La Universidad de la República, otra vez en la encrucijada

En 1998 se publicaba el libro de Alfredo Errandonea La Universidad en la encrucijada.1 Este desarrolla un extenso diagnóstico sobre el período finisecular de la Universidad de la República. En particular, critica el modelo profesionalista, dedicado a formar personas únicamente para el mercado laboral. Por el contrario, plantea una concepción de universidad abierta, que estimule el pensamiento crítico y ensanche las fronteras del conocimiento. Pasados más de 20 años de ese texto y de múltiples acontecimientos en el país, la Universidad se encuentra nuevamente en la encrucijada.

ELEMENTOS PARA UN DIAGNÓSTICO

En el texto mencionado Errandonea ubica una serie de elementos contextuales que condicionan su reflexión, algunos de los cuales se expresan de un modo especial en la actualidad. El primero es el momento político y económico en el que desarrolla su análisis: el Uruguay neoliberal de los años noventa. Daniel Olesker definió este período como liberal, aperturista, concentrador y excluyente.2 En el campo de la educación superior este período significó la limitación presupuestal –general para toda la educación pública– y la ampliación y consolidación de la oferta privada de grado y posgrado. Todavía no se conocen los lineamientos presupuestales para el quinquenio, pero lo planteado en la Ley de Urgente Consideración evidencia el perfil privatizador del gobierno actual. También el decreto 90/2020 y los recortes presupuestales previstos en toda la administración central dan cuenta de la perspectiva liberal en torno al Estado y su rol en la sociedad.

El segundo elemento señalado por Errandonea, que se expresa particularmente en el momento actual, es la cantidad y la extracción social del estudiantado universitario. En el período que analiza, de 1960 a 1988, la matrícula pasó de 15.320 estudiantes a 61.428. En 2018 ese número ascendió a 130.690.3 También se amplió lo observado por Errandonea en relación con la extracción social del estudiantado. En 1960 el 11 por ciento de los ingresos de la Udelar provenían de las clases bajas, mientras que en 1988 era el 16 por ciento del total. En la actualidad no se cuenta con indicadores socioeconómicos; el más próximo es el definido como clima educativo. Los últimos datos señalan que el 32,6 por ciento del estudiantado proviene de un clima educativo bajo.4 Este crecimiento de la cantidad y la composición de la matrícula estudiantil es parte de un proceso democratizador de la educación superior. El problema identificado por Errandonea, que sigue vigente en la actualidad, es que si dicho crecimiento no se acompaña de la ampliación de infraestructura y del número y dedicación docente, nos enfrentamos a verdaderos escenarios de masividad, contraproducentes para una formación crítica y de calidad.

El tercer elemento de diagnóstico, quizás el más central de su trabajo, es el análisis del modelo profesionalista de universidad: elitista, orientado a las profesiones liberales y funcional al sistema de estratificación social. Desde la perspectiva profesionalista, el acceso a la educación superior es una vía de ascenso social y la formación universitaria debe estar dirigida, únicamente, a las necesidades del mercado. En los últimos 20 años este modelo ha perdido terreno a partir de la instrumentación de una serie de propuestas, que Errandonea integra en su planteo de universidad abierta. Sin embargo, sus consideraciones sobre la esencialidad crítica de la institución, la universalidad del conocimiento y el diálogo estrecho y bidireccional con la sociedad se han visto limitadas o, al menos, cuestionadas. La estrechez de miradas sobre la ciencia y la cultura por parte del demos universitario ha oficiado de obstáculo para el desarrollo académico integral de un conjunto de disciplinas y saberes.

