El nuevo estilo de gobernar

La parábola del «malla oro» y las urgentes consideraciones

Tal como dicen que hacía Jesús con sus discípulos, a nuestro presidente, quizá fruto de su educación religiosa, le gusta explicarse mediante parábolas.1 No simples metáforas, sino parábolas, o sea, según la Real Academia, una «narración de un suceso fingido [o no] de que se deduce, por comparación o semejanza, una verdad importante o una enseñanza moral».2

Hace ya algún tiempo, en una de esas conferencias de prensa que nos regalaba la televisión cada noche (hoy por suerte más espaciadas), la periodista de Brecha Sofía Kortysz, quizá recordando lo que sostiene el programa de gobierno del Partido Nacional desde 1990, formuló una pregunta que parecía inusitada en ese contexto: si el gobierno de la coalición que encabeza ese partido tenía pensado, para financiar las medidas para el control de la pandemia, hacer del impuesto al patrimonio «un impuesto progresivo, quitar algunas exoneraciones a ese tributo o quitar exoneraciones a las grandes empresas».

La respuesta del presidente fue que «hoy gravar al capital […] es amputar la posibilidad de los que le van a hacer fuerza en la salida de la crisis. Por eso no lo vamos a hacer». Y por si no estuviera suficientemente claro, o quizá porque lo estaba y había que complicarlo un poquito, más adelante ilustró su opinión con una parábola, en este caso deportiva: «Si esto fuera una competencia de ciclismo, al malla oro, al que va en la punta, a ese lo tenemos que estimular para que pedalee más rápido. Ese es el que va a hacer la inversión, el que va a dar trabajo y ocuparse de los rezagados. […] [Hay que] sacarle lastre al que va a pedalear, al que va a traccionar en la economía: esa es la visión que uno tiene desde el gobierno, siempre, y que se profundiza en este momento de epidemia».

Sólo que, como bien advirtieron rápidamente algunos observadores,3 o el presidente sabe poco de ciclismo o la enseñanza moral de esta parábola es bien otra de la que parece inicialmente. Porque el malla oro (quien lidera una competencia en etapas, como nuestra Vuelta Ciclista), lejos de ser un denodado titán que lleva a la rastra a sus compañeros (y aun adversarios) con menos fuerzas, es un advenedizo que hace trabajar a todo el mundo (los de su equipo, e incluso algunos mercenarios y otros que se les unen por pleitesía) para evitar que sus verdaderos adversarios puedan dejarlo por el camino. O sea que no se trata de uno para todos, sino de todos para uno.

Entonces, si el malla oro es el capital, lo que enseñaría la parábola no es que hay que estimular que el fuerte lo siga siendo para que pueda apoyar a los débiles, sino que todos, por poco que podamos (alguna pedaleada moribunda, antes de que nos levante el camión de los rezagados), debemos trabajar para que los privilegiados mantengan sus privilegios. Eso es lo que han hecho, aun en medio de la pandemia, los gobiernos conservadores de América Latina y el resultado, según un estudio de Oxfam, organización civil internacional con sede en Reino Unido, es que las personas de la región que poseen más de 1.000 millones de dólares, sólo entre el 18 de marzo y el 12 de julio, incrementaron su fortuna total en casi 50.000 millones de dólares.4

El episodio de la parábola, bastante comentado en su momento y del que han pasado ya nueve meses, viene nuevamente a cuento por lo que se va conociendo de las ideas que está manejando la comisión «de expertos» que elabora una propuesta de reforma del sistema de seguridad social. En efecto, de las dos lecturas de la parábola, otra vez parece que el papel de malla oro sigue correspondiendo al capital, y el de los peones que pedalean para que él acumule, a la población trabajadora.

UN NUEVO ESTILO DE GOBERNAR

En julio se aprobó, 14 días antes del plazo máximo establecido por la Constitución, la ley 19.889, enviada al Parlamento para su urgente consideración, y que por ello es conocida como Ley de Urgente Consideración (LUC). Como la LUC contenía, en sus finalmente 501 artículos, ocho secciones y 54 capítulos con casi todo el plan de gobierno de la coalición multicolor que ganó en la segunda vuelta de noviembre, se podía esperar que de ahí en más el frenesí del Ejecutivo se calmara y el Legislativo comenzara a discutir los temas en los tiempos, las formas y con las consultas ciudadanas que las leyes que han de perdurar requieren, porque no hay democracia sin participación.

