La subversión de la belleza – Brecha digital
Teatro En Sala Verdi: El cuerpo más bonito que se habrá encontrado nunca en este lugar

La subversión de la belleza

DIFUSIÓN, BRUNO NOGUEIRA

Con este monólogo del dramaturgo catalán Josep María Miró (Nerium Park, El principio de Arquímedes) el actor Alfonso Tort vuelve al teatro para interpretar por primera vez un unipersonal. Su figura está popularmente más asociada a sus personajes en el cine, ya que ha participado en filmes como 25 watts o La noche de doce años. Convocado por el director Fernando Parodi, quien ya había dirigido un texto de Miró llamado Umbrío, en 2017, Tort aceptó el desafío de encarnar este monólogo de casi dos horas en el que se desdobla en siete voces que narran aspectos del asesinato de un adolescente de 17 años en la zona rural de un pueblo español.

Un gran crucifijo blanco se transforma en una pasarela iluminada. Allí se presenta el actor, y su cuerpo se va transformando cada vez que asume la voz de un personaje nuevo. Tort ha expresado que se siente como un médium al dar cuerpo a cada una de estas siete voces; la importancia de lo corporal se anuncia desde las acotaciones de un texto que sugiere que el texto puede ser interpretado por cualquier actor,  sin importar su género o edad. En el programa de mano hay una referencia bíblica que recuerda la aparición de Jesús ante María Magdalena, en un nexo claro con la idea de la transfiguración y el sacrificio.

El primer personaje, el chico que es desmembrado y hallado muerto en el forraje, cuenta parte de su historia con recuerdos familiares. El relato avanza en un devenir lento, pausado, en fragmentos que resultan hipnóticos por la forma en que Tort maneja la cadencia y la musicalidad de las palabras. La belleza está en el centro de lo que se cuestiona; el cuerpo, herramienta de seducción, ocupa el centro de la pasarela y es un marco perfecto para toda la acción. Tort se desdobla en la madre de la víctima, en una profesora del colegio, en un amigo travesti, en un trabajador de aserradero y en otros personajes pueblerinos. Todos hablan sobre la pérdida y evidencian las consecuencias que la tragedia tendrá en sus vidas y en la cotidianidad del pueblo.

El director trabaja sobre los diferentes puntos de vista, acompañando al actor en sus desplazamientos sobre la escena. Es una verdadera exigencia para el actor entrar y salir de los diferentes roles sin abandonar el escenario. Para lograr una ambientación acorde, el director convocó al músico Luciano Supervielle, quien compuso la música original de la pieza en una de sus primeras y firmes incursiones en el teatro. Tort mantiene el hilo de la narración mientras convive con estas intervenciones sonoras que sostienen y enfatizan sus estados, construyendo, hacia el final, un cuadro musical que pone en primer plano un cuerpo cuestionado por la comunidad en la que vive.

El monólogo indaga sobre los estados de los personajes sin buscar culpables, pero revela una comunidad cerrada, a la que le cuesta la integración y la aceptación del otro. La brutalidad es casi inexplicable y es interpretada con una sensibilidad actoral tan magnética que logra involucrar al espectador. La libertad sexual es signo de peligro. La sociedad es mirada externa, doble moral, silencios a voces. La potencia de la transfiguración de un cuerpo queda demostrada en el marco del teatro: lenguaje del presente, belleza subversiva.

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