el pasado lunes a protestar contra una negativa de Israel a hacer las paces y acabar con la opresión que ha durado siete décadas.

El traslado el lunes de la embajada estadounidense a Jerusalén, una ciudad bajo ocupación bélica, sólo exacerbó el sentimiento de injusticia entre los palestinos, insinuando que Occidente sigue conspirando para asegurar su desposeimiento.

Las protestas se han concentrado sobre todo en Gaza, donde palestinos desarmados han manifestado cada viernes desde fines de marzo frente al muro que encierra a 2 millones de sus habitantes. Sus protestas han sido respondidas con una lluvia de fuego real, balas de goma y nubes de gas lacrimógeno, lo que ha dejado un saldo de decenas de muertos y muchos cientos de heridos, incluyendo a niños.

Los informes que surgieron el lunes temprano indicaban que los manifestantes gazatíes fueron masacrados por las fuerzas armadas israelíes. Amnistía Internacional calificó los sucesos de “horrores”.

Pero durante más de un mes Israel se ha esforzado en influir sobre la percepción occidental de las protestas –y sus respuestas–, para así deslegitimar las expresiones de rabia de los palestinos. Israel describió a los manifestantes como una “amenaza a la seguridad”, una definición que desgraciadamente fue aceptada muy fácilmente por algunos sectores occidentales.

Funcionarios israelíes incluso argumentaron ante el supremo tribunal de ese país que los manifestantes carecen de derechos; que los francotiradores del Ejército tienen derecho a dispararles, incluso en el caso de que no estén expuestos a ningún peligro, porque, supuestamente, Israel se encuentra en un “estado de guerra” con Gaza y se está defendiendo.

En la noche del pasado domingo la Fuerza Aérea israelí arrojó panfletos a lo largo de la Franja de Gaza advirtiendo a los palestinos de que no se acercaran al muro. “Las fuerzas de defensa israelíes están determinadas a defender a los ciudadanos y la soberanía de Israel de los intentos de Hamas de ejercer terrorismo bajo el pretexto de disturbios violentos”, decían los panfletos. “No se acerque al muro y no participe del espectáculo de Hamas que le hace correr peligro.”

Preocupados por una llegada de “inmigrantes económicos”, muchos estadounidenses y europeos simpatizan fácilmente con las preocupaciones y acciones de Israel.

Hasta ahora la gran mayoría de los manifestantes en Gaza han actuado pacíficamente y no han hecho ningún intento de atravesar el muro. Pero Israel sostiene que Hamas ha explotado las manifestaciones de esta semana en Gaza para incitar a los palestinos a derribar el muro. Y usando este argumento declara que los manifestantes han intentado cruzar la “frontera” e ingresar ilegalmente a Israel.

Pero la realidad difiere bastante de esta suposición. No existe una frontera, porque no existe ningún Estado palestino. Eso lo ha asegurado Israel. Los palestinos viven bajo la ocupación israelí que controla cada aspecto de sus vidas. En Gaza, incluso el cielo y el mar están bajo control de Israel.

El derecho de los refugiados palestinos de retornar a sus tierras –que hoy se encuentran en Israel– ha sido reconocido en resoluciones de las Naciones Unidas. Sin embargo, desde la Nakba, Israel ha fabricado un contrarrelato, mitos que lentamente los historiadores que se han dedicado a revisar los archivos han logrado derribar.

Una de las afirmaciones –que los líderes árabes les dijeron a los 750 mil refugiados palestinos que huyeron en 1948– fue inventada por el prócer de Israel David ben Gurion. Él esperaba que eso desviara las presiones estadounidenses para que Israel cumpliera con su obligación de permitir el regreso de los refugiados.

Incluso en el caso de que los refugiados hubieran elegido huir durante aquellos enfrentamientos, en lugar de esperar a ser expulsados, no podría negárseles el derecho a retornar una vez que las violentas batallas terminaran. Fue esa denegación la que transformó la huida en una limpieza étnica.

Se dice que Ben Gurion les pidió a los refugiados que regresaran. Este es otro mito que no se sostiene, según los archivos. En verdad, Israel calificaba de infiltrados a los palestinos que buscaban retornar a sus tierras, lo cual daba vía libre a los oficiales de seguridad israelíes para dispararles apenas los vieran, algo que funcionó como una eficaz política de disuasión.

No hay mucho que haya cambiado en siete décadas. La mayoría de los actuales pobladores de Gaza son descendientes de refugiados que huyeron hacia el enclave en 1948. Desde entonces han estado cercados como ganado. Y esta es la razón por la que las protestas palestinas actuales se organizaron bajo el nombre de Marcha del Retorno.

Durante décadas Israel no sólo les negó a los palestinos la posibilidad de formar un Estado, sino que ha ido recortando los territorios palestinos al punto de transformarlos en una serie de guetos inconexos; y en el caso de Gaza, la bloqueó durante 12 años, asfixiándola al punto de generar una catástrofe humanitaria.

A pesar de esto, Israel quiere que el mundo vea a Gaza como un Estado palestino embrionario, supuestamente liberado de la ocupación en 2005, cuando retiró de allí a varios miles de colonos judíos.

Este relato también ha sido diseñado para engañar. A Hamas nunca se la ha dejado gobernar Gaza, del mismo modo que la Autoridad Palestina de Majmud Abbas no gobierna Cisjordania.

Ahora, igual que en la Nakba, Israel calificó a los manifestantes palestinos de “infiltrados”, construyendo nuevamente un relato con el que extrañamente ha conseguido la indiferencia de la mayoría de los observadores respecto de la suerte de la juventud palestina que reclama su libertad.

Las ejecuciones de las últimas semanas, supuestamente llevadas a cabo por el Ejército israelí como autodefensa, buscan disuadir a los palestinos de exigir sus derechos.

Israel no está defendiendo sus fronteras, sino las murallas de unas jaulas que construyó para asegurar que se prolongue el robo de tierra palestina y preservar el privilegio judío.

En Cisjordania esta cárcel se va contrayendo cada día más, mientras colonos judíos y el Ejército israelí roban más tierra. En el caso de Gaza, la prisión ya no puede achicarse más.

Durante muchos años, varios mandatarios del mundo le han reprochado a los palestinos el uso de la violencia, y han arremetido contra Hamas por disparar cohetes desde Gaza.

Pero ahora que los jóvenes palestinos deciden recurrir a la desobediencia civil, su sufrimiento apenas llama la atención, y menos aun recibe simpatía. Al contrario, son criticados por “violar la frontera” y amenazar la seguridad de Israel.

Parecería que la única lucha legítima para los palestinos es mantenerse callados, dejar que sean saqueadas sus tierras y que sus hijos mueran de hambre.

Los líderes y los pueblos de Occidente traicionaron a los palestinos en 1948. Setenta años más tarde, no hay ninguna señal de que esto esté por cambiar.

(Tomado del sitio counterpunch.org por convenio.)

 

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