UNIVERSIDAD ABIERTA Y CREATIVA

Errandonea sostiene que la crisis de la Universidad de su época recae en la disfuncionalidad del relacionamiento de la institución con sus determinantes estructurales: «Es la demanda de los sectores sociales la que reclama su apertura; son las condiciones del mercado profesional las que ponen los límites al cumplimiento de su función profesionalista y las que le requieren eficacia en su satisfacción; son los requerimientos del aparato productivo social, del sistema cultural de la sociedad, del entorno social en general los que necesitan de la asunción de su nuevo papel» (pág. 78). Por lo antedicho, es posible plantear que parte de esa crisis y sus desafíos sigue vigente. Sin embargo, la actual coyuntura universitaria, signada nuevamente por restricciones presupuestales,5 exige prestar particular atención a un elemento que es tratado tangencialmente por Errandonea: la dimensión imaginaria de la institución.

Lo imaginario tiene que ver con la capacidad de la sociedad para crear nuevas figuras, formas e imágenes. No es lo que las personas piensan, sino lo que hace que piensen de determinada manera y no de otra.6 Por ejemplo, el reformismo universitario latinoamericano fue obra del imaginario social instituyente; se contrapuso al modelo napoleónico de universidad e instituyó un universo de nuevas significaciones en torno a la educación superior. El imaginario se expresa en un conjunto de símbolos y busca cumplir una función social específica, pero no se agota en estos aspectos: es creación histórica, incesante e indeterminada, que aglutina socialmente. El diagnóstico de partida y los elementos críticos que atraviesan la institución llevan a plantear que la Udelar, además de ser abierta, debe recuperar su capacidad de movimiento y creación instituyente.

En este sentido, como colectivo amplio y diverso, es necesario que se interrogue en cuanto a qué presupuesto, para qué Universidad y para qué país. Una discusión profunda en torno a estos temas puede posibilitar recuperar la capacidad de movilización institucional y acordar una serie de aspectos que permitan una convergencia de las múltiples miradas e intereses que conviven en su interior. Resaltar un aspecto sobre otro puede debilitar la capacidad imaginaria e instituyente del colectivo universitario, mermando así sus posibilidades de diálogo con la sociedad, la preservación de lo acumulado hasta ahora y la necesidad de revisar ciertos procesos. Desde hace seis años a esta parte, este tipo de discusiones han perdido protagonismo en la institución. Esto implicó disminuir su capacidad instituyente para continuar renovando la enseñanza, para ampliar y consolidar su regionalización en todo el país, para diversificar y multiplicar la investigación científica y la creación cultural, y para fomentar una extensión dialógica que atienda los grandes problemas de su tiempo. Resituar estos debates y propuestas parece clave en un momento en que nos disponemos a una defensa de la enseñanza superior pública, autónoma y cogobernada.

EL REFORMISMO, OTRA VEZ

Los efectos socioeconómicos del covid-19 y las restricciones en la inversión del nuevo gobierno, la atención de la masividad estudiantil y la preservación de la calidad de la enseñanza, y la democratización del saber superior en cuanto a su producción, transmisión y diálogo social, son parte de las encrucijadas en las que hoy se encuentra la Udelar. Su abordaje requiere un certero diagnóstico y una serie de lineamientos sobre los cuales trabajar. También necesita forjar lo que Errandonea definió como un «gran movimiento reformista», que recupere la utopía y la creación como faro imaginario. Para esto será preciso revitalizar el trabajo de los órdenes universitarios, interrogar sobre la función social de la institución, definir las estructuras necesarias para llevar esas funciones adelante y potenciar el intercambio fecundo con la sociedad, que en definitiva será quien defienda su presupuesto y razón de ser en el Uruguay actual.

1.  Montevideo, Nordan Comunidad.

2. Véase «El modelo privatizador y concentrador en la LUC», Brecha, 7-II-20.

3. Udelar (2018). Síntesis estadística de la Universidad de la República, Montevideo, DGPlan.


4. Udelar (2020). Perfil de los estudiantes de grado, Montevideo, DGPlan.

5. Véase «La sutil apuesta al país del conocimiento», Brecha, 17-VII-20.

6. Castoriadis, C. (2010). La institución imaginaria de la sociedad, Buenos Aires, Tusquets.

* Integrante de la Asociación de Docentes de la Universidad de la República.

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