Pero no fue así y ya la propia LUC creó una comisión de integración amplia que en 90 días (a punto de cumplirse) debe hacer un diagnóstico del sistema previsional y en otros 90 deberá proponer una terapéutica adecuada para la sanación. A esta altura es difícil no pensar que lo que la comisión proponga, unánimemente o, con mayor probabilidad, con abismales discrepancias internas, se aprobará en pocos días más en el Parlamento por la fuerza de la mayoría de que goza la coalición gobernante, suponiendo que ella todavía exista para entonces (la coalición, y su mayoría).

Por otra parte, hace pocos días, necesitado de herramientas para combatir las aglomeraciones (las «malditas» aglomeraciones, como diría al secretario de Presidencia), el Parlamento aprobó, azuzado por el Ejecutivo, nada menos que la reglamentación del derecho de reunión consagrado por la Constitución de la República, en un tránsito por ambas cámaras que insumió un solo día.

Se va delineando, entonces, un nuevo estilo de gobernar que, apoyado en la real o supuesta urgencia de los temas tratados, consiste en dar mínimos espacios para que la sociedad y quienes piensan distinto se expresen, y así parezca que hay participación popular, y luego funcione el 18 en 31 y el 56 (o 57) en 99.

Los resultados de esta forma de gobernar son: la LUC, una norma antidemocrática por la forma en que se llevó adelante y con múltiples artículos injustos e impopulares, buena parte de la cual esperamos que sea sometida a referendo para su derogación; una reglamentación difusa del derecho constitucional de reunión, cuyos verdaderos alcances sólo podrán conocerse a partir de su reglamentación por el Poder Ejecutivo, y, próximamente, una reforma de la seguridad social que parece apuntar a que los propios pasivos sean quienes paguen el pato de la boda.

En efecto, ideas como aumentar la edad de retiro, incrementar los aportes de los trabajadores y disminuir los de los empresarios o pensar la cuestión en términos de si el jubilado recibe más o menos de lo que aportó van en la línea de diseñar el sistema previsional como un negocio que debe, al menos, no dar pérdidas, sobre todo si en vez de ser universal, sigue compartimentado, dejando aparte los regímenes de privilegio como el de las cajas militar, notarial o profesional. Pero hay otra manera de pensarlo, que muchos compartimos, que es que el sistema debe ser una herramienta más de redistribución de la riqueza y que, por lo tanto, no es anómalo ni negativo que se lo equilibre con recursos provenientes de tributos a la riqueza y las ganancias.

Creo que es legítimo pensar que si las ideas que mencionamos prosperan (y ello es más probable si la discusión y la resolución se hacen en términos de velocidades supersónicas, si también este tratamiento es exprés), dentro de un año estemos otra vez juntando firmas para que la ciudadanía derogue lo hecho. Por eso sería una gran idea que la soberanía se le devuelva al pueblo (del cual emana, según nos enseñó Artigas) y se le permita decidir en plebiscito entre dos reformas de la seguridad social: una para seguir protegiendo al malla oro y otra para defender, por una vez, a los integrantes del pelotón de retaguardia.

1.  Según Mateo (13:11-13), cuando sus discípulos le preguntaron a Jesús por qué hablaba en parábolas, él les contestó: «A ustedes se les ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos, pero a ellos [los que no eran sus discípulos] no […]. Por eso les hablo a ellos en parábolas. Aunque miran, no ven; aunque oyen, no escuchan ni entienden».

2. Una metáfora, en cambio, según la misma fuente, es la «traslación del sentido recto de una voz a otro figurado, en virtud de una comparación tácita».

3. Al respecto hay un preciso análisis del periodista Felipe Fernández disponible en: www.pordeciralgo.com.uy/blog/2020/04/los-lideres-no-tiran; recomiendo esta lectura al señor presidente.

4.  Por lo cual Oxfam, lejos de recomendar seguir pasándoles la mano a los «malla oro», aconseja aplicar impuestos progresivos al patrimonio neto para invertir en salud pública y protección social.

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