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La piba del foso

Dos funciones en el Solís: “La suerte de la fea”

La suerte de la fea.

Esta obra, que consiste en un texto del argentino Mauricio Kartun dirigido por Paula Ransenberg, se presentará la semana próxima en el teatro Solís. Kartun empezó sus estudios de dramaturgia y dirección en los años sesenta y tuvo un pasaje por la actuación con Augusto Boal. Tiene una vastísima carrera de dramaturgo, que acompaña como docente en la misma área. Generaciones de escritores fueron (y siguen siendo) formados por él. En 1992 creó con Roberto Perinelli la carrera de Dramaturgia en la Escuela Municipal de Arte Dramático argentina.

La Madonnita (2003) fue el primero de sus textos que dirigió. Vinieron después El niño argentino (2006), Ala de criados (2009), Salomé de chacra (2011) y Terrenal (2014). Para felicidad de artistas y espectadores uruguayos, estas obras cruzaron el río hasta el Solís y, en varias ocasiones, fueron acompañadas por charlas/desmontajes del autor y director.

En las obras de Kartun puede verse una revisión del pasado argentino, que expone alguna zona –o varias, o todas– de dominación y resistencia. Una y otra vez aparece la oligarquía vecina –en la que resulta imposible no identificar semejanzas con la nuestra– enfrentando/deglutiendo individuos y sistemas sociales que la ponen en jaque. En Terrenal, la última obra que escribió, que vino a Montevideo en 2016, el autor tomaba la historia de Caín y Abel para desarrollar conflictos sobre la posesión de tierras y cuestionar la idea de propiedad privada.

Ahora podremos disfrutar de La suerte de la fea. Esta vez, la dirección no es de Kartun, sino de Ransenberg, con la actuación de Luciana Dulitzky. El dúo había estrenado antes otro unipersonal, Sólo lo frágil, que escribieron juntas y estrenaron con los roles inversos (Ransenberg como actriz y Dulitzky como directora). En una entrevista con Página 12 (agosto de 2016), la directora comenta que una de las razones por las que eligieron el texto fue que ella y Dulitzky tienen una “atracción por los personajes monstruosos, que pasan por circunstancias terribles”. Habían trabajado esta misma idea para crear su primer unipersonal. El texto de Kartun les permite revisitar el concepto y seguir explorándolo.

La suerte de la fea se ubica en los años veinte, cuando las orquestas de señoritas hacían sus espectáculos en los bares porteños. El público, principalmente masculino, disfrutaba de las figurantas –jóvenes atractivas que simulaban tocar el instrumento– mientras que, escondidas en el foso, estaban las mujeres que realmente interpretaban la música, las feas. Dulitzky encarna a una de estas feas, acompañada en escena por el violinista Fede Berthet. La pieza fue escrita poco después de La Madonnita e inspirada por el mismo ambiente de bares y hombres solos. Kartun señala que La suerte de la fea trabaja sobre la belleza del artista: “Hay algo arriba del escenario, cuando un cuerpo está en estado creativo, que genera un parámetro propio de belleza de una extraordinaria atracción. Y esto no tiene que ver con ciertas condiciones convencionales de lo que uno llamaría la belleza, sino que es la belleza del cuerpo creando” (Página 12). Sobre esto, Dulitzky agrega que la obra es de un gran erotismo, porque la violinista sabe que es su interpretación la que genera el placer: “En definitiva, es ella la que hace acabar a los tipos con su música”.

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