Las mismas fotos - Semanario Brecha
Crónica desde Líbano en guerra

Las mismas fotos

Después de tres semanas de alto el fuego en Líbano, continúan los ataques cruzados entre Hezbolá y el ejército de Israel, aunque ahora la intensidad es menor. Los muertos por los ataques israelíes superan los 2.600.

Un retrato de Hasán Nasralá, exlíder de Hezbolá, dentro de un piso dañado tras un ataque aéreo en Nabatieh. Alfons Cabrera.

El pasado 2 de marzo, dos días después de los primeros bombardeos de Estados Unidos e Israel en Irán, Hezbolá atacaba el norte de Israel, este respondía con bombardeos por todo Líbano e iniciaba una ofensiva terrestre: se abría así otro frente en la guerra regional. De momento, más de 2.600 libaneses y unos 20 israelíes han muerto en esta guerra.

A las 14 horas del 8 de abril, los aviones de combate israelíes rugieron en el cielo y enseguida tres explosiones sacudían Nabatieh. En la base de los equipos de rescate, los voluntarios se cubrían tras los muros; medio minuto después, otra vez el rugido de los cazas y luego las explosiones. Mientras esperaban las llamadas a emergencias de los heridos o de sus vecinos, los rescatistas observaban las columnas de humo que se alzaban sobre la ciudad, una de ellas, a menos de cien metros de la base. Fue el día más sangriento de la guerra: en apenas diez minutos, más de 100 ataques israelíes dejaban 361 muertos en todo el país, según datos de las autoridades libanesas.

Los equipos de rescate asisten a un hombre herido evacuado de una casa adyacente al lugar de un ataque aéreo en Nabatieh. Alfons Cabrera.

Minutos después, las ambulancias de los equipos de rescate salían en todas las direcciones. Tres de ellas iban hacia el sur: Nabatieh estaba desierta, había algún edificio en ruinas, y muchas calles estaban adornadas con banderas de Hezbolá y con retratos de Hasán Nasralá, exsecretario general de Hezbolá asesinado por Israel en un bombardeo en 2024, y de otros mártires. Ya en el lugar de uno de los impactos de los ataques aéreos, los voluntarios buscaban heridos y cadáveres entre los restos de un edificio reducido a escombros. No encontraron a nadie. Luego continuaron la búsqueda en una casa contigua, sacudida por la onda expansiva y la metralla pero en pie. En el patio, había un gato muerto y un charco con la sangre que le había salido por la boca. Por un balcón, inmovilizado en una camilla, sacaban al primero de los tres heridos. Estaba consciente y balbuceaba algunas palabras.

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Nabatieh es una ciudad de unos 100 mil habitantes en el sur de Líbano, dentro de la franja que Israel ordenó evacuar. A principios de abril, apenas quedaban 800 personas. Los equipos de rescate que operan en la zona tienen su base aquí, junto al hospital Al-Najda Al-Shaabiya. La mañana del 8 de abril era tranquila, ni siquiera se escuchaban explosiones a lo lejos. El alto el fuego en Irán había comenzado aquella madrugada y, aunque no concernía a Líbano, algunos pensaban que esta calma podría ser presagio de un enfriamiento no declarado.

Los cocineros de la Defensa Civil preparaban comidas para repartir entre aquellos que no habían huido de la ciudad, y el resto de los voluntarios descansaba en la parte de arriba. En la cocina, tenían un mural con una fotografía de Joud Suleiman y Ali Jaber, dos voluntarios que iban en moto por Nabatieh cuando fueron alcanzados por un dron israelí el 24 de marzo. En las carreteras es cuando uno está más expuesto. «Vivo a dos quilómetros de aquí y hace días que no paso por casa, me quedo a dormir en el hospital», explicaba el doctor Fouani. Alchafie Fouani es el director médico del Hospital Al-Najda Al-Shaabiya: «Es todo igual que en 2024: los días son iguales, las heridas son las mismas, las mismas cirugías. También los mismos artículos en la prensa, las mismas fotos».

Miembros de los equipos de rescate buscan víctimas entre los escombros tras un ataque aéreo en Nabatieh. Alfons Cabrera.

La mañana del 8, en el aparcamiento del hospital, un niño en pijama (con un estampado de plátanos) jugaba con un gato callejero. El padre decía que estaban viviendo temporalmente en el edificio de enfrente, en casa de un familiar, porque junto al hospital se sentían más seguros. Sin embargo, según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), desde el 2 de marzo ha habido en Líbano 149 ataques israelíes contra centros médicos y equipos de rescate. «Cada vez que salimos, sabemos que estamos arriesgando la vida», dice Hossein Fakih, director de la Defensa Civil Libanesa en el distrito de Nabatieh, «a veces, 10 o 15 minutos después del primer bombardeo, atacan de nuevo. Siempre vamos con esta amenaza constante durante las misiones». La táctica de golpear de nuevo en el mismo objetivo se conoce como double tap, e Israel ya la ha aplicado a menudo en Gaza. Se espera a que acudan los servicios de emergencia para maximizar el número de víctimas. Durante esta guerra, se han documentado también casos de triple tap y quadruple tap.

Continúa Fakih: «Solo en el distrito de Nabatieh, han asesinado a 16 miembros de la Defensa Civil, 29 en todo Líbano». Estos eran datos de su organización al 8 de abril. Al día de hoy, y entre todas las organizaciones (además de la Defensa Civil, también efectúan rescates la Cruz Roja, el Comité Sanitario Islámico y Esaaf), son 103 los trabajadores humanitarios muertos en ataques israelíes, según datos de la OMS. Y añade Fakih: «Muchos de nosotros recibimos amenazas de Israel por teléfono, por SMS. Nos acusan de ser terroristas, nos dicen que nos rindamos».

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Después de los rescates del 8 de abril, los voluntarios descansaban en la base: en el patio, en la cocina y en el salón que es también el dormitorio. Echado en uno de los colchones está Mohamed Suleiman, jefe de los paramédicos de Nabatieh y padre de Joud Suleiman, el voluntario que fue asesinado junto con Ali Jaber cuando iban en moto. Al otro lado del salón, sobre la cama donde dormía Ali, hay enmarcada la misma foto del mural de la cocina, su uniforme de la Defensa Civil, y algunas flores. También hay unos auriculares, pero no está claro si es parte del altar o si alguien se los ha olvidado allí.

Columnas de humo sobre Nabatieh, tras los ataques aéreos del 8 de abril. Alfons Cabrera.

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